domingo, 10 de diciembre de 2017

DOMINGO II DE ADVIENTO

1. En la profecía de Isaías resuenan varias voces. Escuchémoslas atentamente. La primera proclama una palabra alentadora a los israelitas exiliados en Babilonia: Consolad a mi pueblo. Habladle al corazón. Se acabó el tiempo lejos de la patria añorada. Los errores pasados que los han llevado al fracaso, han sido reparados. Dios se lo perdona todo.


2. Una segunda voz anuncia un nuevo éxodo, una nueva salida de Egipto hacia la libertad. Y anima al pueblo a abrir y acondicionar los caminos desolados para facilitar la vuelta a la patria. Les guía el Señor Dios en persona. Un Dios que no puede ver impasible a ningún pueblo oprimido o esclavizado. 

3. Más todavía: No temáis a nada ni a nadie. El Señor compromete su poder en liberarlos. Y se empleará en ello con la autoridad y ternura del buen Pastor: Reuniendo el rebaño disperso, llevando en brazos a los corderos, cuidando a sus madres. Rezuma salvación, alegría, amor, verdad y justicia. 

4. El salmo de hoy contiene también un ramillete de anuncios gozosos. Dios anuncia la paz a su pueblo. El amor y la bondad se encuentran. La justicia y la paz se besan. Y tierra, fecundada con tales dones divinos, dará su fruto. Es el anuncio de un cielo nuevo y una tierra nueva. Un concepto nuevo de Dios Padre y Pastor y un mundo nuevo donde reinará la justicia, donde la norma será el respeto a Dios, al hombre y a la naturaleza.

5. Ahora aparece Juan Bautista y actualiza la invitación del profeta Isaías: Allanad el camino al Señor. Y él se pone manos a la obra con la vida austera de una persona íntegra, valiente y libre. Ha aprendido a vivir con poca cosa. Se desentiende de cualquier estorbo que dificulte la transparencia de su mensaje.

6. Propone un cambio de vida. Convertirse y bautizarse. Convertirse significa cambiar de chip, cambiar de mentalidad. Reconocer los propios errores, confesarlos y arrepentirse de ellos. Dejar atrás el pasado propio de esclavos y de gente inmadura, y librarse de todo lo que nos impide nosotros mismos y responder con agilidad a lo que Dios quiere. Hoy es moda exigir a los otros que pidan perdón. Está en la línea del evangelio y dentro del espíritu del adviento, siempre que antes de sacar la mota del ojo ajeno se sea bastante lúcido para sacar la viga del suyo.

7. Bautizarse es un rito dinámico. El que venía del desierto, antes de entrar en la tierra prometida se encontraba con el río Jordán y debía que sumergirse en él si quería llegar a la otra orilla y ganar la plena libertad. Dejar el pasado y disponerse a la novedad incierta.

8. Pidiendo perdón a Dios y a los hermanos y renovando nuestro bautismo nos prepararemos para recibir dignamente “al que viene” y esperamos. “El que viene” es más poderoso que Juan Baptista porque viene revestido de la energía del Espíritu Santo. El agua sola no puede gran cosa. El agua y el fuego del Espíritu purifican, renuevan y crean.

9. En su buena fe y generosidad, Juan se creería por muy honrado si podía prestar a Jesús de Nazaret, cuando llegase, el servicio propio del esclavo: abrocharle y desabrocharle las sandalias.

10. No lo dice todavía pero lo deja entrever. La grandeza y el poder del Mesías que anuncia no se impondrá con el imperio de la ley ni con otro imperio, sino poniéndose a nuestro servicio. No vendrá a ser servido sino a servir. Hasta lavar los pies. Esta actitud no ha que impregnar solo nuestro Adviento sino toda nuestra vida cristiana.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: diegojavier.wordpress.com

jueves, 7 de diciembre de 2017

INMACULADA CONCEPCION (8 DE DICIEMBRE)

1. Los padres y madres que estáis aquí ¿cómo soñabais el niño o la niña que deseabais? Y ¿cómo fue el choque con la realidad?.


2. Pues bien: Dios soñó en nosotros. Al escogernos amorosamente nos propuso un ideal: la persona de su Hijo. Él sería el hijo mayor de una larguísima serie de hermanos. Nos pensó y amó y nos vio en Jesús. 

3. San Pablo da gracias al Padre porque nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones. Nos amaba tanto que nos eligió en él antes de crear el mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia. 

4. La segunda lectura nos presenta el choque del sueño de Dios con la realidad. Pensaba descansar tranquilo porque Adán y Eva se harían cargo de llevar adelante la creación apenas estrenada. ¿Adán y Eva? ¿A qué viene ahora este mito con nosotros tan avanzados y cultos como somos? Pues sí, tan avanzados y cultos como somos, aún no nos hemos dado cuenta de que Adán significa hombre. Cada uno de nosotros somos Adán/Eva. Puestos ante una decisión determinada, actuamos contra conciencia. Alguna “serpiente” sinuosa nos ha fascinado y... Algún día fue el primero. La Biblia lo “retroyecta” al principio de la humanidad.

5. ¡Mira!, dice el amiguete. ¿Quieres? No, mi madre me ha dicho que las drogas... ¿Qué sabe tu madre? Pruébala y sabrás tanto o más que ella. La prueba y se les abren los ojos. Vuelven a casa. ¿Qué tienes, hijo? ¿Qué te ocurre, hija? Nada, mamá. Y se inventan una mentira. Y después... Vidas y familias destruidas. Ahí tenemos a Adán, Eva y la serpiente. Esto se parece a lo que llamamos pecado original.

6. ¿Está todo perdido? Siempre hay una rendija de luz y de esperanza. Un día el niño o la niña se asentarán y enderezarán su camino. Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te herirá en la cabeza y tú le heridas su talón. La mujer tiene dos caras: Eva y María.

7. La Inmaculada representa el principio de la salvación. María es la realización perfecta del proyecto de Dios: Santa e irreprochable a los ojos de Dios. El divino Alfarero ha formado en ella la figura perfecta, ha modelado el molde perfecto en que a su tiempo vaciará a su Hijo, nuestro hermano mayor. Inmaculada. Por pura gracia de Dios.


8. Para realizar la obra más trascendental de la historia, nosotros habríamos pensado en una mujer guapa, sabia, rica, vestida de tisú, de oro y brocados. Y en palacio de fantasía. Pues no. Dios solo se propuso que fuese mujer. Solo mujer. Íntegramente mujer. Así cualquier mujer –y cualquier hombre- se puede identificar con ella. El mayor regalo que Dios no ha hecho es el hombre o la mujer que somos. María nos enseña cómo serlo. 

9. Dios la liberó desde el primer momento de su existencia de todo estorbo que la impidiera responder generosamente a la confianza que depositó en ella. Por lo demás quiso que recorriera el camino de la fe, un camino bastante más escarpado que el nuestro. 

10. Elisabet la felicitó precisamente por su fe. Y Jesús dirá: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra y la cumplen. Por esto podemos cantar como Ella: Dios se ha fijado en la humildad de su sierva. Todas las generaciones – y también nosotros- me felicitarán.

