domingo, 19 de marzo de 2017

DOMINGO III DE CUARESMA

1. La samaritana es una mujer sedienta de agua, de amor y de saber. Junto al pozo encuentra a un personaje al parecer rabino judío. Se sorprende que le pida agua: ¿Tú me pides de beber a mí, mujer y samaritana? Se siente segura. Puede chantajear al maestro. Sabrá muchas cosas, pero si yo quiero, le dejo con toda su sed.
2. El Maestro le promete chorros de agua de calidad superior. ¿De veras? ¿Es mayor que el patriarca Jacob? Si ni cubo tiene y el pozo es profundo.  El agua que yo le daré será un manantial de vida eterna.
3. ¡Qué bueno! Dame de esta agua. Ahora es ella la que pide. No sabes lo pesado que es venir por agua al pozo bajo un sol de justicia y volver al pueblo con el cántaro a la cabeza.
4. Llama tu marido... -No tengo. -¿Cómo que no?  Has tenido cinco y el que ahora pasa como tal, no lo es. La mujer tiene sed de amor y mira de saciarla como sea. Parece que esto de los maridos tiene más jugo de lo que parece.
5. Hay en ello un trasfondo simbólico interesante. En la Biblia Israel es la esposa de Yahvé. Cuando se va con otros dioses, adultera.  Samaría ha tenido en la historia cinco dioses –cinco maridos- y el culto que ahora da a Dios es cismático, ilegítimo. Aun así llámalo.
6. Eres profeta. La samaritana tiene sed de saber. Ya se preocupa de maridos. Ahora se interesa por una cuestión de culto. ¿Quién tiene razón: los samaritanos que adoran a Dios en el monte Garizín, o los judíos que lo adoran en Jerusalén? Por ahora la razón está de parte de los judíos, le dice Jesús. Pero esto ha cambiado: Dios es Espíritu y quiere adoradores que impulsados por el Espíritu, se le dirigen con Jesús como Abbà, Padre.
7. Dios es adorado, conocido y amado donde hay uno que diga de corazón el Padrenuestro. El templo, el centro de culto, es Jesús resucitado que se hace presente donde hay dos o tres reunidos en su Nombre. Siempre que contraponemos un lugar de culto a otro, estamos en el tiempo de la samaritana. La Iglesia somos las personas, no los edificios.
8. ¡He encontrado el Mesías!, se dice la samaritana. Deja el cántaro y corre a llevar la noticia a los conciudadanos. De evangelizada pasa a ser evangelizadora. Entre tanto Jesús se queda sin agua y sin la comida que le traen los discípulos. Su alimento es hacer la voluntad del Padre que ahora le pone ante los ojos unas espléndidas mieses a punto de siega.
9. Quédate con nosotros. Y se queda un par de días con ellos. La Samaritana ya se puede retirar. Ellos mismos han comprobado que tiene razón. Jesús hace honor a su nombre: es Jesús, el Salvador del mundo. Es Emmanuel, Dios con nosotros.
10. Señor Jesús, también nosotros tenemos hambre y sed no de agua y de pan, sino hambre de escuchar tu palabra. Apaga nuestra sed de agua, de amor y de saber.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano Cuaresma

No hay comentarios:

Publicar un comentario