miércoles, 25 de enero de 2017

PARÁLISIS SILENCIOSA

La frase, expresiva una vez más, es del Papa Francisco. En la Vigilia de oración de la última Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, les decía a los jóvenes que se paralizaban si confundían la “felicidad” con un “sofá”.   Si el sofá ayuda a la comodidad y a la tranquilidad y sugiere la idea de quedarse en casa,  la vida, les decía,  nos obliga a dejar huella. Con una imagen capaz de decir mucho en poco, les animaba a cambiar el sofá por un par de zapatos. No sentados sino caminando es como se descubren nuevos horizontes y nuevas posibilidades para hacer el bien.


Releyendo esto he pensado en la Jornada de la Infancia misionera que se celebra este domingo. Hace ya muchos años, era el año 1843, un obispo francés movilizó a niños de su entorno creyendo que ellos tenían que ser los más eficaces evangelizadores, es decir, anunciadores de buenas noticias y de buenas obras, para otros niños. Desde ahí se comenzaron hermosas historias de solidaridad, -de caridad-, y las Obras Misionales, a través de las actividades de la Infancia misionera, ayudan a resolver muchas situaciones dramáticas en las que se ven envueltos niños de diferentes países. Los niños no están quietos, se mueven. Pero necesitan adultos que les encaucen bien esos movimientos y que les motiven para salir de sí mismos y ofrecer a otros, que no tienen, lo que ellos tienen.

Esta Jornada es de los niños pero, no equivocarse, no es cosa de niños. Es cosa de adultos, -padres, profesores, catequistas, agentes sociales-, que son, en definitiva  los que orientan la vida y el sentir de los niños. Por eso, la Jornada de la Infancia misionera es de todos, naturalmente. 

Texto: J.M. Ferrer
Foto: OMP

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