domingo, 30 de abril de 2017

DOMINGO III DE PASCUA

1. Nos podríamos preguntar: ¿Qué esperamos de la Iglesia? ¿Qué nos decepciona? ¿Por qué a veces es vista como un estorbo en la relación con Dios, con la familia, con la sociedad?
2. Estaría bien que nos lo planteáramos, porque hay quien se apunta o desapunta según el prestigio que tenga, o la audiencia o el caso que se le hace en su ambiente.
3. Esta sería la primera parte de la misa. Es lo que ocurría a aquellos dos muchachos de Emaús, discípulos tan entusiastas de Jesús, que con él anduvieron la larga subida hasta Jerusalén. Ahora desanda el camino y vuelven a refugiarse a su casa incapaz de vivir a la intemperie. Se desapuntan de la comunidad. Pero aún hablan Jesús: Un profeta poderoso en obras y en palabras ante Dios y el pueblo. Los grandes sacerdotes y las autoridades del nuestro pueblo lo han condenado a morir ignominiosamente clavado en la cruz. Nosotros esperábamos en él al libertador de nuestro pueblo. Ya han transcurrido tres días. Y nada de nada. Un gran profeta, un gran hombre y... un grande fracasado.
4. Y mientras ellos se desapuntaban y huían, unas buenas mujeres de la comunidad se apuntaban más que nunca. No han huido. Han ido al sepulcro. Estaba vacío. Y alborotan al personal hablando de unos ángeles que les han asegurado que ÉL vive. Unos del grupo han comprobado, pero no lo han encontrado.
5. Sin embargo lo tienen a su lado haciendo camino con ellos, incapaces de reconocerlo. Claro va vestido de peregrino. Pero afinan el oído. Es un peregrino anónimo pero no un cualquiera. Se sabe la biblia de memoria. Y como si estuvieran en misa, les echa una homilía, una conversación familiar, desmontando su idea del Mesías grande y victorioso que soñaban y que de pronto se ha ido a pique con su muerte ignominiosa en la cruz.
6. ¿No lo sabíais? El Mesías tenía que sufrir antes de entrar en su gloria. Se lo confirma repasando los escritos de Moisés y de todos los profetas. ¡Es esto el que la Biblia dice!
7. Los dos compañeros no lo acaban de entender, es cierto, pero el corazón les arde al oír las palabras del compañero todavía sin nombre. Y se les enciende la luz de la esperanza. Quédate con nosotros. Es tarde. El amigo anónimo acepta la invitación. Se sienta a la mesa con ellos. Y de invitado pasa a invitarlos él. Toma el pan, lo parte, lo reparte y lo comparte. Y cuando se les abren los ojos, ya no lo ven. No hace falta. ¡Saben que es Él! Lo han visto en el gesto de repartirles el pan.
8. Ahora lo entienden. Entienden lo que les decían las mujeres. Jesús VIVE. Y reemprenden impacientes el camino hacia Jerusalén a llevar la buena nueva a la comunidad. Se apuntan de nuevo a la comunidad – ¡la Iglesia!- y comparten con ella el gozo de sentirlo presente.
9. La historia de los dos de Emaús es nuestra propia historia. La enseñanza de Jesús, es la misma que transmite a nosotros en la Eucaristía de cada domingo. Se nos hace presente en la Palabra oída, comentada y asimilada, y en el Pan que partimos cuando actualizamos la memoria de Jesús.
10. Después de la consagración somos invitados a proclamar el misterio de la fe: el compendio de lo que creemos, anunciamos y esperamos. Anunciamos su muerte: Jesús ha muerto por nosotros. Proclamamos la resurrección, la suya y la nuestra: si hemos muerto con Cristo en el bautismo y nos hemos unido en la comunión, también compartiremos la resurrección. Ven, Señor Jesús. No nos ha dejado sólo. Viene cada vez que nos reunimos en su nombre. Y se nos hace presente en cada en nuestros hermanos. El que hacéis a cualquiera de ellos me hacéis a mí.
11. Como los dos de Emaús, pidamos que abrase nuestro corazón y nos abra los ojos. Y nos convierta en testigos suyos ante el mundo. Apuntémonos de corazón y con alegría a la causa de Jesús.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Antoni Daufí cmf

