sábado, 3 de junio de 2017

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

1. Un buen día san Pablo visitó la comunidad cristiana de Éfeso y les preguntó: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo? -¿Qué? ¿Hay Espíritu Santo? Si nos hicieran esta pregunta, seguro que responderíamos: Claro que si, claro hay Espíritu Santo. Y hoy, justamente día de Pentecostés, vemos los efectos de su presencia.
2. No es fácil definir al Espíritu Santo. También nos costaría definir qué es la luz o el aire, o el agua, o el fuego. Están en todas partes y lo empapan todo. No sabríamos definir qué son pero podemos decir sus efectos. El agua hace con la harina una pasta que el fuego transforma en pan, un pan que el Espíritu Santo transforma en el Cuerpo de Cristo. Los cristianos somos muchísima gente esparcida por todas partes y el Espíritu hace de nosotros un solo Cuerpo unido a Cristo, nuestra cabeza. 
3. Jesús dice que Espíritu Santo vive en nosotros. Nos recuerda lo que Jesús nos ha dicho y nos lo hace comprender. Es el Paráclito. Esta palabra griega indica a la persona llamada a tu lado para consolarte cuando estás triste, aconsejarte cuando no sabes por dónde tirar, te defiende cuando tienes que dar razón de tu fe. Vive contigo y dentro de ti. Eres templo del Espíritu Santo.
4. Encontramos al Espíritu Santo en todos los principios. Forma a Jesús en Maria en la encarnación y cuando es adulto se posa sobre él a modo de paloma y lo empuja a la misión. El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado... El día de Pascua Jesús dice: Recibid el Espíritu Santo. Como el Padre me ha enviado yo os envío. Nace la Iglesia. Pero los discípulos necesitan un tiempo para hacerse a la nueva situación. Se encuentran juntos, oran, hacen memoria de Jesús, comparten la eucaristía y los bienes, pero no se mueven del cenáculo y de sus visitas al Templo. Todavía tienen las puertas cerradas con el cerrojo del miedo. Esperan con María, la Madre de Jesús, con los mujeres y las criaturas.
5. El día de Pentecostés, el soplo del Espíritu en forma de fuego y viento llena de gozo y valentía aquel grupo excepcional. Abrid las puertas a Cristo. Abrid las ventanas en el mundo. Salid a la periferia y proclamad el mensaje de Jesús a todo el mundo. Pedro, tan miedoso unos días antes, ahora sale al balcón y anuncia a todo el mundo que Cristo ha resucitado y que el Padre lo ha constituido Señor y Mesías. Volveos hacia Él y Él os dará el Espíritu Santo.
6. Pedro habla en su idioma y todos entienden el mensaje. Cada uno se siente hijo de Dios. Y cada cual expresa en su propia lengua lo que el único Espíritu le inspira desde dentro: Abbá, Páter, Patér, Father, Vater, Pita, Père, Pai, Aitor. ¡Padre! La confusión ruidosa de Babel es ahora sinfonía maravillosa por obra del Espíritu de Amor. No nos entendemos por lenguaje. Pero nos entendemos por amor, como diría el gran Ramón Llull. El amor es el lenguaje que todo el mundo entiende.

7. Somos muchos y muy diferentes. El Espíritu hace de todos nosotros un solo cuerpo unidos a Cristo como a la cabeza. Cada cual aporta al conjunto el regalo de su diferencia. Hay apóstoles, hay catequistas, hay enfermeros, hay funcionarios, hay maestros, hay padres y madres. Todo es obra del mismo y único Espíritu. Hay quien puede mucho y hay quien puede muy poco, pero siempre puede aportar amor a la comunidad.
8. En la Eucaristía todos recibimos el mismo pan. Todos comulgamos al mismo Jesús. Somos uno en Él. Y es el Espíritu Santo quien nos mantiene unidos en Cristo y nos hace ser presencia suya en el ambiente donde nos movemos. Somos muchos y muy diferentes pero el Espíritu hace comunidad. Él forma Cristo en nosotros y empuja a hacerlo presente cuando salimos de la Eucaristía. Todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo. 
9. Con la fuerza del Espíritu traemos por todas partes la joya y la paz que Jesús nos dio el día de Pascua. Reconciliáis todo el mundo con Dios y ponéis paz entre vosotros. Y somos uno en Cristo y multiformes a la vez. Cada cual tiene una misión a cumplir.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

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