jueves, 10 de agosto de 2017

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Por diversas circunstancias no publicamos el domingo pasado el siguiente documento.

¿Han oído hablar de la lectio divina, así, en latín, que es como mejor se entiende? Es muy sencillo. Es una lectura divina, una manera de orar con la Biblia o con el evangelio. Por ejemplo, ahora acabamos de escuchar unas lecturas. La lectio vuelve a leer el texto para ver qué dice: quién habla, de qué tratan, qué hacen... Después me pregunto: En esto que he leído, qué me dice a mí el Espíritu Santo. Finalmente qué respondo yo a la invitación del Espíritu ahora y aquí. Y procuro llevar a la vida lo que he aprendido.
2. En medio de este agosto abrasador, Jesús nos invita a subir con él al Tabor a leer a la luz de la Palabra de Dios el momento que vive con los apóstoles. Un rato de lectio divina. Lo necesita. 
3. Pedro es el pescador de Galilea convertido en discípulo de Jesús. Con sus ojos de hombre de pueblo ha intuido y proclamado que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios vivo. Muy bien, Pedro, le dice Jesús. Dios te ha inspirado. Pedro se frota las manos pensando en un Mesías tal como lo esperaba la gente: un superhombre, un extraterrestre, un galáctico, por encima del bien y del mal y con todos los atajos a su alcance para llegar donde quiera. Es el Hijo de hombre de quien habla Daniel: recibe de Dios la soberanía, la gloria y la realeza. Todos los pueblos le rendirán homenaje. Junto a este Mesías tiene el escaño y la vida asegurados.
4. Pero Jesús le despierta de su sueño. Sí que es el mesías, sí que es el Hijo de Dios pero no como la gente imagina. Es un hombre de medida humana. Y como todo hombre si quiere subir al Tabor en pleno agosto tendrá que sudar la gota gorda y resoplar, como nosotros. Mira con sus ojos, piensa con su cabeza, ama con su corazón. 
5. En el siglo XIX un célebre rector de una universidad dijo al rey: Lejos de nosotros la funesta manía de pensar. Y he aquí que Jesús contrajo y practicó esta funesta manía. Y así entra en el juego y el choque normal de las libertades. Y en este juego unos días le aplaudirán y otros lo silbarán. En el choque finalmente le tocará la suerte de los profetas que lo han precedido. No se guía por encuestas sobre qué quiere el pueblo o lo que le gusta. Sino lo que le conviene. 
No halagará a la gente: no les dirá lo que quieren oír sino lo que les conviene. Ni halagará a los poderes civiles, militares, religiosos o económicos. Y se enfrenará con todos.
6. En el Tabor Jesús examina su situación conversando con Moisés y Elías. Y querría que Pedro, Santiago y Juan aprendieran a mirar la realidad con ojos nuevos, con lentes más precisas.
7. ¿Saben de qué hablaban? Hablaban del éxodo, el largo camino de Moisés conduciendo al pueblo de la esclavitud a la libertad. Del camino que recorrió Elías hasta descubrir que Dios no es partidario de la violencia del huracán y del terremoto sino de la suavidad persuasiva de la brisa. Dios es compasivo y benigno. 
8. Moisés y Elías se afanaron para que el pueblo cumpliera este éxodo, el paso hacia la libertad. De Egipto hacia la tierra prometida. De un concepto poco apropiado de Dios a una concepción nueva de Dios. No tuvieron mucho éxito. De hecho, ellos y los otros profetas y líderes fueron más bien desterrados y a menudo asesinados. Jesús seguirá el mismo camino, que para él pasa por vivir fielmente la condición humana hasta las últimas consecuencias. Por fidelidad al hombre llegará a la gloria de la resurrección pasando por el trance de la incomprensión, de la cruz y de la muerte. 
9. Y esta imagen del Mesías, hombre entre los hombres y maltratado como un esclavo, recibe la aprobación del Padre: «¡Este es mi Hijo, el amado, estoy orgulloso de él! Escuchadlo”. Los tres discípulos se espantaron. El Padre aprueba el camino de Jesús que es el mismo camino nuestro: pasar por el mundo haciendo el bien y amándonos como el Padre nos ama.
10. Y ahora, levantaos, no tengáis miedo. Moisés y Elías se han retirado. Los tres discípulos –y nosotros- se encuentran con Jesús a solas. Con él ya lo tienen todo. Hay que bajar de la montaña encantada para continuar el camino de todos, pero con ojos nuevos, con sentidos nuevos, con un corazón nuevo.
11. Para esto nos irá bien subir de cuando en cuando al Tabor con la Biblia en la mano a orar y a mirar el mundo, a las personas y los acontecimientos a la luz de Jesús, que como el nombre indica, es Salvador.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

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