domingo, 23 de abril de 2017

DOMINGO II DE PASCUA

Hoy va de domingos. Jesús manifiesta el gusto por el octavo día que inaugura la nueva creación. El primer domingo es el anochecer de Pascua. Los discípulos, muertos de miedo, se han encerrado en el cenáculo. De hecho era el miedo lo que los tenía encerrados a cal y canto. De pronto, cuando menos se lo esperaban, los sorprende la visita de Jesús. Los saluda dos veces dándoles la paz. Les enseña las manos y el costado. Es el mismo que fue crucificado, pero vive de un modo totalmente nuevo. Una nueva creación. 
Resucitando, Jesús ha roto todas las barreras de espacio y de tiempo y por esto puede estar presente a todo espacio y a todo tiempo. Nada ni nadie le impide comunicarse con los suyos y llenarlos de paz y alegría. 
Todavía no ha vuelto de su sorpresa, cuando los discípulos oyen propuesta imposible: Como el Padre me ha enviado, Yo os envío. Yo ha he cumplido ya con mi tarea, ahora os toca a vosotros continuarla. ¿Nosotros? Claro que sí. Cuenta con ellos. No estarán solos Y alienta sobre ellos. Recibid el Espíritu Santo. “Espíritu” quiere decir “aliento”. Con este aliento divino reconciliaréis a los hombres con Dios y a los hombres entre sí. Reharéis los puentes rotos por aquello que llamamos pecado.
Una pausa. Tomás es un hombre algos despistado y aquel día no “estaba en misa”. Como tantos otros cristianos que creen pero no practican. No tienen contacto con la comunidad.
Tomás tiene tantas ganas de ver Jesús, que de tanta alegría no logra creer. Ahora Jesús repite la escena del pasado domingo. “Aquí me tienes, Tomás. “¡Señor mío y Dios mío!” Hace la mayor profesión en Jesús Resucitado. ¡Dios y Señor! Tomás ha tenido suerte. Pero la nuestra es aún mayor. Creemos en Jesús resucitado y presente entre nosotros. Sin haberlo visto.
En otro domingo Juan recibió la revelación del Apocalipsis. Y los cristianos continuamos encontrándonos todos los domingos. Los cristianos primeros y los de ahora son personas que escuchan ávidamente el testimonio de los apóstoles. Comparten gozosamente lo que tienen. No hay pobres en la comunidad. Parten el pan. A la Eucaristía la llamaban fracción del pan. El pan partido. Partir, compartir y repartir. Y oran. Oran mucho.
Continuemos con la misa dominical. Pongamos en ella toda el alma. Con gran alegría. Dejémonos llevar por el Espíritu Santo que nos impulsa a continuar la obra de Jesús. Contagiemos la alegría pascual a tantos imitadores de Tomás que no creen si no ven. O que creen y no practican. Pero se quedan sin el contacto semanal con Jesús resucitado presente en la comunidad. Dónde hay dos o tres reunidos en mi nombre, estoy yo, dice Jesús. Jesús está aquí, en medio de nosotros. Alegrémonos. Aleluya.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

martes, 18 de abril de 2017

CRISTIANOS DE IRAK EN SITUACION DE GUERRA: GUARDIANES DE LA FE

Recientemente tuvimos la oportunidad de acudir a uno de los pases del documental Guardianes de la fe que realizó Jaume Vives en Irak durante el 2016. Durante la presentación del documental, Jaume Vives dio a conocer la situación vivida fechas atrás y la actual de los cristianos iraquies bajo la guerra constante en la zona. Cómo su fe es inquebrantable ante las amenazas que sufren. Comentó su paso por esas tierras junto a otros componentes del equipo del documental, con situaciones de peligro y arriesgadas. Un documental de investigación de gran calibre, así como una muestra palpable de la vida de los hombres y mujeres cristianas de Irak que día a día permanecen en sus tierras ante el peligro que les rodea.