11. Que Ella nos acompañe en el camino de la fe, la esperanza y la caridad en los momentos difíciles que vivimos en nuestro país. Por encima del imperio de la ley, sigamos como María y con ella la ruta liberadora del amor.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: sor Isabel Guerra (monasterio cisterciense de Santa Lucía-Zaragoza)

lunes, 4 de diciembre de 2017

CUESTA, PERO VALE

Cuando Mark Spitz ganó siete medallas de oro, en natación, en los Juegos olímpicos de Munich, en 1972, todos se preguntaban dónde estaba el secreto. Los periodistas de entonces le hicieron muchas peguntas. Y al final todo se resumía en esta respuesta, tan corta y nada sorprendente: “lo que he hecho en estos últimos cuatro años, dese los anteriores Juegos olímpicos, ha sido esto: nadar, nadar, nadar”. 


Ser el primero, y ser el primero entre los mejores, no sale gratis. Sale del esfuerzo, de la constancia y de la laboriosidad, que viene de la palabra latina labor, que significa trabajo, tarea y fatiga. ¡Claro que el trabajo cansa y da fatiga! ¡Que se lo pregunten al científico que quema sus cejas en el laboratorio para encontrar una fórmula que busca desde hace años! Pero tiene motivos y razones para hacerlo y con ese motor puede llegar hasta donde haga falta. A. López Quintás escribió en su libro sobre los valores que uno de los rasgos de la laboriosidad es prestar la debida atención a lo importante. Sin estar atentos, sin trabajo y esfuerzo, se suele preferir lo agradable y descuidar lo necesario. 
¡Cómo se grita hoy eso del “vivir aquí y ahora”. En el fondo de esa frase, que ya se encuentra en los epicúreos poetas griegos, no hay vida intensa sino superficial y es dejar que el tiempo se muera sin haberlo vivido. El tiempo que se vive es el que deja poso, el que se ha conquistado, el que me ha permitido ser y hacer, el que siento como tiempo ganado, no perdido, porque en él me he comprometido. 
Por lo demás, no es “en un día” como se consigue el desarrollo de nuestras cualidades y habilidades, sino en el ejercicio diario y constante que supone esfuerzo y tener razones o motivos para llevarlas adelante. 

Texto: J.M. Ferrer
Foto: lanatacionesmasqueundeporte.blogspot.com.es

domingo, 26 de noviembre de 2017

FESTIVIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

1. Jesús empezó por Galilea el anuncio el reino de Dios. Hoy, ya resucitado y superadas a la cruz todas las fuerzas que deshumanizan, comunica al Padre que ha cumplido su misión. Y el Padre lo proclama Señor del universo. 


2. Viene adornado con todas las insignias de su currículum: es el Hijo del hombre y es Rey: Le dio poder real y dominio. Todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa... Su reino no tendrá fin. 

3. Y es también juez. Como juez juzga los pastores de este mundo: los poderosos, los tiranos. El profeta Ezequiel los acusa como fiscal porque en vez de apacentar el rebaño, se han aprovechado de él. No han ayudado a los débiles, a los pobres, a los desvalidos. Dominan el pueblo con violencia y brutalidad. Lo contrario de lo que hace el buen pastor: atiende personalmente a cada uno, lo conoce por su nombre. Ha creado un espacio donde se podrán reunir sus ovejas, donde cuidar de ellas, alimentarlas y ayudarlas a crecer.

4. Y nos juzga a todos nosotros. Nos lo dice ya ahora porque nos preparamos por el examen definitivo del final de curso. Además nos dice de qué nos va a examinar. Ningún examen teórico. Ya sabemos la teoría. Vemos claro, o así nos parece. No necesitamos que lecciones de nadie. Estamos tan seguros que quedamos tan orondos cuando decimos: Creo, pero no practico. 

5. Y de la práctica precisamente nos examinará Jesús. Se dirige indistintamente a todo el mundo en general y a cada uno en particular: a los oficialmente creyentes y a los agnósticos o ateos confesos o no. No nos pregunta ni siquiera si creemos en Dios. Nos pregunta si creemos en el hombre o la mujer que somos. Y hace un repaso de las necesidades básicas de cualquier persona humana.

6. Abarca seis campos: el hambre, la sed, la hospitalidad, el vestido, la salud, la libertad. Hay gente, muchísima gente que pasa hambre y sed, que ha de huir de su país buscando acogida. Se ven despojados de sus derechos y hasta de su dignidad. Hay enfermos de enfermedades todo tipo, algunas causadas por la desnutrición. Los encarcelados justamente según los criterios jurídicos, y los injustamente encerrados por la aplicación sesgada de un mal entendido imperio de la ley.

7. Ante todas estas personas, muchos se han parado y las han atendido y las atienden en la medida de sus posibilidades. Quizás no se daban cuenta de que el rostro del hambre y la desnudez, del enfermo y el preso escondía el rostro de Cristo. No lo sabían, pero prestaban a Cristo mismo los Servicios que prestaban al desvalido o marginado o al injustamente tratado.

8. Fuera del ámbito visible de los discípulos de Jesús y de su Iglesia está también presente el reino de Cristo. La Iglesia es su humilde sierva. El reino de Cristo se extiende más allá de sus fronteras visibles: es el «cristianismo anónimo». Personas que sin saberse cristianas o creyendo que son agnósticas o ateas y sin conocer la persona de Jesús, se ajustan a los valores que Él propugna: el amor y entrega al prójimo. El juez universal vive «de incógnito» en todos los pobres de la tierra, disfrazado detrás los rostros doloridos. Hoy se hace patente esta presencia oculta. 

9. Esta enseñanza es un toque de alerta a los cristianos que se desentienden de su compromiso practico. Los invita a que se despierten de su letargo; a que recuerden que su destino eterno se decide ahora según la actitud que tomen hacia el hermano necesitado.

10. Los “malos” de la película, las “cabras o cabritos” del evangelio, son rechazados a pesar de que no han hecho ningún mal. Simplemente no han hecho el bien que podían y tenían que hacer. Es el pecado de omisión. Es gran pecado de la tan civilizada y humanísima Europa contra los migrantes de cualquier procedencia. Y Europa es también la muy católica España y la tan descristianizada Catalunya. A todos Jesús nos recuerda de qué versará el examen final: Los mandamientos de la Ley de Dios se resumen en dos: Amarás Dios sobre todas las cosas y el prójimo como a ti mismo. O como tan bellamente lo dice san Juan de la Cruz: A la tarde de la vida te examinarán del amor.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: dibujo original de san Juan de la Cruz

jueves, 23 de noviembre de 2017

LA ERA DIGITAL Y LA CATEQUESIS

Ciclo de conferencias sobre evangelización
organizado por la delegación de catequesis de Zaragoza

Estos días atrás y dentro del ciclo de conferencias sobre evangelización con el tema “La era digital y la catequesis” organizado por la delegación de catequesis de Zaragoza, el teólogo y educador Juan Izuel ha pronunciado una conferencia sobre “evangelizar el gran valle digital”, impartida en la sede de Acción Social Católica. Hemos extraído unas frases interesantes sobre la catequesis, la cuestión digital y los recursos humanos, económicos, etc.

