domingo, 23 de julio de 2017

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Como un grano de mostaza: así de pequeña y dinámica es la palabra de Dios. Dios se complace en seguir el ritmo de crecimiento, lento, pero sin pausa, de efecto retardado pero seguro. No le gusta la espectacularidad ni los fuegos artificiales. Hay una gran desproporción entre la insignificancia del grano de mostaza y el arbusto capaz de dar abrigo a pájaros de todo tipo.
2. Como la levadura que mi madre metía en la masa y la transformaba hasta hacer buen pan. Los cristianos hemos de actuar como la sal, como la levadura: humildemente, pacientemente, con la humilde paciencia de Dios. 
3. «Dónde Dios nos plantó, hay que saber florecer», decía san Francisco de Sales. Dondequiera que estemos hemos de saber estar, y realizar nuestro trabajo. Con discreción, con eficacia constructiva. 
4. ¡Cuántas personas mayores –abuelas y abuelos- siembran hoy en el corazón de nietos y nietas unas lecciones de evangelio que los orientarán cuando sean mayores. Fueron las abuelas rusas –las babushkas- quienes salvaron la fe en Rusia durante décadas de régimen ateo.
5. La manera de hacer de Dios con nosotros es como la del amo del campo: sembró buena semilla. El enemigo resembró cizaña. Es la cruz de tantos padres y madres y catequistas y maestras. Siembran generosamente buen trigo y en la calle o en los medios siempre está “el maligno” que siembra la cizaña de la droga o de lo que sea. ¿Arrancamos la cizaña? ¡No, por favor! ¿No veis que con ella arrancaríais también trigo?
6. Nos hemos que habituar a convivir con el mal que no querríamos, con buenos y malos... De vez en cuando con un arrebato de impaciencia eliminaríamos a los malos, que, naturalmente, siempre son los otros. No, Dios es paciente y espera. Lo que hoy parece cizaña, quizás será trigo mañana. Con este criterio raquítico, no tendríamos a san Pablo, a san Francisco de Asís y tantos hombres y mujeres de valía. Ya llegará el día y emplear la criba para separar lo bueno de lo malo. Jesús se lo ha reservado para él.
7. Es la manera de actuar de Dios. Obrando así, has enseñado en tu pueblo que los justos han de ser humanos con todo el mundo, y has llenado de esperanza a tus hijos al ver que les das oportunidad de arrepentirse de los pecados. 
8. Mn. Pere Ribot, santo sacerdote y poeta excelente, repetía a menudo: ¡Menos mal que Dios es un buen hombre!... Suerte tenemos de su bondad. Hagamos nuestra la actitud de Dios. Aprendamos de la bondad del Padre celestial a ser humanos. Precisamente porque somos cristianos y discípulos de Jesús hemos de ser más humanos que nadie. ¡Humanos, muy humanos!
9. Y cuando no sepamos interpretar y dar curso a nuestros sentimientos, entremos un momento en nosotros mismos y conectemos con el Espíritu Santo que vive y ora en nosotros: Él intercede con gemidos que no se pueden expresar y los convierte en un lenguaje que el Padre del cielo comprende... Como la madre que entiende los gemidos, los llantos y las sonrisas de su hijito... Unámonos al Espíritu cuando recemos el Padre nuestro.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

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