 

Texto: Cultura y Fe hoy
Trailer Guardianes de la Fe
Foto: Cultura y Fe hoy

UNO A UNO.

¿Se encerrará el misterio de la vida en cada uno? En mí está todo lo mío. Y en ti, todo lo tuyo. Me admiran las personas que, atendiendo a todos, centran sus ojos en cada uno. Jesús, lean el Evangelio, mira con amor a las personas una a una. Ve a Bartimeo, un ciego al borde del camino, y a Zaqueo, subido a un árbol, y a la mujer que le toca el manto para curarse, y a la que le unge los pies con un perfume de nardo en casa de un fariseo, y al joven rico que le pregunta qué ha de hacer para salvarse, y al buen ladrón junto a él en una cruz, y a cada uno de los apóstoles a quienes llama por su propio nombre… Somos amados por Dios uno a uno.
La Semana Santa es para todos. Pero ya el apóstol Pablo les dijo emocionado a sus discípulos recordando la muerte de su maestro: “me amó y se entregó por mí”.  En ese “mi” estaba él y estamos todos, uno a uno. El secreto de Jesucristo estuvo es fijarse en las personas, en cada persona. Su vivir, morir, y resucitar, fue y es para todos pero desde el milagro del amor que siempre ama uno a uno. Como una madre, que ama a todos sus hijos “uno a uno”.
Durante la ocupación alemana la enfermera polaca Irena Sendler salvó a más de 2.500 niños judíos. Uno a uno. Y el ciclista Gino Bartali salvó a casi 1.000 judíos transportando sus documentos uno a uno. Y Maximiliano Kolbe, en el horror de Auschwitz, oyó y vio el dolor de aquel padre de familia que iba ser aniquilado y se cambió por él. 
Hay experiencias duras de soledad: como cuando el dolor se me hace grande, como cuando pienso que mi vida es lo mismo que un número que nadie aprende, como cuando todo alrededor es anónimo y sin figura. Pero todo cambia con la gran novedad: todo se hace nuevo si un día puedo sentir que alguien se fija en mí, me escucha y me ayuda. Mi vida ya no se cambia de sitio, como se hace con una maceta rota, como advertía la pequeña Momo en la novela de Michael Ende, sino que empiezo a sentirme único entre todos y eso es estar, privilegiadamente, vivo.
¿Se encerrará el misterio de la vida en cada uno? Y más. ¿Se encerrará el misterio de la vida que se siente amada, una a una, en la oración? Rezar, como suena y sin más, es ese espacio donde uno se sabe recibido por Dios. En la oración me identifico yo mismo ante Dios y así puedo sentir además que la vida de todos los demás, que ya no importa ni la clase social, ni la cultura, ni el color ni la raza, es única también y hay que defenderla de cualquier agresión. Y lo de ahora mismo: Semana Santa. ¡Claro que es para todos! Pero hay que recibirla uno a uno.

Texto: J. M. Ferrer
Foto: Cultura y Fe hoy

domingo, 16 de abril de 2017

DOCUMENTOS DE SEMANA SANTA: JUEVES SANTO, VIERNES SANTO, VIGILIA PASCUAL Y PASCUA.

