sábado, 18 de febrero de 2017

DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Observemos ante todo la invitación a SER santos como el Señor es santo y a SER Hijos del Padre celestial. De esta conciencia profunda de lo que SOMOS brotará naturalmente lo que HACEMOS, la actitud de amor.
2. Amar al prójimo para el Levítico excluye no guardar rencor contra nadie. Y si hace falta, ayudarlo a comportarse como es debido con una amable corrección. No hay lugar para el resentimiento o la venganza.
3. Jesús se apropia el precepto del Levítico. Pero lo lleva más allá: Primero supera y deroga la ley del talión: Ojo por ojo, diente por diente. El talión suponía un notable progreso comparado con las siete veces con que sería vengado Caín o las 70 veces que se permitía Làmec.  En realidad en nuestro mundo predomina la ley del talión. Y menos mal si se tuviera en cuenta. Creo que a veces saldría ganando la justicia aplicando la ley del talión.
4. Jesús deroga esa ley del talión y le opone la no violencia pasiva. No responder a la violencia con violencia. Y la no violencia activa: proponiendo soluciones más humanas a los problemas inhumanos o tan humanos.
5. Jesús se la creyó: Padre, perdónalos... Pero a la bofetada violenta del esbirro, no paró la otra mejilla. Le invita a reflexionar. Si he hablado mal, demuéstrame en qué. Y si bien, ¿por qué me pegas?
6.  Gandhi y Luther King se la creyeron y la practicaron. Y los objetores de conciencia ante el servicio militar. Los costó la piel o años de incomprensión y de cárcel. Pero han demostrado que la utopía es posible. Y también toda la multitud de mártires cristianos que murieron perdonando. Y los padres y madres de mártires que perdonaron a los verdugos de sus hijos.
7. Jesús da un paso más. Sabéis que dijeron: Ama al prójimo, pero no a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos, orad por los que os persiguen. Responded al mal con la abundancia de bien.  Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo. Esta es la gran novedad de Jesús: amar a quienes no nos aman, amar a quien nos quieren mal y quieren destruirnos.
8. No tiene ningún mérito amar quienes me aman, saludar a quien me saluda. Esto lo hace cualquiera. Esta es la espiritualidad de la regadera o de la linterna. Un rayo de agua a esta flor, un rayo de luz para aquel.  Esto lo puede hacer todo el mundo. Jesús nos ensancha el horizonte. Propone la espiritualidad del sol y de la lluvia. Lo iluminan todo, lo riegan todo... Es la espiritualidad de vuestro Padre del cielo. Es la espiritualidad de Jesús. Como el Padre ama, yo os amo. Amaos como os estimo yo.
9. No os quedéis a medio camino, nos dice Jesús. Y nos pone un ideal inasequible: el amor del Padre celestial. Perfectos como Él... Casi nada.  ¿Os imagináis cómo sería el mundo si nos tomáramos a pecho esta invitación de Jesús?  Y sin embargo son muchos los que se lo toman así. Luego es posible.
10. Con todo tengamos en cuenta una cosa: un ideal muy alto. Perfectos como el Padre Dios. Tanto nos ha amado que nos ha dado su Hijo... Y el Hijo, para hacer posible este amor, se nos da en comida y bebida en cada eucaristía...
11. Y para alcanzar ese ideal imposible, Jesús nos pone un modelo: el niño. El niño es una personilla en camino... Andando y cayendo, levantándose y volviendo a caer y volviéndose levantar bajo la mirada complaciente del padre y de la madre, nosotros nos hemos ido creciendo y somos lo que somos. Sabremos mirar al prójimo con los ojos de Dios y lo amaremos con el corazón de Dios... 

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

No hay comentarios:

Publicar un comentario