miércoles, 7 de junio de 2017

LO QUE VALE LA FAMILIA

No nos cansemos con estadísticas. Ni nos asustemos. Lo negativo ya lo sabemos y vayamos a lo positivo. Que, además, también hay estadísticas que dicen que los jóvenes valoran la institución familiar y la defienden. Y la mejor verdad es creer que la familia sigue siendo el libro donde se pueden aprender las mejores lecciones y el espacio en el que se viven unos valores perennes: amor, sacrificio, lealtad, reconciliación, generosidad… Asís es. Pero es inevitable que nos preguntemos cuáles son las causas y razones que nos puedan explicar por qué, si vale tanto la familia, se dan, sin embargo, tantos conflictos familiares y tantos sufrimientos a causa de ellos. Los sociólogos, claro que sí, nos van mostrando muchas razones y son verdaderas. Pero a mí se me ocurre, y además de eso, recurrir a esa definición de familia que dice que es “una comunidad de vida y amor”. Y siguiendo ese hilo descubro que la “comunidad de vida y amor” original, en el sentido de que es la que está en el origen de todo, es la comunidad en la que se encuentra Dios que, además, es trinidad de personas. Si algo es nuestro Dios es “comunidad de vida y amor”. ¿Tan difícil es entender, desde esa fe, que ya comprendo que tiene que ser desde ahí, que nuestras comunidades familiares irían bien “si copiaran del original”? 
Los padres, para educar a sus hijos, les comunican ideas y conocimientos y les deben trasmitir ejemplos y comportamientos. Me parece de lógica pura que los padres cristianos les hablen de Dios a los hijos y se ilusionen por transmitirles su fe. Si la referencia a Dios, en palabras y obras, es frecuente y algo habitual, es de esperar que los hijos vayan creciendo en la seguridad de la presencia providente de Dios en sus vidas. Y esa será una buena siembra y un buen cimiento para que ellos, después, puedan edificar sólidamente su propia existencia.

Texto: J. M. Ferrer
Foto: Cultura y Fe hoy

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