JUEVES SANTO. CENA DEL SEÑOR.
1. Haced esto que es mi memorial.
¿Qué es esto que hemos de hacer? Sencillamente: repetir, como ahora, el gesto del Señor Jesús el anochecer del jueves santo. Lo hacían los cristianos de Corinto. San Pablo se lo recuerda y les recuerda a la vez que han de celebrarlo con respeto y dignidad. Cuantos comparten un mismo pan forman un solo cuerpo con el Señor Jesús. Han de tratar pues a los hermanos con exquisito respeto.
2. Para continuar este gesto en la Iglesia, Jesús instituye lo que llamamos el sacerdocio. Representando a Jesús, el sacerdote dice: Haced esto para celebrar mi memorial. Oremos hoy por todos los sacerdotes: que al repetir y actualizar el memorial del Señor, se entreguen ellos mismos con el pan que parten, reparten y comparten. Que el Señor desvele en la iglesia personas llamadas a mantener este servicio en la comunidad cristiana.
3. Hacer el memorial es hacer lo que Jesús hace y nos recomienda: Amaos como yo os he amado. Amada incluso a los que no os aman, como yo he amado Judas que me traicionaba, como he acogido Pere que me negaba, como perdoné en la cruz a los sacerdotes, a los soldados, a la gente que me insultaban: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Como perdoné y perdono el Poncio Pilato y todos los Pilatos que tienen desfachatez de lavarse las manos eludiendo toda responsabilidad en la sangre del Justo Inocente y de tantas otras víctimas inocentes como Jesús. Como he estimado a mi Madre, y al discípulo amado y al grupo reducido pero fiel de mujeres que me ha seguido desde Galilea y ahora están aquí.
4. Hacer mi memorial es también hacer lo que yo hago. Soy el Maestro y el Señor. Y me despojo de mis vestidos de Señor y Maestro y por amor hago con vosotros el servicio propio del esclavo: lavar los pies. Pedro no lo puede soportar. ¿Lavarme tú los pies a mí? De ninguna manera. Husmea la transcendencia del gesto de Jesús. Y él querría ser señor y ser maestro como los amos y los maestros de siempre. Pedro, sé de dónde vengo y a donde voy. Y ahora os mostraré el camino a ti y a todos mis discípulos: Lavaros los pies, serviros con amor los unos los otros no sólo en los servicios que todo el mundo ve y valora, sino en los imperceptibles de la vida de cada día.
5. Y recordarlo: La misa empieza cuando la misa termina. Haréis mi memorial cuando repartáis el pan y bebáis el vino de la eucaristía. Y lo haréis cuando prestéis con amor el servicio más humilde y sencillo y generoso de cada día: al marido y a la mujer y a los hijos; a los vecinos y a forasteros.
6. Y una vez hayáis tomado conciencia de lo que sois, Maestros y Señores como yo, tened presente porque es sirviendo que seréis señores. Y es dando ejemplos concretos de amor que seréis maestros de verdad.
7. Y en este día de la caridad, de Cáritas, pensad en entregaros a vosotros mismos en cada cosa pequeña o grande que hagáis o deis en favor del más insignificante de estos hermanos más pequeños y más necesidades.
8. Y este será vuestro mejor Jueves Santo.

