sábado, 20 de mayo de 2017

DOMINGO VI DE PASCUA

1. La campaña misionera del diácono Felipe en Samaría es un fruto colateral de la persecución contra la iglesia naciente después de la muerte Esteban, apedreado. Samaría era un país mal visto por ser un nido de herejes, cismàticos y enemigos de Israel. Felipe, siguiendo las huellas de Jesús que había divisado con gozo gran cosecha iniciada en el encuentro con la Samaritana, rompe las barreras de raza y religión y tiene un éxito rotundo: muchas personas reestructuradas, curaciones y una inmensa alegría.
2. La buena noticia sorprende a los apóstoles que se han quedado en Jerusalén. Están contentos viendo que la iglesia se abre a todos. Los apóstoles Pedro y Juan son los comisionados por la iglesia de Jerusalén para averiguar y calibrar como es debido la calidad del acontecimiento. Constatan el gran número de samaritanos que han recibido el bautismo después de reconocer a Jesús como Mesías y Salvador. Encuentran una deficiencia importante: No han recibido el Espíritu Santo. Oran todos juntos, les imponen las manos y se lo comunican. Se ha producido un pequeño milagro: la iglesia establecida en Jerusalén y la recién nacida en Samaria están animadas por el único y mismo Espíritu. La Iglesia es una y multiforme a la vez.
3. Es el pentecostés samaritano. Un primer indicio del sacramento de la confirmación. El bautismo tiene dos caras: la inmersión en la muerte y resurrección de Jesucristo. Y la efusión del Espíritu que da sentido a la inmersión. El cristiano maduro es ungit por el Espíritu Santo como Jesús y como Jesús es enviado a dar testimonio de Él.
4. Visto lo ocurrido en Samaria, los cristianos han recibido el bautismo pero no la confirmación hoy son invitados a recibir de manos del obispo el don del Espíritu Santo. Los llenará de alegría y de fortaleza para comunicar la fe. Y les concederá el don de lenguas: el don de comprender mejor a los demás y comunicarse con ellos en el lenguaje que todos comprenden: el del amor. Si no no entendemos por lenguaje, nos entenderemos por amor, decía el beato Ramon Llull. 
5. Jesús, antes de irse de este mundo, pide al Padre para nosotros otro Defensor, el Paràclito. La palabra paràclito, de origen griego, indica la persona llamada junto a nosotros para consolarnos cuando estamos tristes y afligidos, para aconsejarnos y enseñarnos el camino cuando no lo vemos claro, para defendernos cuando tenemos que dar razón de nuestra fe. Es el Espíritu de la verdad. Es el maestro interior que nos hace conocer la persona de Jesús y nos relaciona íntimamente con Él. Se hospeda en nosotros como en su casa y nos convierte en templos suyos, personas consagradas. 
6. San Pedro indica qué hemos de hacer para actuar como personas animadas por el Espíritu de Jesús. Ante todo reconocer a Jesús como Señor. Luego ser capaces de dar razón de lo que esperamos a quien nos la pida. No a gritos ni con imposiciones, sino con una propuesta serena y respetuosa. Proponer, no imponer. Seremos más eficaces si actuamos con suavidad y discreción y si transparentamos el mensaje con un comportamiento profundamente humano, expresión viva de la coherencia de la vida con la fe que profesamos. ¡Ojalá que todos los cristianos frustrados y el no cristianos que nos desacreditan se sientan movidos a cambiar de chip ante la evidencia de una vida generosa, humilde y acogedora de unos cristianos animados por el Espíritu Santo.
7. Si tenemos que sufrir que sea porque somos fieles al evangelio, no por el escándalo provocado por una conducta no cristiana. El P. Julio Leache, un claretiano que pronto será beatificado, se levantaba a las dos de la madrugada para celebrar la misa clandestinamente en el almacén de los aperos de labranza del Mas donde vivía con otros claretians, exponiéndose a ser sorprendido y asesinado. Él respondía: Si nos matan para ser fascistas, maldita la gracia. Pero si es por ser cristianos y por celebrar la Eucaristía, ¿que más podemos desear?
8. Sigamos siempre las huellas de Jesús y dejémonos llevar como él por el aliento del Espíritu que vive en mí, en mis hermanos cristianos y en toda la Iglesia.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Fano

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