sábado, 4 de febrero de 2017

DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

1.            Nihil esse utilius sale et  sole. Es una frase lapidaria de Plinio el Viejo en su monumental obra sobre la historia natural. Realmente no hay nada más útil y necesario que el sol y la sal, la luz y la sal.
2.            Pues Jesús nos dice que esto tan útil y necesario lo somos los cristianos para el mundo. Vosotros sois
•             La sal de la tierra
•             La luz del mundo
•             La ciudad construida sobre un monte. Casi nada.
3.            La sal era antiguamente un bien escaso y caro. Cuando hablamos de salario pensamos en la ración de sal, paga, sueldo...  Había una vía salaria, la ruta de la sal como hablamos de la ruta de la seda.
4.            La sal sirve para aliñar. Era también signo de hospitalidad... El forastero que llegaba a una casa recibía una ración de pan y de sal. Negar el pan y la sal era signo de enemistad.  La sal también conserva.  Y como conserva, significaba la solidez de un contrato. Era una alianza sellada con sal (Nm 18,19).
5.            Para que la sal haga su efecto se ha de mezclar: si hay demasiada, malo. Si hay poca, malo también. Ha de actuar con discreción. Sólo se nota cuando falta o cuando sobra. Así ha actuar el cristiano. Como la levadura en la masa. Un puñadito hace maravillas. Pero se ha implicar. No quedarse al margen de la vida cristiana o social. Todos conocemos personas tan sencillas y humildes que parece que no   están. Pero cuando se van o se mueren, ¡cómo las echamos de menos! Eran tan discretas como la sal.
6. Sois la luz del mundo.  La luz está e ilumina. No sabe que ilumina. Simplemente, ilumina. Del Bautista, Jesús decía que era una lámpara que iluminaba consumiéndose.
Claridad y discreción también. Pero no se puede esconder. La ponemos en un punto alto para que ilumine, no para ser contemplada. Igualmente tiene que resplandecer vuestra luz ante la gente. Al ver el bien que obráis, les daréis a conocer la bondad del Padre del cielo.
7. El cristiano que se tome seriamente las bienaventuranzas, sin ni darse cuenta hace de sal y de luz. Como se siente pobre, no se cree más que nadie. Es de condición suave, dócil; ni arisco ni agresivo. Defensor de los derechos de Dios y de las personas, especialmente de las más vulnerables. Es limpio de corazón capaz de percibir a Dios y de verlo en las personas, luchador en favor de la paz personal, familiar, vecinal, nacional, internacional.
8. Somos todavía algo más: ciudad construida sobre el monte, que no se puede camuflar. Me parece que Jesús pensaba en las ciudades de refugio donde se acogían huyendo de ser víctimas de la venganza quienes habían hecho daño a alguien sin querer. El cristiano es acogedor. Cómo Jesús: venid a mí... Con tantos refugiados que sufren hoy, las ciudades de refugio - los cristianos abiertos de corazón- son más necesarios que nunca.
10. Vale la pena ser cristiano. Pensemos sin embargo que se trata más de ser que de hacer. Si hacemos cosas, pongamos alma y corazón en lo que hagamos. Como Jesús. Como María y José. Como la luz, como la sal, como una ciudad de refugio.
La oración de San Francisco expresa como plegaria lo que somos como cristianos: luz, sal, ciudades de refugio:
Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el   Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz...

Texto: J. Sidera cmf
Foto: amigoscatolicos

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