VIERNES SANTO.
1. Impresionan las palabras del profeta Isaías. Describe siglos antes la figura del siervo de Dios que Jesús adoptó y que culminó el viernes santo: no tenía nada atrayente, despreciado, rechazado de la gente, hecho al dolor, desfigurado como un leproso que horrorizaba a quien lo veía. Despreciado y desestimado. Ninguneado. Un don nadie.
2. Es así como este siervo de Dios y de los hombres ha asumido la condición humana identificándose con los más pobres de los pobres, con los crucificados y menospreciados del mundo. Se cargó con las consecuencias de lo que llamamos nuestros pecados. Él, el inocente, es azotado, escupido y humillado. Hasta la muerte y la muerte propia de los esclavos. Es así como nos devuelve la paz y nos sana con sus heridas.
3. No le fue fácil a Jesús aceptar este papel en la historia. La segunda lectura nos lo recuerda: nos presenta Jesús, orando al Padre y suplicándole con poderoso clamor y lágrimas que lo librara de la muerte. Y el Padre lo escuchó y le enseñó con la experiencia de los sufrimientos qué es esto de obedecer. Para Jesús, obedecer fue vivir como un hombre cualquiera, sometido al sufrimiento y a la muerte como nosotros. Y podemos añadirle la cruz. Y por esto nos puede comprender, se compadece de nosotros y nos enseña a vivir humanamente en cualquier situación que nos toque vivir. Así fue de fecunda su cruz.
4. Mirarán al que atravesaron con una lanza, dice san Juan citando al profeta Zacarías. Juan se fijó y miró. Se dio cuenta de que Jesús, al morir, nos entregó su Espíritu. Y a la luz de este Espíritu, comprendió el sentido de la sangre y el agua que brotó del costado de Jesús dormido en la cruz. Y pensó en Adán y Eva. De Adán dormido, Dios formó a Eva. Del costado de Jesús dormido en la cruz brota llena de vida la Iglesia, los cristianos, los que creemos en Jesús. Nos hace renacer con el agua bautismal y nos nutre con la Eucaristía. Fijémonos bien. La Iglesia, nosotros, cada uno de nosotros, somos frutos de un amor inmenso. Hemos salido del Corazón traspasado de Jesús. Valemos muchísimo. Y los sacramentos que celebramos son expresión visible de este amor inexpresable.
5. Juan dice también que no le quebraron ningún hueso a Jesús. Extraño, ¿verdad? Pero si nos ponemos en el tiempo en que Juan escribía, comprenderemos lo que quería decir con estas palabras. Pensaba en la pascua, en el cordero que los israelitas sacrificaban recordando aquella noche en que salieron de Egipto, donde malvivían como esclavos, hacia la libertad. Jesús es el Cordero pascual que quita el pecado del mundo, cantamos. Él nos libra del pecado y nos da la libertad de hijos. Habremos de atravesar todavía el largo desierto de la vida con sus oasis y soledades hasta entrar a la tierra prometida. Jesús mismo hará camino con nosotros y nos alimentará con el pan y el vino de la Palabra y de la Eucaristía compartidos con la comunidad.
6. Y mientras recordamos y agradecemos lo que Jesús nos da, recordamos también que el viernes santo nos hizo un regalo precioso: nos dio por madre a su misma madre. Mujer, ahí tienes tu hijo. Ahí tienes a tu madre. Una madre que sabe qué es sufrir viendo a su hijo muriendo clavado en la cruz. No podía hacer nada. Pero estaba. Es la Madre dolorosa, que nos ama y está siempre a punto por enjugar nuestras lágrimas y recordarnos que después de la oscuridad del viernes santo nos espera la alegría inmensa de la resurrección.


VIGILIA PASCUAL. RESUCITADOS CON CRISTO.
Con el bautismo participamos de la muerte y resurrección del Señor. Por esto toda la vigilia pascual gira en torno al bautismo.
Los cristianos adultos que recibían el bautismo por inmersión, lo veían muy claro:
Al quedar unidos a Cristo Jesús por el bautismo, quedamos unidos a su muerte.  Pues por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre.
Cuando bajaban a la piscina bautismal, los que se bautizaban tenían la impresión de bajar al sepulcro con Cristo y de morir con Él.
Antes de meterse en el agua, dejaban los vestidos ordinarios: dejaban atrás la vida pasada: renunciaban a Satanás, al egoísmo, al pecado.
Se zambullían tres veces en el agua mientras hacían la profesión de fe en Dios Padre, Hijos y Espíritu Santo. Al salir eran ungidos con el óleo llamado “crisma”: eran ungidos como sacerdotes, reyes y profetas, igual que Jesús Cristo o Ungido. Cristo significa precisamente Ungido. Cristiano es el que recibe la misma unción que Jesús.
Y se revestían de un vestido blanco, símbolo de la nueva vida.
Recibían un cirio: “Sois luz en el Señor”-
Y hechos ya hijos de Dios, podían rezar todos juntos la oración de los Hijos: el Padre nuestro.
Hoy renovaré mi bautismo con todos mis hermanos cristianos. Yo era muy pequeñito cuando lo recibí. El Cura me echó una poquita agua en mi cabeza... Por esto, tengo la cabeza bastante bien amueblada. Sé muchas cosas: soy hijo de Dios, miembro de la iglesia, solidario con todo el mundo... En mi cabeza todo cuadra. Pero el agua que bañó mi cabeza, no acaba de llegar a mis manos, a mi corazón, a mis pies... Soy cristiano de nombre, no siempre de hechos. Por esto en la vigilia pascual renuevo cada año mi bautismo y mis promesas bautismales. Espero que poco a poco, año tras año, el agua bautismal me vaya revistiendo de Cristo de pies a cabeza, hasta que Jesús haga de mí un sacramento –un signo visible- de su presencia. Es cierto que en mí Jesús continúa pasando por el mundo haciendo el bien. ¡FELICES PASCUAS! ¡ALELUYA!


