jueves, 9 de marzo de 2017

DE COLOR CENIZA (A PROPÓSITO DE LA CUARESMA)

¿A quién se le ocurre ponerle a un miércoles el apellido ese “de ceniza”?  ¿Podría ser, es una pregunta, que la ceniza tenga un algo que esté “más allá de” ella misma? ¿Qué había antes de lo que ahora es ceniza?  ¿Qué será después? Ahora decimos que no vale nada. ¿Seguro?
¿Es posible aplicar esta reflexión al alma humana? Los animales no saben si valen o no. Las personas nos lo preguntamos y a veces nos pasa que esos subjetivismos nuestros, movidos por hilos muy misteriosos, nos causan sufrimientos añadidos a la vida: esos que vienen de la baja autoestima, del pensar que estamos solos, que no merecemos amor y que somos… ceniza.
No va por aquí el espíritu del “miércoles de ceniza”. Nada que ver con las apariencias o con lo que sólo captan los sentidos. En el misterio de ese “miércoles” se atisba la Pascua, la vida entera, y se nos dice que todo lo nuestro, pequeño y limitado, está llamado a ser algo grande porque, aunque es verdad que somos seres creados, es decir no creadores, hemos sido creados para vivir plenamente porque nos ha amado el Creador.
La Cuaresma que empieza, un año más, “vende poco” en la Bolsa de las ferias de la vida. Pero tiene tanta esperanza dentro, y lleva tanta luz entre sus días, que hay que decir “gracias, Cuaresma, porque nos das la buena noticia de que nunca, nadie, ha de seguir penando que es ceniza”. Todos, hasta el último de nuestras filas, que también hay que preguntarse quién decide quién es el último, es amado, creado por amor, y llamado para que pueda vivir con plenitud.

Texto: J. M. Ferrer
Foto: Cultura y Fe hoy

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