Texto: redacción Cultura y Fe hoy
Foto: ASC Zaragoza

domingo, 19 de noviembre de 2017

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Al evangelio de hoy podríamos ponerle un subtitulo: quien no arriesga no pesca. Encontramos en él tres personajes. Los dos avispados luego que reciben del amo los talentos se ponen a negociar. Y contando con la ayuda del banco, los duplican y los devuelven al amo multiplicados. (El talento no era una moneda sino un peso de 25 a 35 kilos de plata o de oro. Cinco talentos eran una fortuna).
2. El amo los felicita. Son buenos, espabilados, habilidosos y de confianza. Recibirán mucho más de lo que han ganado. Entre tanto participan de la fiesta que les ofrece el amo satisfecho por el éxito de la operación.
3. ¿El tercer empleado? El amo lo trata de holgazán, mala persona e inútil. Casi nada. No hay por lo tanto, dice el empleado. He actuado con astucia al enterrar el talento. «Vale pájaro en mano que ciento volando», dice la sabiduría popular. Y cuando llega el momento de rendir cuentas, devuelve al amo el talento entero y verdadero. Tanto por tanto ¿no? Es justo el hombre. Y no entiende por qué el amo le reclama más. Pero él es tan poca cosa y tan zote que ni se le ha ocurrido depositar el talento en el banco. Seguro que habría rendido más que debajo de la baldosa.
4. Pero se cree con razón para recriminar al amo su dureza, su exigencia ilimitada, su insensibilidad. Pues no, no tiene razón. El amo –Dios en este caso- es tan poderoso y generoso que confía en la responsabilidad de las personas y las estimula a trabajar y a progresar cuanto más mejor.
5. La responsabilidad acompañada de la prudencia, comporta un riesgo calculado. El capital sólo rinde cuando se invierte en una empresa productiva. Y es bien verdad que quien no arriesga no pesca. Hay que arriesgar. Desde el momento que ha apostado por el hombre, Dios confía y se inclina por el riesgo. La confianza es total. Nos ha hecho libres y responsables. Lo que nosotros no hagamos no lo hará él. Lo que nosotros no hagamos quedará sin hacer. De nosotros depende que el mundo sea más habitable. 
6. Dios nos pedirá cuentas del rendimiento que hayamos sacado de los talentos que él nos ha confiado. Pero aquí el rendimiento se mide no por lo que se gana sino por lo que se invierte en pro de nuestros hermanos necesitados. Los talentos son lo que sabemos, tenemos y podemos y si los ponemos a disposición de los que pueden, ni tienen ni saben. Los pobres. Precisamente se estrena en este domingo la Jornada Mundial de los Pobres que el Papa Francisco nos propone.
7. Y ¡tantos como hay que esperan de nosotros no buenas palabras sino buenas acciones! «No ames con frases y palabras, sino con hechos y de verdad» nos dice san Juan. Lo primero que podemos hacer es diagnosticar un mal que hoy recibe el nombre de aporofobia. El aporofobia es el miedo, la prevención, el prejuicio ante pobre y la pobreza. «La pobreza tiene el rostro de mujeres, de hombres y de niños explotados por viles intereses, pisados por la lógica perversa del poder y del dinero.»
8. Después, recordemos que «para los discípulos de Cristo, la pobreza es sobre todo vocación para seguir a Jesús pobre.» Como él somos llamados a partir, repartir y compartir con los pobres lo que somos y tenemos, “a alargarles la mano, salirles al encuentro, a mirarles en los ojos, a abrazarlos, para hacerlos sentir el calor del amor que rompe el círculo de la soledad.»
9. La lectura de los Proverbios dice entre otras cosas que la mujer ideal se interesa por los pobres haciendo horas extra si hace falta, sin dejar de cumplir cuidadosamente los deberes de familia. San Pablo aconseja a los cristianos de Tesalónica y a nosotros que, si esperamos la venida de Cristo, tengamos que tenemos muy cerca, en los hermanos necesitados: son el Sacramento, el signo visible del Señor Resucitado. Él continúa pasando por el mundo haciendo en y con nosotros. Así realizamos lo que pedimos en el Padre Nuestro: Venga a nosotros vuestro reino.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

sábado, 11 de noviembre de 2017

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO


1. Los tesalonicenses vivían impacientes esperando la venida triunfante y gloriosa de Jesús. San Pablo les había contagiado estas ansias de encontrarse con el Señor. Apenas hacía veinte años de la Ascensión de Jesús. Y ya lo esperaban de hoy para mañana. 


2. Los había tan espabilados que, creyéndola inminente, habían decidido abandonar el trabajo. Por cuatro días que Cristo tardaría en volver, ¿para qué trabajar? 



3. Muchos cristianos estaban tristes y lloraban de tristeza porque los difuntos de la comunidad se verían privados de participar en la dichosa bienvenida del Señor Resucitado. No lloréis, les dice san Pablo, como los que no tienen esperanza. Con la muerte no se acaba todo. No tiene la última palabra. Pues no, los decía Pablo: Creemos que Cristo ha muerto, ha resucitado y vive entre nosotros creando vida. Creemos también que Dios se llevará consigo a los que han muerto en Cristo. 

4. Llegado el momento, los muertos resucitarán los primeros. Después, nosotros - y Pablo se contaba entre ellos- seremos revestidos de inmortalidad sin necesidad de morir. Y todos seremos atraídos por la fuerza de Cristo Resucitado y llevados con Él a participar de la vida plena de Dios.

5. Mientras esperamos este encuentro maravilloso nos hemos de mantener firmes y atentos como si el Señor ya estuviera llegando. Y es que en realidad llega a cada momento en el sacramento de la Eucaristía y en el sacramento de cada hermano.

6. Y hay que tener los candiles encendidos como las muchachas del evangelio de hoy. Son invitadas a acompañar al Novio cuando venga a buscar a la novia para llevársela a su casa. Seguro que vendrá pero se hace esperar. Es el Señor de las sorpresas.

7. De las 10 muchachas hay cinco previsoras. Saben que los candiles necesitan aceite como los móviles de hoy necesitan batería cargada o un cargador por si acaso. Las otras cinco son bastante atolondradas como para preocuparse de nada. A todas les entró el sueño y se durmieron. Era casi medianoche.

8. ¡Aquí está el novio, salid a recibirlo! Las cinco previsoras en un santiamén pusieron a punto los candiles. Llevaban consigo provisión de aceite. El justito para cada candil. Las otras cinco se lo piden. Imposible. Tan imposible como encontrar una tienda abierta en aquellas horas. Cuando vuelven, el novio ya ha entrado. El resultado es dramático. Encuentran la puerta cerrada.

9. Seguro que a muchos nos pasa por la cabeza que las muchachas primeras eran avispadas, pero insolidarias y un pelín o un mucho egoístas. Pero la lección de Jesús no va por aquí. Jesús nos advierte que la preparación necesaria para poder participar a la boda es personal e intransferible. Como lo es también la responsabilidad. 

10. ¡Alerta, pues!, nos dice Jesús. No esperéis a poner en práctica sus enseñanzas cuando ya no sea tiempo. Velar es cumplir fielmente la misión confiada.

