domingo, 16 de abril de 2017

DOCUMENTOS DE SEMANA SANTA: JUEVES SANTO, VIERNES SANTO, VIGILIA PASCUAL Y PASCUA.

JUEVES SANTO. CENA DEL SEÑOR.
1. Haced esto que es mi memorial.
¿Qué es esto que hemos de hacer? Sencillamente: repetir, como ahora, el gesto del Señor Jesús el anochecer del jueves santo. Lo hacían los cristianos de Corinto. San Pablo se lo recuerda y les recuerda a la vez que han de celebrarlo con respeto y dignidad. Cuantos comparten un mismo pan forman un solo cuerpo con el Señor Jesús. Han de tratar pues a los hermanos con exquisito respeto.
2. Para continuar este gesto en la Iglesia, Jesús instituye lo que llamamos el sacerdocio. Representando a Jesús, el sacerdote dice: Haced esto para celebrar mi memorial. Oremos hoy por todos los sacerdotes: que al repetir y actualizar el memorial del Señor, se entreguen ellos mismos con el pan que parten, reparten y comparten. Que el Señor desvele en la iglesia personas llamadas a mantener este servicio en la comunidad cristiana.
3. Hacer el memorial es hacer lo que Jesús hace y nos recomienda: Amaos como yo os he amado. Amada incluso a los que no os aman, como yo he amado Judas que me traicionaba, como he acogido Pere que me negaba, como perdoné en la cruz a los sacerdotes, a los soldados, a la gente que me insultaban: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Como perdoné y perdono el Poncio Pilato y todos los Pilatos que tienen desfachatez de lavarse las manos eludiendo toda responsabilidad en la sangre del Justo Inocente y de tantas otras víctimas inocentes como Jesús. Como he estimado a mi Madre, y al discípulo amado y al grupo reducido pero fiel de mujeres que me ha seguido desde Galilea y ahora están aquí.
4. Hacer mi memorial es también hacer lo que yo hago. Soy el Maestro y el Señor. Y me despojo de mis vestidos de Señor y Maestro y por amor hago con vosotros el servicio propio del esclavo: lavar los pies. Pedro no lo puede soportar. ¿Lavarme tú los pies a mí? De ninguna manera. Husmea la transcendencia del gesto de Jesús. Y él querría ser señor y ser maestro como los amos y los maestros de siempre. Pedro, sé de dónde vengo y a donde voy. Y ahora os mostraré el camino a ti y a todos mis discípulos: Lavaros los pies, serviros con amor los unos los otros no sólo en los servicios que todo el mundo ve y valora, sino en los imperceptibles de la vida de cada día.
5. Y recordarlo: La misa empieza cuando la misa termina. Haréis mi memorial cuando repartáis el pan y bebáis el vino de la eucaristía. Y lo haréis cuando prestéis con amor el servicio más humilde y sencillo y generoso de cada día: al marido y a la mujer y a los hijos; a los vecinos y a forasteros.
6. Y una vez hayáis tomado conciencia de lo que sois, Maestros y Señores como yo, tened presente porque es sirviendo que seréis señores. Y es dando ejemplos concretos de amor que seréis maestros de verdad.
7. Y en este día de la caridad, de Cáritas, pensad en entregaros a vosotros mismos en cada cosa pequeña o grande que hagáis o deis en favor del más insignificante de estos hermanos más pequeños y más necesidades.
8. Y este será vuestro mejor Jueves Santo.

