sábado, 27 de mayo de 2017

ASCENSION DEL SEÑOR


1. Cuando hablamos de la Ascensión de Jesús, nos lo imaginamos subiendo físicamente al cielo. Es normal. Pero lo entenderíamos mejor si nos fijáramos en una frase como esta: el Papa ha ascendido el obispo tal a cardenal. No lo ha subido a ningún escabel. Simplemente decimos que algo ha cambiado en la consideración del personaje.


2. Con Ascensión Jesús no deja de estar hacerse presente a los suyos, sino que continúa presente entre ellos de forma distinta.

3. Con la resurrección Jesús rompe las barreras del tiempo y del espacio y por eso puede ser presente a todo tiempo y a todo espacio de una manera más viva y más eficaz aún que cuando andaba por los caminos de Galilea. Por eso decía: Conviene que yo me vaya.

4. La Ascensión es un misterio bisagra en que confluyen el cielo y la tierra, Dios y la humanidad. El Padre ha resucitado a Jesús de entre los muertos y comparte con Él su poder y su amor. Todo lo ha puesto bajo sus pies. Pero este nuevo status que decimos ahora, no lo aleja de nosotros, más bien nos lo acerca. 

5. Jesús en su humanidad engloba la nuestra, la de caminantes y peregrinos en nuestro mundo concreto. Resulta que Jesús y nosotros formamos un solo cuerpo. Él es nuestra cabeza y nuestro corazón. Nosotros somos sus miembros. En nosotros él se hace presente al mundo. Lo mira con nuestros ojos y lo ama con nuestro corazón.

6. Hoy Jesús nos convoca a Galilea, en una montaña, como la de las bienaventuranzas o como la del Tabor. Salimos algo más arriba de nosotros para ver más bien. Hay los Once. De repente Jesús se hace presente. La reacción de todos es adorarlo, prosternarnos hasta tierra. Incluso de quienes han dudado o dudamos. 
7. Jesús habla. El Padre me ha dado toda autoridad al cielo y en la tierra: un poder universal. Es lo que decíamos de la bisagra. En él confluyen cielo y tierra. Y nos confía un encargo: Id, no os quedáis aquí postrados. La vida es camino en un mundo donde todo se mueve. Andad a su ritmo, no a remolque. 
8. Y haced discípulos, muchos discípulos de todo tipo de pueblos y de personas y enchufadlos a la vida de Dios. Esto es el bautismo. La inmersión bautismal nos sumerge en la vida de Dios, en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un Dios familia, comunicación, vida. No vive lejos de nosotros. Vive dentro de nosotros. El que me ama, el Padre lo amará y haremos en él nuestra morada, dice Jesús.

9. Y enseñadlos. Los cristianos somos discípulos, alumnos. Cuando decimos discípulo queremos decir aprendiz. Enseñaremos con la palabra y la vida a practicar lo que Jesús nos ha enseñado y que resume en un solo precepto. Ama a Dios y al prójimo como a ti mismo.

10. ¿Lo podremos hacer? Claro que sí. Él es Emmanuel, Dios con nosotros, es Jesús, Dios que nos salva y día a día hace camino con nosotros hasta que el mundo llegue a su plenitud. Se nos hace visible en los sacramentos, en la Eucaristía, en la Palabra y en nuestros hermanos más pequeños, necesitados o marginados. Donde hay dos o tres de reunidos en mi nombre, allí estoy yo.

11. Pidamos al Espíritu Santo que realice en nosotros y en la Iglesia lo que hoy nos encarga Jesús en su Ascensión.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: Fano

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