martes, 14 de febrero de 2017

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO

1. ¿Alguien recuerda la casuística entorno a la misa o del ayuno eucarístico? ¿Hasta dónde podemos llegar tarde sin faltar?  La ley civil hace igual: ¿Hasta qué semana se puede interrumpir una vida en camino sin que te metan en la cárcel? 

2. Jesús no está por casuísticas. ¿Qué es lo que Dios quiere, cuál es su intención cuando dice: No matarás, no cometerás adulterio, no quebrantarás el juramento ¿Nos hemos de encallar en la letra o ir más allá?
3. Ninguna ley hace mejor a la persona. De dentro del corazón, del centro vital de la persona, mana el bien y el mal. La letra encoge. El Espíritu libera. Lo que cuenta es la respuesta de amor al amor de Dios y del prójimo.  Nos lo decía el Eclesiástico: El hombre tiene delante la vida y la muerte: le darán lo que escoja.
4. Jesús, va derecho a la raíz, al porqué del mandamiento: el servicio a la vida, a la justicia, al amor, a la verdad. Para él, el centro lo ocupa la persona. Y rechaza todo lo que atenta a la dignidad de la persona, venga de donde venga.
5. Jesús repasa algunos mandamientos. No matarás. No cometerás adulterio. No romperás el juramento. Pero no se para en el NO. Va más allá y nos lo dice en positivo: Respeta la vida, respeta el amor, respeta la palabra.
6. Si no quieres matar, aprecia y respeta a la persona. Respeta y ama la vida. Y arranca del corazón lo que la destruye: el odio, los celos, la envidia –recordemos a Caín-, la venganza. Y la palabra ofensiva: el insulto, la calumnia, la mentira, las medias verdades. ¿Sabes?  ¿Aún no te has enterado? Todo el mundo lo dice... Todo vale para destruir al que estorba. Hay una emisora que pasa por católica que, so capa de informar, ataca o ningunea sin compasión a las personas o grupos sociales que no comparten sus opciones políticas o sociales. El odio y el resentimiento mantenidos, privan de la comunión. Si comulgamos hemos de rezar sinceramente la petición del Padre nuestro: perdónanos como nosotros perdonamos. Démonos fraternalmente la paz.

7. Respeta el amor humano. El otro -hombre o mujer- son personas, no cosas de usar y tirar. El amor del hombre y la mujer no es el deseo egoísta de la propia satisfacción. La atracción física sin amor convierte la persona en objeto, en cosa. La maté porque era mía... El matrimonio no es un juego de muñecos y muñecas, sino la relación de dos personas enteras y maduras que se aman y conviven para un objetivo noble y creativo. Son un sacramento, signo visible y eficaz del amor de Jesús a la humanidad.
8. Son de plena actualidad estos principios que proclama Jesús. Los casos concretos de fracasos personales siempre sensibles dejémoslos a la misericordia de Jesús. Es la Misericordia que acoge y comprende nuestra miseria y fragilidad.
9. Respeta la palabra. Cómo tenemos experiencia de nuestra propia mentira, no nos fiamos de la palabra del prójimo. Y juramos o nos hacen jurar. Hoy los políticos se niegan a jurar por Dios y los evangelios. Y hacen bien: así no toman el Nombre de Dios en vano. Ahora juran por su honor. Seguro que desconocen la raíz bíblica de jurar por el propio honor. Es una enorme responsabilidad. Como para ponerse a temblar.  Sólo Dios jura por su honor. Un hombre cabal no necesita jurar. Sí cuando es sí. No cuando es no. Así de sencillo. Quien no respeta la palabra o el apretón de manos no respetará tampoco la palabra escrita.
10. Jesús simplifica la Ley y revela su significado radical. Habla a hombres y mujeres que se toman la vida con madurez y responsabilidad. Porque saben que cuentan con la bendición de Dios que es Amor.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: catedraldeescuintla.com

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