viernes, 11 de agosto de 2017

IR DE VACACIONES

“¿Y eso qué es?”, me preguntó un día alguien que no lo sabía… “Mira, le dije, como preguntes a la gente, te darán mil respuestas…” Ir de vacaciones es una cosa. Descansar es otra. Contemplar y cuidar la naturaleza es otra. Y estar con las personas y comunicarse bien es otra. Animo a que, en vacaciones, nos demos cuenta de que se necesitan pocas cosas para vivir ya que, sin enterarnos mucho, quien más quien menos, hemos entrado en la vorágine de las compras y de los gastos, siguiendo la rueda de la sociedad de consumo, criticada y practicada al mismo tiempo.
Ya sería bueno no sólo saber esto, que todo el mundo dice que lo sabe, sino ir tomando conciencia de lo dicho y empezar por apostar por otro estilo de vida en el que cuenten más las personas que las cosas. Un nuevo estilo de estar en el mundo que respete la vida, que desarrolle la capacidad de salir hacia el otro, que lo respete aunque piense distinto, que no renuncie a los valores del espíritu que dan sentido a lo demás, que cuide en serio la naturaleza y piense que no es suya sino que es de todos y para todos. Si uno no vuelve mejorado en lo que debe ser lo mejor de uno mismo después de ir de vacaciones, no sé si le dará para aprobar el examen de humanidad. ¿Ya sabemos cada uno qué es lo mejor de nosotros mismos? 
¿Pensar en vacaciones? Ofrezco un tema. Se puede pensar en la crisis cultural y ecológica que padecemos. Y, descansando, pensar en un sistema educativo nuevo, que seguramente ha de empezar en las familias, que cree nuevas ideas y nuevos comportamientos, empezando por el esfuerzo y la constancia a la hora de hacer la cosas, hasta llegar a la caridad con los demás y al encuentro con lo espiritual porque, si no hay ni caridad ni espiritualidad, la tierra del alma se seca y a ver qué produce un terreno seco además de espinas y abrojos. 
Texto: J. Ferrer 
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

No hay comentarios:

Publicar un comentario