PASCUA. NOSOTROS SOMOS TESTIGOS. 
Puede resultar algo decepcionante el evangelio de hoy. En la vigilia pascual veíamos a unas mujeres que van al sepulcro y ven sorprendidas en un ambiente de alegría y de esperanza. Y reciben la misión de comunicar a los apóstoles la buena noticia. Jesús vive i emprende un nuevo camino hacia Galilea: empieza una nueva misión.
Hoy nos encontramos con María Magdalena, impaciente y contrariada. El sepulcro está abierto. Sin entretenerse, corre a comunicarlo a los hombres de la casa: Pedro y el otro discípulo, el amigo de Jesús: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
El testimonio de María no vale. Hacen falta dos testigos masculinos para dar testimonio válido de lo ocurrido.
Ellos lo encuentran todo como la Magdalena les ha dicho. Pero observan atentamente el sepulcro: Los lienzos bien plegados, el sudario enrollado aparte. Nada más.
Pero empieza un proceso de fe, lento pero seguro. Por lo pronto excluyen la hipótesis del robo del cadáver. Los ladrones no se entretendrían en plegar la ropa. Se la habrían llevado con el cadáver dentro.… Se lo habrían llevado con los lienzos y todo.
No ven ningún ángel. La Magdalena verá dos cuando vuelva al sepulcro.
¿Cómo se entiende? El otro discípulo –en la tradición es Juan, pero puede ser cualquiera de nosotros- ve dos mensajes cifrados en los lienzos y el sudario.  Y los lee a la luz de la palabra de Jesús. Al tercer día resucitará.
La fe nace de la palabra. Hasta ahora, no habían entendido nada. La palabra de Jesús y la Escritura –no la visión -  desvelan el misterio. Es la primera experiencia.
De momento Pedro y Juan vuelven a casa, meditativos y prudentes. Ya se hará la luz. Su actitud estática contrasta con la movilidad nerviosa de la Magdalena. Vuelve al sepulcro y ve dos ángeles donde los discípulos sólo habían visto los lienzos y el sudario.
Más tarde Pedro podrá hablar de Jesús resucitado con una experiencia directa, amistosa: Hemos comido y hemos bebido con él después de su resurrección. A esta luz comprende el sentido profundo de la vida de Jesús: Ungido con la fuerza del Espíritu Jesús pasó por todas partes haciendo el bien. Y ahora vive y está presente entre nosotros.
También nosotros hemos comido y hemos bebido con Jesús el Pan y el Vino de la Eucaristía que son semilla de resurrección y de vida. Hemos resucitado con Jesús. Lo recordábamos anoche, en la vigilia pascual.
Somos invitados a mirar nuestro mundo con los ojos de Jesús y a amarlo con el corazón de Jesús resucitado: Con el corazón en cielo –en el mundo de Dios- y con los pies muy clavados en la tierra en el mundo de los hombres para impregnar a los hombres y a su mundo con el amor de Dios. La vida de Cristo escondida en nosotros trabaja perfumando nuestros ambientes con la discreción de la semilla pequeña que germina y crece y florece sin hacer ruido pero impregnándolo todo de un perfume divino. Un día esta vida escondida estallará en todo su esplendor como estalló en la resurrección de Cristo. Y con razón podremos hablar de la Pascua florida.

