sábado, 7 de enero de 2017

BAUTISMO DEL SEÑOR


1.   Isaías anuncia un personaje ideal. ¿Un personaje concreto? ¿Ciro, el rey de Persia que devuelve a su tierra a los exiliados israelitas?  Otros creen que se refiere a una colectividad. El siervo sería el pueblo de Israel, una bendición para todos los pueblos.
2. Es un hijo y siervo, muy amado, el orgullo de su Padre. ¡Está contento de él! El Padre lo ha llenado de su Espíritu para que implante el derecho –unas relaciones humanas verdaderamente   humanizadoras- no valiéndose de la violencia, sino por el camino de la suavidad y   dulzura. Con una gran sensibilidad para salvar todo lo salvable de cada pueblo y de cada persona. Si es una caña cascada,  hará de ella una flauta de música festiva. Si es una mecha humeante, le devolverá la llama y la luz.
3. Tiene la fuerza tenaz del amor: no se cansa ni desfallece. No mantendrá  a los súbditos ciegos, sordos y mudos para poderlos dominar como esclavos despersonalizados. Al contrario: les abrirá los ojos y los oídos, y les desatará la lengua para que todos se expresen con la libertad, fruto y expresión del amor. Son ciudadanos de Dios, sus hijos muy amados.
4. Si anteayer celebrábamos una gran Epifanía o manifestación de Dios, hoy  celebramos otra. Jesús viene de Nazaret a la vera del Jordán para recibir el bautismo de Juan. Y se une a la larga fila de   pecadores dispuestos a emprender el nuevo camino que los lleve del exilio a la libertad. El bautismo o inmersión en el Jordán recordaba a los israelitas el paso por el Mar Rojo. Signo de empezar una vida nueva.
5. Juan reconoce a Jesús. No se cree habilitado para bautizarlo. Es él quien necesita ser bautizado. Pero Jesús reconoce y dignifica la misión de Juan. Juan cumple la misión de preparar los caminos. Jesús lo acepta de buen grado y se somete humilde y sencillo a la ceremonia de inmersión.
6. Y este es el momento de la epifanía, el instante en que el Padre revela quién es este joven apuesto que se hace bautizar. El cielo que parecía cerrado desde hacía siglos, ahora se abre para dejar paso al Espíritu que se posa sobre Jesús con la ligereza y la gracia de la paloma. La voz del Padre aplica a Jesús lo que Isaías había anunciado. «Este es mi Hijo amado, mi predilecto.» Es el Hijo, el único. Dios  está plenamente satisfecho de él. Puede contar con él. Y con la fuerza y la presencia del Espíritu, llevará a cabo la misión confiada.
7. Fijémonos cómo toda la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo- interviene personalmente cuando se trata de devolver a la humanidad su dignidad original. El Padre y el Espíritu se hacen personalmente presentes en el Hijo y le acompañarán en el nuevo camino que ha de emprender.
8. Esta misión moverá a Jesús a recorrer un largo camino a veces llano, a veces empinado, a ratos aplaudido por la multitud y luego escarnecido y llevado a la cruz. Pero en todo momento Jesús realiza la hoja de ruta marcada por el profeta: salvar, curar, suavizar. Pasará haciendo por todas partes el bien. Porque el Espíritu estaba con Él para hacer retroceder el mal, reestructurar las personas y convertir a los esclavos en hijos e hijas muy amados del Padre.
9. Recordemos nuestro bautismo. Fuimos sumergidos en la vida de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y ungidos para continuar en nuestra vida cristiana la vida y la obra de Jesús: vencer el mal en todas sus formas, reestructurar las personas, pasar por la vida haciendo y el bien, como Jesús.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: aciprensa.com

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