domingo, 30 de julio de 2017

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Es uno de los evangelios más fáciles de entender. Es el grito ¡ÉUREKA! de Arquímedes cuando descubrió por qué flotamos en el agua. Salió por las calles loco de alegría. Es el éureka del novio o de la novia que de pronto descubren la persona que les acompañará toda la vida. Como el día que san Agustín se enteró de que tenía dentro al Dios que buscaba fuera. Salomón cuando recibió del Señor el don de la sabiduría del corazón con que gobernar a su pueblo.

2. Éureka! Es el grito de alegría del que encontró el tesoro escondido en el campo o del descubrió en la joyería la perla preciosa en que soñaba. Un grito de alegría algo disimulado para que nadie le robara su sueño.
3. Jesús nos quiere contagiar a todos de la alegría por el tesoro encontrado y por la perla preciosa. El tesoro, la perla de del reino de Dios... El reino de Dios.
4. Y ¿qué esto reino de Dios? ¿Por qué rezamos tantas veces: Venga a nosotros tu reino? Es el proyecto que el Padre del cielo tiene sobre todos y cada uno de nosotros y sobre todo el mundo. El sueño de Dios cuando nos ha puesto en la tierra y que quiere que entre todos realicemos aquí y ahora. Con Jesús ha llegado el momento de realizarlo.
5. Preguntamos QUÉ es el reino de Dios como si fuese un lugar o una idea bonita. Es mejor preguntar ¿QUIÉN es? Porque es ALGUIEN, una persona. Es Jesús. El que da con Él ha encontrado el tesoro y la perla. Se enamora de él y lo sigue. Juan Bautista señaló a Jesús diciendo: He ahí el Cordero de Dios. Andrés que lo oyó, se fue detrás de Jesús y pasó el día con él. Al día siguiente, estaba tan contento que dijo a su hermano: Pedro, hemos encontrado al Mesías. Y lo mismo dijo Felipe a Natanael: Lo hemos encontrado. EUREKA! En Jesús encontraron el sentido de su vida. Siguieron a Jesús, se hicieron discípulos de Jesús, le dedicaron toda su vida.
6. La carta a los Romanos explica este tesoro: el Padre Dios nos ama tanto que quiere para cada uno de nosotros lo mejor de lo mejor: su Hijo Jesús. Quiere para nosotros lo que quiere para Él. Quiere que seamos cómo él, formados en el mismo molde. De forma que Jesús sea el hermano mayor de una gran familia. Todos tan diferentes y todos marcados con su imagen.
7. Donde nosotros vemos un bloque de mármol o un tronco informe, el artista ve la imagen que esconden. A golpes de cincel o de martillo los va desbastando hasta darles la forma. Hasta que aparece la imagen de Cristo que el Padre quiere de nosotros. Todo colabora para el bien de los que le aman.
8. Jesús es el hermano mayor de todos los hermanos que formamos la familia de Dios. Y todos los hermanos se parecen. Viendo a uno los adivinas a todos. Jesús resucitado encarga a Maria Magdalena: Corre a decir a mis hermanos: me voy al Padre que es también vuestro Padre... ¡Qué maravilla! Todos podemos decir con Él: Padre nuestro!
9. Entre todos formamos el Cuerpo de Cristo, somos la presencia de Cristo en el mundo. Hacemos presente “el reino de Dios” cuando con Jesús y como Jesús pasamos por el mundo haciendo el bien: Acariciando o consolando, sembrando amor, salud y alegría. Visitando y curando a los enfermos o cenando con los “pecadores” y perdonando, compartiendo la Eucaristía. O proclamando la palabra de Dios. También lo hacemos presente – ¡y de qué manera tan misteriosa!- cuando ya no podemos hacer nada, cuando parece que no somos nada, cuando parece que somos una carga o un estorbo para la familia o la sociedad. Cuando estamos clavados en la cruz con Jesús. Solo amamos y nos dejamos querer. Con Jesús colaboramos a la salvación del mundo.
10. Que el Espíritu Santo nos abra el corazón, los ojos y los oídos para descubramos el tesoro escondido y la perla fina. Que nos llene el corazón de alegría, de la alegría del Evangelio, de la alegría del amor, de la alegría de ser sacramento –presencia visible- de Jesús en el mundo. Y la alegría de ser testios que Dios nos ama tanto y ama tanto a este mundo que nos ha entregado a su propio Hijo, Camino, Verdad y Vida.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: Fano dibujante

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