Texto: J. Sidera cmf
Fotos: Catholic.net y Jano

lunes, 3 de abril de 2017

domingo, 2 de abril de 2017

DOMINGO V DE CUARESMA

1. Ya lo veis: la muerte se presenta cuando todavía parece evitable. «Si Jesús estuviera aquí...» Es un drama familiar como tantos dramas nuestros. Pero ha tenido que huir porque lo querían apedrear. Las hermanas Marta y María conocen a Jesús y lo quieren. Ellas y su hermano Lázaro lo acogían siempre con el grupo de discípulos. Y Él también los quería entrañablemente. Le envía el mensaje con gran discreción: Mira, tu amigo, está enfermo.
2. Jesús se lo piensa. Mide sus pasos. La muerte y la resurrección de Lázaro desencadenarán el proceso que lo llevará al calvario y a la manifestación de su condición de Hijo de Dios.
3. Pasan dos días. –Venga, dice a los discípulos. Volvamos a Judea. El día es corto y hay que aprovechar la luz si no queremos tropezar. Nuestro amigo Lázaro duerme y yo   voy a despertarlo. «Si está dormido, ya sanará».
4.  Lázaro duerme.  ¿Lo habéis pensado alguna vez? La palabra «cementerio» quiere decir dormitorio. El lugar donde los difuntos duermen mientras esperan la palabra salvadora de Jesús Camino, Verdad y Vida.
Hoy hablamos de tanatorio: todo se acaba con la muerte. No hay nada que esperar. Cementerio o tanatorio: las palabras no son neutras. Jesús da un nuevo horizonte a la muerte.
5. Ya estamos en Betania. -Señor, le dice Marta. Si hubieras estado aquí, no se me habría muerto el hermano. Marta pertenece al grupo de los buenos israelitas que creían en la resurrección universal en el último día. Cree que Lázaro resucitará, pero no ahora. Ahora sólo siente la frialdad de la muerte y la nostalgia del hermano querido. Pero con Jesús ya estamos en el último día. «Yo soy la resurrección y la vida.» Él nos da la vida plena de comunión con Él y con el Padre.
6. -¿Lo crees?  -Sí, Señor, yo creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que viene al mundo. 
Es la misma profesión de fe de Pedro, la piedra sobre la cual Cristo fundamenta su comunidad de creyentes. Nuestra fe no descansa sólo en la fe de Pedro, sino también en la fe de Marta, una mujer.
7. María repite a Jesús las palabras de Marta. Y Jesús rompe a llorar. Jesús llora por el amigo y por las personas que sufren. ¡Cómo quería a Lázaro y a sus hermanas!... Si tanto se lo quería ¿por qué lo dejaba morir?  Un comentario digno del tanatorio. Pero Jesús no ha venido a suprimir el dolor ni siquiera a explicarlo sino a llenarlo de su presencia, a suavizarlo con sus lágrimas.
8.  Lázaro, a la voz poderosa de Jesús sale del sepulcro.  Sale tal como entró: atado de pies y manos. Desatadlo. Soltadlo...
La resurrección que esperamos no es como la de Lázaro: el retorno a la misma vida de antes. No, la resurrección es una nueva creación, una nueva manera de vivir y de relacionarse.
9. Jesús, saliendo del sepulcro, dejó la sábana y el sudario que lo envolvían y  salió libre de toda atadura.  Libre y libertador. Lázaro ha vivido sobreprotegido por el amor de sus hermanas, preocupado por sus obligaciones sociales y empresariales. Desatadlo y dejadlo ir. ¡Dejadle ser él!
10. Estamos a las puertas de Pascua. Nuestra fe descansa en la muerte y resurrección del Señor, que compartimos desde nuestro bautismo. Si hemos muerto con Él, con Él resucitaremos. Entre tanto, con las prácticas cuaresmales librémonos de las mil ataduras que no nos dejan vivir ni ser lo que somos. Libres para amar a Dios. Libres para realizarnos como hijos de Dios. Libres para servir a nuestros hermanos. Libres para seguir el impulso del Espíritu Santo que habita en nosotros.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano