lunes, 27 de febrero de 2017

DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Hoy el Maestro nos despista. Después de tantos siglos encendiendo un cirio a Dios y otro al diablo, cuando ya parecía que nos iba bien, va y nos echa un jarro de agua fría y nos los apaga... No podéis servir a Dios y al dinero. Y lo remachará más todavía. Es más fácil que un camello pase por el agujero de una aguja que un rico reconozca a Dios como Señor. ¡Solo nos faltaba esto!
2. Pero es que el dios “Mammon” – ¡poderoso Caballero es Don Dinero! - es absorbente y explota la codicia arraigada en el corazón del hombre. Y de la mujer, como dicen ahora. Quien se aferra al dinero, vende su alma al diablo, se corrompe y corrompe todo lo que encuentra. Los diarios y los juzgados andan llenos. No tiene entrañas. Y sus víctimas suman millones y millones.
3. Como esta enseñanza no nos entra, el Maestro se vale de dos ayudantes de cátedra (no me lo invento yo, lo dice Kierkegaard...): los pájaros y las flores silvestres... Con maestros tan así no iremos muy lejos, ¿verdad? Pues, sí.
4. Mientras los oímos y vemos, escuchamos una melodía sorprendente. Una invitación a la confianza en un Dios que tiene unas entrañas paterno maternales. Una madre –digámoslo llorando- puede deshacerse de su hijo. Dios no nos dejará nunca, nunca, nunca. Nos podemos fiar.
5 Fijaos, dice el pajarito, no sembramos ni cosechamos ni almacenamos. Y el Padre celestial nos alimenta. Vosotros, hombres y mujeres, valéis mucho más que todos los pájaros a los ojos de Dios.
6. Fijaos en Salomón, nos dice la flor del campo. ¿Quién viste con más elegancia, naturalidad y fragancia él o nosotras? Pues vean: no sabemos hilar ni tejer. Y Dios nos viste. Vosotros valéis mucho más a los ojos de Dios.
7. ¿Qué sacáis de agobiaros? ¿Podéis alargar un palmo a vuestra vida? El agobio paraliza. Os habéis de liberar de él para disponer de toda vuestra energía.
8. Medid vuestras fuerzas. Apenas podéis llevar la carga de hoy ¿y ya os cargáis la de mañana? Cada día tiene bastante con su carga. La de mañana, ya lo llevaréis mañana.
9. ¿Podrías encargarte de este asunto?, le decía el párroco a un compañero. - ¡Claro que sí!  Me preocuparé...  –Entonces no. Con que se ocupe, tengo bastante. Trabajar con paz y serenidad es más eficaz y sale más a cuenta.
10. Confiar en la providencia de Dios no significa no trabajar ni ocuparnos en ganarse por el pan de cada día, sino ponerse en manos de nuestro Padre Dios y cambiar la angustia y la desazón por la confianza.
11. Y centrémonos en lo esencial: en el proyecto de Dios sobre el mundo y sobre nosotros. Venga a nosotros tu reino. Hagamos nuestro este proyecto. Que vuestro afán primero sea vuestro Señor y la fidelidad a su designio, y todo lo demás Él os lo dará de por añadidura. Este designio amoroso de Dios nos incitará a colaborar con toda el alma a hacer más justo y más habitable este mundo... La confianza en Dios nos lleva al compromiso social como expresión concreta del amor que nos debemos a nosotros y a los demás. El éxito está asegurado. No estamos solos.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

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