VIERNES SANTO.
1. Impresionan las palabras del profeta Isaías. Describe siglos antes la figura del siervo de Dios que Jesús adoptó y que culminó el viernes santo: no tenía nada atrayente, despreciado, rechazado de la gente, hecho al dolor, desfigurado como un leproso que horrorizaba a quien lo veía. Despreciado y desestimado. Ninguneado. Un don nadie.
2. Es así como este siervo de Dios y de los hombres ha asumido la condición humana identificándose con los más pobres de los pobres, con los crucificados y menospreciados del mundo. Se cargó con las consecuencias de lo que llamamos nuestros pecados. Él, el inocente, es azotado, escupido y humillado. Hasta la muerte y la muerte propia de los esclavos. Es así como nos devuelve la paz y nos sana con sus heridas.
3. No le fue fácil a Jesús aceptar este papel en la historia. La segunda lectura nos lo recuerda: nos presenta Jesús, orando al Padre y suplicándole con poderoso clamor y lágrimas que lo librara de la muerte. Y el Padre lo escuchó y le enseñó con la experiencia de los sufrimientos qué es esto de obedecer. Para Jesús, obedecer fue vivir como un hombre cualquiera, sometido al sufrimiento y a la muerte como nosotros. Y podemos añadirle la cruz. Y por esto nos puede comprender, se compadece de nosotros y nos enseña a vivir humanamente en cualquier situación que nos toque vivir. Así fue de fecunda su cruz.
4. Mirarán al que atravesaron con una lanza, dice san Juan citando al profeta Zacarías. Juan se fijó y miró. Se dio cuenta de que Jesús, al morir, nos entregó su Espíritu. Y a la luz de este Espíritu, comprendió el sentido de la sangre y el agua que brotó del costado de Jesús dormido en la cruz. Y pensó en Adán y Eva. De Adán dormido, Dios formó a Eva. Del costado de Jesús dormido en la cruz brota llena de vida la Iglesia, los cristianos, los que creemos en Jesús. Nos hace renacer con el agua bautismal y nos nutre con la Eucaristía. Fijémonos bien. La Iglesia, nosotros, cada uno de nosotros, somos frutos de un amor inmenso. Hemos salido del Corazón traspasado de Jesús. Valemos muchísimo. Y los sacramentos que celebramos son expresión visible de este amor inexpresable.
5. Juan dice también que no le quebraron ningún hueso a Jesús. Extraño, ¿verdad? Pero si nos ponemos en el tiempo en que Juan escribía, comprenderemos lo que quería decir con estas palabras. Pensaba en la pascua, en el cordero que los israelitas sacrificaban recordando aquella noche en que salieron de Egipto, donde malvivían como esclavos, hacia la libertad. Jesús es el Cordero pascual que quita el pecado del mundo, cantamos. Él nos libra del pecado y nos da la libertad de hijos. Habremos de atravesar todavía el largo desierto de la vida con sus oasis y soledades hasta entrar a la tierra prometida. Jesús mismo hará camino con nosotros y nos alimentará con el pan y el vino de la Palabra y de la Eucaristía compartidos con la comunidad.
6. Y mientras recordamos y agradecemos lo que Jesús nos da, recordamos también que el viernes santo nos hizo un regalo precioso: nos dio por madre a su misma madre. Mujer, ahí tienes tu hijo. Ahí tienes a tu madre. Una madre que sabe qué es sufrir viendo a su hijo muriendo clavado en la cruz. No podía hacer nada. Pero estaba. Es la Madre dolorosa, que nos ama y está siempre a punto por enjugar nuestras lágrimas y recordarnos que después de la oscuridad del viernes santo nos espera la alegría inmensa de la resurrección.


VIGILIA PASCUAL. RESUCITADOS CON CRISTO.
Con el bautismo participamos de la muerte y resurrección del Señor. Por esto toda la vigilia pascual gira en torno al bautismo.
Los cristianos adultos que recibían el bautismo por inmersión, lo veían muy claro:
Al quedar unidos a Cristo Jesús por el bautismo, quedamos unidos a su muerte.  Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre.
Cuando bajaban a la piscina bautismal, los que se bautizaban tenían la impresión de bajar al sepulcro con Cristo y de morir con Él.
Antes de meterse en el agua, dejaban los vestidos ordinarios: dejaban atrás la vida pasada: renunciaban a Satanás, al egoísmo, al pecado.
Se zambullían tres veces en el agua mientras hacían la profesión de fe en Dios Padre, Hijos y Espíritu Santo. Al salir eran ungidos con el óleo llamado “crisma”: eran ungidos como sacerdotes, reyes y profetas, igual que Jesús Cristo o Ungido. Cristo significa precisamente Ungido. Cristiano es el que recibe la misma unción que Jesús.
Y se revestían de un vestido blanco, símbolo de la nueva vida.
Recibían un cirio: “Sois luz en el Señor”-
Y hechos ya hijos de Dios, podían rezar todos juntos la oración de los Hijos: el Padre nuestro.
Hoy renovaré mi bautismo con todos mis hermanos cristianos. Yo era muy pequeñito cuando lo recibí. El Cura me echó una poquita agua en mi cabeza... Por esto, tengo la cabeza bastante bien amueblada. Sé muchas cosas: soy hijo de Dios, miembro de la iglesia, solidario con todo el mundo... En mi cabeza todo cuadra. Pero el agua que bañó mi cabeza, no acaba de llegar a mis manos, a mi corazón, a mis pies... Soy cristiano de nombre, no siempre de hechos. Por esto en la vigilia pascual renuevo cada año mi bautismo y mis promesas bautismales. Espero que poco a poco, año tras año, el agua bautismal me vaya revistiendo de Cristo de pies a cabeza, hasta que Jesús haga de mí un sacramento –un signo visible- de su presencia. Es cierto que en mí Jesús continúa pasando por el mundo haciendo el bien. ¡FELICES PASCUAS! ¡ALELUYA!


PASCUA. NOSOTROS SOMOS TESTIGOS. 
Puede resultar algo decepcionante el evangelio de hoy. En la vigilia pascual veíamos a unas mujeres que van al sepulcro y ven sorprendidas en un ambiente de alegría y de esperanza. Y reciben la misión de comunicar a los apóstoles la buena noticia. Jesús vive i emprende un nuevo camino hacia Galilea: empieza una nueva misión.
Hoy nos encontramos con María Magdalena, impaciente y contrariada. El sepulcro está abierto. Sin entretenerse, corre a comunicarlo a los hombres de la casa: Pedro y el otro discípulo, el amigo de Jesús: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
El testimonio de María no vale. Hacen falta dos testigos masculinos para dar testimonio válido de lo ocurrido.
Ellos lo encuentran todo como la Magdalena les ha dicho. Pero observan atentamente el sepulcro: Los lienzos bien plegados, el sudario enrollado aparte. Nada más.
Pero empieza un proceso de fe, lento pero seguro. Por lo pronto excluyen la hipótesis del robo del cadáver. Los ladrones no se entretendrían en plegar la ropa. Se la habrían llevado con el cadáver dentro.… Se lo habrían llevado con los lienzos y todo.
No ven ningún ángel. La Magdalena verá dos cuando vuelva al sepulcro.
¿Cómo se entiende? El otro discípulo –en la tradición es Juan, pero puede ser cualquiera de nosotros- ve dos mensajes cifrados en los lienzos y el sudario.  Y los lee a la luz de la palabra de Jesús. Al tercer día resucitará.
La fe nace de la palabra. Hasta ahora, no habían entendido nada. La palabra de Jesús y la Escritura –no la visión -  desvelan el misterio. Es la primera experiencia.
De momento Pedro y Juan vuelven a casa, meditativos y prudentes. Ya se hará la luz. Su actitud estática contrasta con la movilidad nerviosa de la Magdalena. Vuelve al sepulcro y ve dos ángeles donde los discípulos sólo habían visto los lienzos y el sudario.
Más tarde Pedro podrá hablar de Jesús resucitado con una experiencia directa, amistosa: Hemos comido y hemos bebido con él después de su resurrección. A esta luz comprende el sentido profundo de la vida de Jesús: Ungido con la fuerza del Espíritu Jesús pasó por todas partes haciendo el bien. Y ahora vive y está presente entre nosotros.
También nosotros hemos comido y hemos bebido con Jesús el Pan y el Vino de la Eucaristía que son semilla de resurrección y de vida. Hemos resucitado con Jesús. Lo recordábamos anoche, en la vigilia pascual.
Somos invitados a mirar nuestro mundo con los ojos de Jesús y a amarlo con el corazón de Jesús resucitado: Con el corazón en cielo –en el mundo de Dios- y con los pies muy clavados en la tierra en el mundo de los hombres para impregnar a los hombres y a su mundo con el amor de Dios. La vida de Cristo escondida en nosotros trabaja perfumando nuestros ambientes con la discreción de la semilla pequeña que germina y crece y florece sin hacer ruido pero impregnándolo todo de un perfume divino. Un día esta vida escondida estallará en todo su esplendor como estalló en la resurrección de Cristo. Y con razón podremos hablar de la Pascua florida.

Texto: J. Sidera cmf
Fotos: Catholic.net y Jano

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