domingo, 2 de abril de 2017

DOMINGO V DE CUARESMA

1. Ya lo veis: la muerte se presenta cuando todavía parece evitable. «Si Jesús estuviera aquí...» Es un drama familiar como tantos dramas nuestros. Pero ha tenido que huir porque lo querían apedrear. Las hermanas Marta y María conocen a Jesús y lo quieren. Ellas y su hermano Lázaro lo acogían siempre con el grupo de discípulos. Y Él también los quería entrañablemente. Le envía el mensaje con gran discreción: Mira, tu amigo, está enfermo.
2. Jesús se lo piensa. Mide sus pasos. La muerte y la resurrección de Lázaro desencadenarán el proceso que lo llevará al calvario y a la manifestación de su condición de Hijo de Dios.
3. Pasan dos días. –Venga, dice a los discípulos. Volvamos a Judea. El día es corto y hay que aprovechar la luz si no queremos tropezar. Nuestro amigo Lázaro duerme y yo   voy a despertarlo. «Si está dormido, ya sanará».
4.  Lázaro duerme.  ¿Lo habéis pensado alguna vez? La palabra «cementerio» quiere decir dormitorio. El lugar donde los difuntos duermen mientras esperan la palabra salvadora de Jesús Camino, Verdad y Vida.
Hoy hablamos de tanatorio: todo se acaba con la muerte. No hay nada que esperar. Cementerio o tanatorio: las palabras no son neutras. Jesús da un nuevo horizonte a la muerte.
5. Ya estamos en Betania. -Señor, le dice Marta. Si hubieras estado aquí, no se me habría muerto el hermano. Marta pertenece al grupo de los buenos israelitas que creían en la resurrección universal en el último día. Cree que Lázaro resucitará, pero no ahora. Ahora sólo siente la frialdad de la muerte y la nostalgia del hermano querido. Pero con Jesús ya estamos en el último día. «Yo soy la resurrección y la vida.» Él nos da la vida plena de comunión con Él y con el Padre.
6. -¿Lo crees?  -Sí, Señor, yo creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que viene al mundo. 
Es la misma profesión de fe de Pedro, la piedra sobre la cual Cristo fundamenta su comunidad de creyentes. Nuestra fe no descansa sólo en la fe de Pedro, sino también en la fe de Marta, una mujer.
7. María repite a Jesús las palabras de Marta. Y Jesús rompe a llorar. Jesús llora por el amigo y por las personas que sufren. ¡Cómo quería a Lázaro y a sus hermanas!... Si tanto se lo quería ¿por qué lo dejaba morir?  Un comentario digno del tanatorio. Pero Jesús no ha venido a suprimir el dolor ni siquiera a explicarlo sino a llenarlo de su presencia, a suavizarlo con sus lágrimas.
8.  Lázaro, a la voz poderosa de Jesús sale del sepulcro.  Sale tal como entró: atado de pies y manos. Desatadlo. Soltadlo...
La resurrección que esperamos no es como la de Lázaro: el retorno a la misma vida de antes. No, la resurrección es una nueva creación, una nueva manera de vivir y de relacionarse.
9. Jesús, saliendo del sepulcro, dejó la sábana y el sudario que lo envolvían y  salió libre de toda atadura.  Libre y libertador. Lázaro ha vivido sobreprotegido por el amor de sus hermanas, preocupado por sus obligaciones sociales y empresariales. Desatadlo y dejadlo ir. ¡Dejadle ser él!
10. Estamos a las puertas de Pascua. Nuestra fe descansa en la muerte y resurrección del Señor, que compartimos desde nuestro bautismo. Si hemos muerto con Él, con Él resucitaremos. Entre tanto, con las prácticas cuaresmales librémonos de las mil ataduras que no nos dejan vivir ni ser lo que somos. Libres para amar a Dios. Libres para realizarnos como hijos de Dios. Libres para servir a nuestros hermanos. Libres para seguir el impulso del Espíritu Santo que habita en nosotros.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

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