11. El día que nos bautizaron, nos entregaron un cirio con esta recomendación: A vosotros, padres y padrinos, os confiamos este cirio. Velad para que estos recién bautizados, vivan siempre como hijos de la luz para que, perseverando en la fe, salgan con todos los ángeles y santos al encuentro del Señor cuando venga.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

domingo, 5 de noviembre de 2017

FARISEOS DE AYER Y DE SIEMPRE

1. Las lecturas me ¡dan un cosquilleo! Sobre todo cuando desde el ambón recuerdo a los otros sus obligaciones de cristianos y de personas: Poned por obra lo que os dicen, pero no los imitéis porque dicen y no hacen. 
2. El Profeta Malaquías se lo reprochaba sin ambages a los sacerdotes de Israel: ¿Sabéis por qué nadie hace caso de vosotros? Porque habéis abandonado el recto camino: sois parciales en vuestros juicios. Os dejáis guiar por el favoritismo. ¿No os dais cuenta de todos un mismo y único Padre?
3. Los escribas y fariseos eran los sabios y los santos del tiempo de Jesús. Sin embargo Jesús se encara con ellos con extraña virulencia. Cuando san Mateo transcribía las palabras de Jesús contra ellos, pensaba en los cristianos que tenían y tienen alguna autoridad sobre la comunidad. Y les echa en cara la escandalosa incoherencia entre fe y vida, entre lo que predican y la manera como viven. Abarca a todos: papas, obispos, sacerdotes, padres de familia, maestros y maestras, catequistas, teólogos, religiosos, laicos... A todos. 
4. Jesús se lo reprocha: Empleáis la ley del embudo, ancho para vosotros, estrecho para los demás. Os gusta figurar. Andáis a la caza de los honores que merecen los padres y maestros y guías sin aceptar sus exigencias. Exhibís vuestra tarjeta de visita rebosante de títulos y de excelencias, y de reverencias y de honorables e ilustres…
5. Hace muchos años salió un libro sobre la vanidad eclesiástica. Y se podría escribir un volumen respetable sobre la vanidad laica, disfrazada de protocolo. Incluso los hay bastante ricos como para presumir de pobres descamisados y andrajosos. La vanidad, la ambición, el orgullo, el afán de ser y de aparentar anidan en nuestro corazón humano.
6. Jesús nos lo recuerda: No os hagáis llamar maestros o padres o instructores. Porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. Y maestro e instructor sólo hay uno, el Cristo. 
7. Jesús propone un nuevo baremo para medir la grandeza humana: El mayor de vosotros sea vuestro servidor. Jesús, el Maestro y el Señor, se puso a lavar los pies de los discípulos en la santa Cena. Servir a los otros, no servirse de ellos.
8. A pesar de todo, y muy sabiamente, en las relaciones humanas, la gente tiene un especial respeto a los que representan el Señor en la Comunidad y los llama padres, maestros y directores. No hay por qué preocuparse mientras actúen como san Pablo con los cristianos de Tesalónica: Nos hicimos como madres cariñosas... Tanto os queríamos que la vida habríamos dado por vosotros... Procurábamos no ser gravosos a nadie. Como un padre que ama y anima y consuela.
9. Y Pablo, el maestro de la Comunidad, admiraba la humildad, la gratitud y la generosidad con que aquellos buenos cristianos acogían la palabra de él y de sus compañeros como palabra de Dios, porque se la transmitían en Él y por Él y en su nombre.
10. Jesús, tan severo con la vanidad de quienes se las daban de santos, seguro que miraba entonces y admira ahora a los padres y a las madres y a tantos y tantas que se ponen al servicio de los demás. Tal vez sin darse cuenta, sirviéndolos a ellos, sirven a Cristo.
11. Después de este baño de evangelio, podríamos recitar el precioso salmo de hoy: 
Señor, mi corazón no es engreído, ni mis ojos altaneros;
no persigo grandezas ni prodigios que me superan.
Calmo y silencio mi anhelo.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Gaufí cmf

viernes, 3 de noviembre de 2017

CONMEMORACION DE LOS FIELES DIFUNTOS

1. También Jesús experimentó la muerte. Hemos oído su grito de agonía: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado así, tan solo?" Estremece este clamor. Al silencio de Dios, los soldados responden dándole de beber lo que ellos bebían para apagar la sed. Pero sin amor, escarneciéndolo.
2. Oímos su último grito confiado: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Y la cortina del santuario se rasgó en dos partes, de arriba abajo. El centurión que estaba de guardia exclamó: "¡Verdaderamente este hombre era hijo de Dios!"
3. En calvario hay tres cruces, tres actitudes ante la muerte: un ladrón maldice su mala suerte. El otro encuentra la oportunidad de un cambio de vida: "Acuérdate de mí cuando estés en tu reino". Y Jesús que se pone filialmente en manos de su Padre. Y esta ofrenda hace fecunda su vida y su muerte: Aquella cortina del templo que sólo podía traspasar el gran sacerdote una vez al año, se rasga. Con Jesús tenemos todo acceso directo al Padre, porque todos somos hijos en el Hijo.
4. El centurión reconoce, aunque tarde, quién era el que así moría ante sus ojos. ¿Por qué tan a menudo hemos esperar a que se mueran nuestros seres queridos por reconocer los grandes valores que tenían?

5. La muerte no tiene la última palabra. A las mujeres que van al sepulcro a llorar a Jesús el ángel los dice: "Buscáis a Jesús, el Nazareno, el Crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí".
6. Entre ayer y hoy, muchísima gente visita el cementerio. Cementerio quiere decir dormitorio: los difuntos duermen esperando el día de la resurrección.
7. Por un instinto especial pensamos que el día que nos llegue la muerte, no estaremos bastante preparados para ver el rostro de Dios. De un modo u otro deberemos acomodar la pupila del alma a aquel resplandor fulgurante. A esto lo llamamos el purgatorio. Y creemos que con nuestra oración empapada de amor, podemos ayudar a nuestros hermanos difuntos para esa preparación.
8. Dales, Señor, el descanso eterno. Descansen en paz.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: plataformaarquitectura.cl

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS


1. ¡Qué maravilla, hermanos! ¿Sabéis por qué nos podemos llamar ”hermanos”? Pues porque el Padre del cielo nos ama tanto que nos reconoce como hijos suyos. Y si somos hijos de un mismo Padre, somos también hermanos. No siempre lo parece, porque nos cuesta de hacer aflorar hacia fuera de nosotros la riqueza que llevamos dentro. Pero un día estallará y seremos semejantes a Él porque lo veremos cara a cara con los ojos nuevos que nos dará para verlo tal como es. 


2. Ahora somos Hijos. ¿Y qué y cómo seremos mañana? Levantemos los ojos al cielo: vemos una inmensa multitud. ¿Quiénes son y de dónde vienen? Son y vienen del mismo mundo en que vivimos nosotros. Han llegado allí arriba después de superar la gran tribulación que a menudo han sufrido por el hecho de ser cristianos coherentes con su fe y ser testigos de Jesús en su ambiente. Personas de corazón sincero y de manos limpias de culpa, que nunca adoraron los falsos dioses o ídolos tanta gente adora: el dinero, la fama, el éxito... Mirémoslos ahora: Vestidos de fiesta y lavados con la sangre Jesús, el Cordero de Dios. Podemos ver también el grupo de los 109 mártires claretianos beatificados el 21 de octubre pasado en el marco “celestial” de la Sagrada Familia de Barcelona.

3. Ahora celebran la gran liturgia, la solemnísima Eucaristía a la cual nos unimos también nosotros desde la pobreza de nuestra liturgia dominical. Ya no pasarán hambre ni sed, ni les abrumará el ardor del sol. Jesús es su pastor que los guía hacia los manantiales del agua de la vida. Dios les enjugará las lágrimas de sus ojos. 

4. ¿Y cómo se llega al cielo? Por nuestro mismo camino si lo recorremos como Jesús: pasando haciendo el bien, enjugando las lágrimas de los que lloran, saciando a los hambrientos de pan, de salud y de vida, acogiendo a los más pobres, a los más pequeños y marginados. Jesús los proclama dichosos y felices no por el hecho de ser pobres o afligidos o marginados u oprimidos e indefensos, sino porque Dios toma descaradamente partido ellos para liberarlos de estas situaciones con tanta frecuencia injustas. 

5. Dios les mostraba su amor a través de Jesús en tiempo del evangelio y se lo muestra hoy a través de tantos hombres y mujeres de gran corazón, compasivos y de mirada limpia, atentos a poner paz y a crear relaciones cada vez más humanas, personas con un hambre y una sed insaciables de ver realizado en este mundo el proyecto de Dios sobre sus hijos. Ellos enjugan las lágrimas de los que lloran y está al lado de los que sufren y les hacen sentir la caricia de Dios.

6. Y a pesar de ser tan buena gente, a menudo son mal vistos y perseguidos. Porque con su comportamiento son un reproche callado pero incisivo de los egoístas y avaros, tramposos y corruptos, corruptores y mentirosos. El hecho de ser perseguidos e incomprendidos es la garantía de que andan por el camino de Jesús, de que son la presencia visible de Dios en el mundo. 

7. Alegrémonos por los todos los Santos que ya están gozando de Dios en el cielo. Y alegrémonos también porque muchas veces, con nuestra vida ordinaria de cristianos normales, realizamos, casi sin ni darnos cuenta, lo que Jesús proclama en las Bienaventuranzas.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LOS QUE SABEN CAMBIAR

Dicho ya de golpe y para empezar. Y las cosas claras. ¿Por qué no definir así a los misioneros, como los que saben cambiar? 

Verán. ¿A que todo el mundo dice que hay que cambiar? Pregunto: ¿cuántos quieren cambiar de verdad? No es rara esta paradoja. Hoy se lleva lo de hablar constantemente de cambios, hasta se ofrecen criterios creativos de cómo hacerlo, cuándo, dónde, y todo lo que haga falta, pero esos cambios no llegan a la orilla de la verdad. El asunto se queda en entretenimiento y buena parte de nuestras conversaciones se gastan en hablar de las cosas que habría que cambiar. O sea, que sí pero que no, incoherencia pura y dura. 


Y es que cambiar supone decidir y arriesgarse. Y experimentar, además, que eso se hace desde la propia fragilidad unida con la fortaleza de jugárselo todo a una carta. Difícil juntar a la vez fragilidad y fortaleza. Por eso es difícil cambiar, pero se puede. Los cambios se hacen en ambientes de madurez humana y espiritual. Y en esos ambientes sólo vuelan bien los que creen de verdad que pueden volar. Los de vuelo raso, poco preparados para el esfuerzo y el trabajo personal, son los que dicen que saben lo que hay que hacer pero no lo hacen; dicen que saben qué hay que cambiar pero no cambian. 
Pero los hay que sí. Son los que creen y ponen su existencia en aquello en lo que creen. Saben vivir en las periferias de la existencia, en la misma intemperie de los más pobres, y acompañan los cambios de desarrollo y liberación que han de hacer, por fuerza, los que son últimos por culpa de los primeros. Saben vivir el “nosotros” y se han olvidado de decir “yo” y sólo emplean la primera persona para decir “estoy dispuesto”. 
Les doy las gracias. Son los misioneros. Sigan sus pasos y verán que dejan huella. El domingo pasado fue el Domund. Quizá a algunos les dio lo mismo. A otros no.

Texto: J. M. Ferrer
Foto: extraída de barbastromonzonmision.blogspot.com.es

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Me gusta empezar la homilía acentuando el amor y la bondad de san Pablo a los cristianos de la comunidad cristiana de Tesalónica. Acaba de felicitarlos por la vivencia de su fe comprometida, de su caridad solidaria, de su esperanza firme. Y continúa felicitándolos porque han acogido la Palabra con todo el gozo del Espíritu Santo en medio de tantas adversidades. Son un modelo y un perfume agradable para las otras comunidades del mundo griego. Han renunciado a los ídolos y a las falsas imágenes de Dios y se han girado decididamente al Dios vivo y verdadero que nos ha enviado a su Hijo Jesucristo. 
2. Me da la impresión que san Pablo nos diría algo parecido a los cristianos de esta parroquia animándolos a mantener viva y activa la llama de la fe. Somos pocos pero Jesús nos invita a ser luz de la tierra y sal del mundo. Y con el vigor del grano de mostaza.
3. El Evangelio nos muestra hoy el camino llano y seguro para convertir en cielo este pequeño mundo nuestro. Cualquiera de nosotros respondería fácilmente a la pregunta del maestro de la Ley: ¿Cuál es el mandamiento más importante? Pero los sabios a ratos complican las cosas convirtiendo las cosas sencillas un problema gordo.
4. Examinando la Biblia, habían identificado 613 preceptos positivos y 365 prohibitivos. Y todos eran necesarios. No se podía prescindir de ninguno. Naturalmente buscaban con afán en encontrar una síntesis aclaratoria y simplificadora. No hemos de escandalizar: ¿cuántas leyes contiene el código civil?. Y ¿el Código de Derecho Canónico?

5. Jesús no inventa nada. Se limita a decir en voz alta lo que todo judío recitaba y recita cada día. El Xemà, Israel. Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es el ÚNICO. Ama al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas. Se lee en el Deuteronomio. El amor a Dios compromete a toda la persona. 
6. Pero Jesús recuerda otro mandamiento que se encuentra en el Levítico: Ama al prójimo como a ti mismo. La novedad está en unificar y poner al mismo nivel los dos mandamientos. La Ley y los Profetas, es decir, toda la Biblia penden de estos dos mandamientos como de un clavo. Si caen, se va a pique por inútil y contraproducente la Biblia y toda legalidad humana. Quien ama al prójimo como a sí mismo cumple toda la Ley. (Ga 5,14)
7. Y ¿quién es este prójimo? Jesús lo señala en la parábola del buen samaritano. Pero san Mateo no lo hace. No es necesario, porque lo encontramos en la primera lectura de hoy, sacada del Éxodo. Son las tres categorías que en tiempo de Jesús eran las más desvalidas: el forastero inmigrado, la viuda y el huérfano: Si los maltratas y levantan a mí su clamor, yo lo escucharé y... No hay por qué repetirlo. ¿Podremos medir la indignación de Dios por la actitud de nuestra civilizada Europa ante el pavoroso problema de la inmigración?
8. Prohíbe la usura, el sistema propio del explotador de los pobres de siempre. ¿Y si les rebajan el sueldo o lo desahucian cuando no responde de la hipoteca? Sed compasivos como el Padre del cielo. 
9. Fijémonos en la grandeza de la persona humana. Cuando Dios se revela personalmente lo hace con categorías humanas: Padre, Hijo, Espíritu Santo. Y cuando se revela máximamente lo hace en la humanidad de Jesucristo. Creados a imagen y semejanza de Dios. No es nada atrevido afirmar que hay que conocer el hombre para conocer Dios.
10. Resumiendo: Sin amor al otro no hay amor de Dios ni cumplimiento de su voluntad. Jesús pone la actitud filial con Dios y la solidaridad interhumana como fundamento de toda vida cristiana. Y quien estima el prójimo cumple toda la Ley. (Gal 5,14)
Texto: J. Sidera cmf
Foto: Fano

viernes, 20 de octubre de 2017

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


1. Podríamos empezar releyendo la carta de san Pablo y compañeros a los cristianos de Tesalónica. Es el documento escrito más antiguo del Nuevo Testamento. Es del 50/51. Una filigrana de ternura y fraternidad.



2. Pablo, Siles y Timoteo se dirigen a “la iglesia” doméstica de Tesalónica como se podrían dirigir hoy a la nuestra. Un grupo variado de gente reunida y tiernamente amada por el Padre Dios y su Hijo Jesús, Cristo y Señor. Les desean la “gracia” = el favor de Dios, y la “paz”, la que Jesús daba a los apóstoles aquella noche del Cenáculo.

3. Siempre que se encuentran celebrando la eucaristía, ellos se acuerdan de aquellos cristianos y los felicitan por la fe que tienen: tan dinámica y activa. Por su amor solidario no siempre fácil. Y por la esperanza activa paciente y firme que mantienen medio de las dificultades. Practican simplemente las tres grandes virtudes teologales fe, esperanza y caridad, inseparables. Las tres juntas definen la vivencia total del compromiso cristiano.
Denario romano 22 aC
4. Una muestra fehaciente de que Dios los ha elegido es que han acogido la palabra que Pablo les comunicaba con la convicción que les venía del Espíritu Santo que los inspiraba. 

5. Unos cristianos así, tan empapados del sentido de Dios, eran capaces de captar el sentido de la historia de Israel y ver la intervención de Dios liberando a su pueblo desterrado en Babilonia valiéndose de un personaje que ni siquiera lo conocían: Ciro, el rey persa que buscaba realizar sus ambiciones políticas. Y aun así Dios lo había ungido como se ungían los reyes, los sacerdotes y los profetas de Israel. Era un Cristo, un mesias libertador. Dios se sirve de quien quiere para llevar adelante su proyecto de salvación.

6. Y se podían acercar a Jesús con una fe y una confianza para recibir una lección de política global. No van con la mala fe de los fariseos y de los partidarios de Herodes que empiezan haciendo el mayor elogio que se podría hacer de Jesús: es veraz, sincero, recto, enseña el camino de Dios, sin halagar a los oyentes sino diciéndoles lo que necesitan. Adulando al Maestro, esperaban una respuesta que lo comprometiera.


7. Los “entrevistadores” no pueden tener ninguna imagen de nadie y menos del emperador de Roma. Y aun así –ellos tan santos y tan observantes de la Ley- están en el templo de Jerusalén con los bolsillos llenos de denarios con el icono del cesar. Jesús, más coherente, no lleva ninguno.

8. La respuesta es habilidosa: Dais al cesar aquello que le pertenece y a Dios aquello que es de Dios. Si reconocen el curso legal de la moneda, quiere decir que aceptan el sistema económico y sus consecuencias. Si queréis buenas carreteras, buena educación y atención sanitaria, hay que pagarlo al contado. 

9. Jesús no divide el mundo en dos reinos (el de Dios y el del cesar) poniéndolos al mismo nivel. Tampoco establece dos órdenes separados: laico el uno y divino el otro, sin que el divino pueda meterse para nada en el mundo laico. El estado no es el valor supremo. Jesús afirma nítidamente los deberes para Dios. Y Dios siempre tiene en cuenta todos los rostros humanos doloridos. Para él, la gloria de Dios es que el pobre viva, que el hombre viva.

10. Los cristianos son ciudadanos de pleno derecho tanto si los gobernantes son creyentes como si son ateos y tienen que cumplir sin fraude ni evasiones los deberes del buen ciudadano. 

11. No se pueden mezclar política y religión. El cristiano puede vivir bajo cualquier autoridad, cristiana o atea mientras sea legítima y justa. Tampoco un gobernante cristiano puede discriminar los no cristianos o no creyentes. San Pablo afirma que quien cumple sus deberes de ciudadano cumple el mandamiento del amor. No ha de deber nada a nadie. Solo tiene una deuda: amar al prójimo. Así será buen ciudadano.

Autor: J. Sidera cmf
Foto: fuenterrebollo.com

viernes, 13 de octubre de 2017

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


1. Podríamos hablar de Iglesia misionera o iglesia en salida. Porque son nombres que dicen con el evangelio de hoy.


2. Pero antes de salir, podemos participar en el suculento banquete que el Padre Dios prepara para su pueblo: platos sabrosos y de vinos rancios.Y hemos de gozar de los regalos que nos tiene preparados: nos quitará la venda de los ojos para que percibamos su presencia salvadora en el mundo y en nuestra vida. Y, vencida la muerte que tanto nos molesta, enjuagará las lágrimas como sabe hacerlo una madre.

3. En un mundo donde se pasaba más hambre que sueño, Jesús toma de los convites argumentos para parábolas, como la de hoy. Nos convida al banquete de bodas que el Padre prepara para su Hijo en su desposorio con la humanidad.

4. Ante todo invita a personajes amigos y de gustos refinados: los grandes sacerdotes, los terratenientes, los sabios. Y prepara todos los elementos de una fiesta que ha de durar días. Cuando llega el momento envía a sus mensajeros que insistan en la invitación. Nadie les hace caso. Bastante tienen con sus negocios y viven bastante satisfechos como para para perder tiempos con otra boda. Y los hay tan desalmados que incluso los maltratan y asesinan. Esto es demasiado.

5. Pero todo está a punto y no hay que echar nada a perder. Y envía a sus mensajeros a invitar a todo el mundo. Buenos y malos: cojos, ciegos, estropeados. Y a quien quiera que encuentren. Para ellos será lo que lo que han despreciado los demasiado hartos, los demasiado poderosos, los demasiado sabios.

6. La sala está atestada de gente. El amo se siente contento y orgulloso. Es gente pobre pero honrada, mucho más honrada que los reciben los honores y agasajos de su clientela. Todos los convidados se han arreglado como han podido. Pero el amo ve a uno que va andrajoso y sucio. Hombre, se puede ser pobre, pero ir mínimamente limpio está al alcance de cualquiera. Y lo despacha.

7. En una comunidad como nuestra cabemos todos. El Señor ha mirado más su amor que a nuestros méritos, nuestro vestido o la buena cara o las buenas obras que hacemos. Pero hay quien cree que por el hecho de haber entrado ya lo tiene todo asegurado. Y el Amo nos recuerda que el amor que nos tiene exige una respuesta de amor: aquel mínimo de dignidad, de decencia y responsabilidad que todos tenemos y que tanto contribuye al bien y a la felicidad de la comunidad religiosa, cívica o social.

8. No nos tiene que asustar que seamos como somos. El Papa Francisco dice que la Iglesia es como un hospital de campaña. Y en un hospital abundan los enfermos de toda clase y hay unos cuantos más enteros o no tan enfermos que están al servicio de los demás. Lo menos que se nos puede pedir es que nos comportemos con un mínimo de comprensión y de agradecimiento.

9. Hemos de ser una iglesia misionera, en salida. Personas que salgamos de nuestro caparazón y ofrezcamos a todo el mundo los bienes tan preciosos de que gozamos. Quizás algunos que creen tenerlo todo o saberlo todo no nos harán caso. Incluso nos eliminarán con palabras o sonrisitas más cortantes que cuchillas. No nos agobiemos. Ya habrá quien absorba ávidamente el mensaje de amor, de esperanza y de libertad que les anunciemos más con hechos que con palabras.

10. San Pablo nos receta una pildorita para la vida. Saber vivir cuando todo nos va bien y saber vivir cuando nos falta todo. Lo podemos conseguir si ponemos la confianza en Jesús que nos asiste. Y recemos lo del salmo: El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas nos hace reposar.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

lunes, 9 de octubre de 2017

ALZHÉIMER

Ni ellos ni ellas, los protagonistas de esa jornada, supieron que el pasado día 21 de septiembre era el “Día mundial del Alzhéimer”. Eso no lo supieron. Han perdido el recuerdo de casi todo. Hay un casi que aún recuerdan. Me lo habían dicho, pero lo he comprobado y casi siempre es verdad: estos enfermos, que no reaccionan ya a estímulos normales, siguen sintiéndose vivos y se les cambia el rostro si se les ofrece cariño, afecto y ternura. Abrázalos y los sentirás vivos. Nos es tan necesario ser amados que eso no lo borra ni ”la enfermedad del olvido”, como es llamada de hecho la enfermedad del Alzhéimer. Para que luego andemos por ahí “pegándonos” los unos a los otros. ¡Qué locura! ¿Cuándo aprenderemos que la mejor medicina es amar y ser amados? Y “no es “por llevar el agua a mi molino” pero, ¿se han dado cuenta de que esto es precisamente el abecé del Evangelio?



Puede ser importante, que lo es, el número de afectados, las veinticuatro horas del día que les dedican quienes los cuidan, casi siempre del entorno familiar, las causas genéticas, el influjo de los estímulos ambientales, los procesos de degradación de determinadas proteínas cerebrales, la alimentación, el modo de vida, etc. Pero lo que más importa son ellos y ellas, son nuestros ellos y ellas, su cuidado y el cuidado de quienes les atienden. 

¿Tiene sentido una vida que no recuerda, que no sabe de sí misma ni de los demás? Pregunta difícil. Pienso que la respuesta vendrá por el sentido que le demos al sentido. Quien crea en su corazón que cada persona, esté como esté, vale por ella misma, es una cosa. Quien piense que las personas son lo que producen, eso ya es otra cosa.


Texto: J. M. Ferrer
Foto: blog.diagnostrum.com

domingo, 1 de octubre de 2017

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Cuidado con Jesús. ¡Y cómo provoca! Empieza san Pablo exhortándonos a tener los mismos sentimientos de Jesús en nuestra relación con los demás. Mirarlos desde nuestra realidad de personas tan limitadas como ellos. O mirarlos como querríamos que ellos nos miraran. Descentrarnos de nuestro yo y fijarnos en lo que interesa al prójimo, los otros. No como rivales con quienes competir y o de presumir de que somos los más guapos, los más influyentes, los más ricos.
2. ¿Qué hizo Jesús? Tenía todos los números para ser el mejor y el más fuerte. Tenía la categoría de Dios. Pero cuando el Padre nos lo envió para que se hiciera uno de nosotros -un cualquiera, vaya- dejó atrás su categoría divina y endosó la categoría humana. Hombre entre los hombres, entrando de lleno en el juego y en el choque de las relaciones humanas. Y en este choque llevó las de perder. Fue contado entre los últimos de los últimos en la escala social, como un esclavo. Y lógicamente mereció la muerte de los esclavos: la cruz. En esto consiste su obediencia al Padre.

3. Y cuando no es más que un guiñapo colgado en la cruz, el centurión descubre su dignidad: realmente este hombre es el Hijo de Dios. Cada guiñapo de hombre tiene la profunda dignidad de hijo a los ojos de Dios, y merece todo el respeto, el mismo respeto que tenemos o mostramos a los que están encaramados socialmente por lo que saben, tienen y pueden.
4. Y en premio de esta obediencia suprema de hacerse hombre para enseñarnos lo que los hombres y las mujeres somos y valemos, incluso cuando no lo parece, el Padre le sobrexaltó dándole el nombre-sobre-todo-otro nombre. No sólo el nombre, sino la realidad de SEÑOR. Todo el mundo reconocerá que el hombre Jesús de Nazaret, Mesías crucificado y resucitado es SEÑOR, el nombre que solo Dios se puede atribuir. Y el Padre Dios nunca es tan conocido y amado cómo cuando reconocemos en Jesús toda la categoría de Dios. Todo labio confiesa que Jesús es SEÑOR.


5. Fijaos cuánto valemos a los ojos de Dios: valemos lo mismo que Jesús, el Hijo. Esta conciencia nos hará amar al prójimo como amamos y respetamos a Jesús. ¿Os imagináis cómo cambiará nuestra relación familiar, vecinal, comunitaria si tenemos entre nosotros los mismos sentimientos de Jesucristo?
6. Obedecer viene del latín obaudire: oído atento para escuchar y oír la voz de voz de Dios y hacerle caso. Este escuchar y oír hace que acoplemos nuestra vida con su voluntad. Coherencia entre pensamiento y vida.
7. Ezequiel pone en esto la responsabilidad personal en un mundo en que la solidaridad humana casi anulaba al individuo. Acentúa fuertemente que cada cual es responsable ante Dios de lo que dice y hace. Y según esto nos juzga. Y si falla esta coherencia, siempre podemos esperar de Dios el perdón y la rehabilitación. 
8. Esta responsabilidad personal comporta también la conciencia de que de nuestro comportamiento depende la felicidad o infelicidad de la familia, de los hijos, de la sociedad.
9. La provocación final nos viene del evangelio. Los santos, los sabios y los poderosos que lo saben todo, lo tienen todo y todo lo pueden son muy conservadores. Tienen demasiado que perder. Y por eso son alérgicos al cambio o a la conversión. Nadie es más que ellos. De Juan Bautista no hacen ni caso. Tanto ayuno y tanto desierto, lo han transtornado. Ha perdido el juicio. Llega el Mesías en la persona de Jesús de Nazaret. ¡Bah! Come y bebe como cualquiera. ¡Y tiene unas compañías! Ellos no cambian ni de pensamiento ni de sentimiento. Y encima se cruzan los preferidos de Dios. Los grandes amigos de Dios. Suerte tiene de ellos.
10. Y qué provocación! En la larga cola de quienes esperan entrar en el reino de Dios, el primer lugar lo ocupan los últimos de la escalera social y religiosa. Los publicanos, los pecadores y las prostitutas los pasan delante. Ellos se sintieron estimados y acogidos por Juan y por Jesús. Los escucharon y afanaron en cambiar de vida a pesar de las dificultades de su medio social y religioso. Entre tanto los sabihondos, los gurús y las grandes figuras difícilmente reconocerán la bondad de Dios, difícilmente entrarán en la perspectiva de Dios. Tan difícil como que un camello entre por el agujero de una aguja...
Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

"...IR A LO ESENCIAL"

Texto: Papa Francisco, de la homilía en Medellín (Colombia) en 2017
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

sábado, 23 de septiembre de 2017

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Hoy se nos invita a cambiar de chip. La primera lectura nos llama a la conversión que pasa para buscar al SEÑOR: conocer su voluntad, hacer el bien y confiar en el perdón puesto que los pensamientos del Señor están muy por encima de los nuestros. Para hacernos capaces de conectar con el corazón de nuestro Padre Dios.
2. Su palabra puede resultar difícil de entender pero no decepciona. Pero hemos de cambiar de chip porque la manera de hacer y de pensar el Padre celestial y su Hijo Jesús nos desconcierta. Es verdad, están mucho por encima de nosotros y sin embargo están más dentro de nuestro que nosotros mismos. Lo decía san Agustín.
3. Parece que Dios lo haga expresamente. Si leemos la Biblia veremos que todo el mundo le hace reproches: los trabajadores de primera hora le reprochan la injusticia. No hay derecho en el trato que da. ¿Qué le reprocharían los sindicalistas de hoy? Mejor será que no lo dejemos correr.
4. El hijo mayor protesta contra su padre y le reprocha que haya acogido tan generosamente al insensato del hermano menor mientras no ha sido bueno para regalarle a él –el hijo bueno y fiel- ni un cabrito para merendárselo con sus amigos.
5. Jonás reprocha a Dios que lo haya enviado a Nínive a anunciar un castigo severo y lo haya hecho quedar mal perdonando a aquella ciudad malvada y opresora. Y los fariseos reprochaban a Jesús que tratara con publicanos y pecadores y gente de mala vida.

6. A todos estos reproches, Jesús mantiene decididamente la oposición entre el comportamiento misericordioso del amo de la viña frente a las expectativas justicieras de los trabajadores de primera hora. Defiende al amo. El amo es justo a los ojos humanos. Mantiene su palabra. Ha quedado en un denario –el jornal completo- : con los primeros. Y ha prometido una medida divina -“lo que sea justo”- a los otros trabajadores.
7. Jesús muestra que la misericordia de Dios va más allá la justicia humana. Y las preferencias de Dios son los pobres, los humildes, los últimos, los sin voz ni voto. Mira más que la estricta justicia, mirando las necesidades de la persona.
8. El jornal de un denario da para una vida digna aunque sea muy justita, pero los que no lo cobren no podrán poner un plato caliente en la mesa y los últimos no tendrán ni para unas migajas. Y todo el mundo necesita un denario entero para una vida digna.
9. Isaías nos invita a cambiar de chip. Acostumbrémonos a mirarnos a nosotros mismos y los demás con el ojos de Dios y a amarnos y amarlos con el corazón de Dios.
10. Aprendamos a ser justos y generosos con la generosidad de Dios. No consideremos una injusticia y un mal para nosotros la generosidad de Dios y de los otros. Las madres lo tienen muy claro. En casa come igual el que tiene la suerte de trabajar y ganarse su sueldo y el hijo en paro o enfermo. Son hijos. Todos hijos.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

viernes, 15 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. En discurso a la comunidad Jesús asegura su presencia entre nosotros. Él está presente donde hay dos o tres reunidos en su nombre. Pero no por eso garantiza que las relaciones entre los dos o tres o mil reunidos en su nombre funcionen como una máquina bien engrasada. De vez en cuando rechinan y hay que suavizarlas con el aceite del perdón. 
2. El Papa Francisco ofrece tres píldoras eficaces para que la comunidad o el grupo familiar o vecinal funcione: Por favor, gracias, perdone. Delicadeza cuando pidas algo, agradece lo que recibes del otro, pide perdón por si has molestado aunque sea sin querer.
3. ¿Perdonar? ¿Cuántas veces? Perdonar entre los antiguos era más bien señal de cobardía. Se imponía la revancha. Ojo por ojo y diente por diente. Pero para el cristiano la contrapartida de la venganza es el perdón sin límites. Amor y perdón ilimitados.
¿Cuántas veces? Sois hijos del Padre celestial. Comportaos cómo Él. Él nos perdona siempre.
4. El talento no era ninguna broma. Era un peso entre 25 y 30 kg de oro o de plata. 10.000 talentos equivalían a 340.000 kg de plata. O al jornal de 16.000 hombres durante 10 años. Casi nada. 
5. ¿Cómo era posible que un funcionario acumulara una deuda tan descomunal? Hoy lo podemos comprenderlo bien. El rescate de la banca ha costado por lo menos 50.000.000 de euros, de los cuales el magnánimo gobierno perdona 40.000.000 a los que por su mala administración, incompetencia o mala fe lo han hecho necesario. Y al mismo tiempo exige sin piedad unos pocos millones presuntamente malgastados por otros. 
6. Conozco a una persona que, cuando reza el padrenuestro –si lo reza- se para antes del “Perdónanos nuestras culpas...” o bien se lo salta. Se siente incapaz de perdonar. En el fondo confunde el sentimiento que le ha causado la ofensa con el resentimiento. No puede dejar de sentir y sublevarse ante el mal que le han hecho. Pero puede evitar el resentimiento: rascarse la herida para mantenerla viva y así mantener vivo su rencor, el motivo para no perdonar.
7. Perdono, pero no olvido. Es posible. Conviene recordar el quién, el cómo y el cuándo de la ofensa para evitarla. Pero nunca mantener rencor que te pudre la sangre y te da un mal vivir.

8. Conozco a otro que cuando reza el padrenuestro en la misa pone el oído atento. Y cómo que cree que el vecino es sincero y de buen corazón, se siente muy del todo contento y perdonado de él y del mismo Padre del cielo. Perdonadnos cómo nosotros perdonamos. Y más cuando recibe el gesto de la paz. Sale de misa con el corazón ancho y esponjado. 
9. En vida y en muerte somos del Señor, nos dice santo Pablo. Cuando no perdono al ofensor, asumo el papel de juez. Pero el único juez el Señor. A él corresponde el juicio definitivo. Esto le ha costado amar y perdonar hasta el extremo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. ¿Quién arrodillado ante el Señor osará negarse a hacer las paces y perdonar?
Cuando yo sea capaz de amar y dar la vida por el prójimo, habré superado todas las diferencias, todos los prejuicios, resentimientos y cerrazón que me impiden perdonar. 
10. Salgamos para casa en paz porque el Padre nos ha perdonado desde el momento que hemos aprendido de Él a perdonar. Será bueno que recemos con sinceridad y generosidad el Padre nuestro en familia. Quizás habremos encontrado la manera de superar divisiones o enemistades que no nos dejan vivir como quisiéramos.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

sábado, 9 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Leemos hoy unos fragmentos del llamado discurso de Jesús a la comunidad que empieza recalcando el valor de los más pequeños de la “familia, de la casa” eclesial. No son bromas. Mis hermanos y amigos no me son indiferentes. No puedo hacer como Caín: ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? 
2. Ezequiel dice que somos centinelas. El centinela observa y anuncia lo que ve: ¿quién viene, que ocurre? Su responsabilidad anunciar las noticias buenas y las no tan buenas. La vida de los ciudadanos depende de él. Y se le pedirá cuentas. Responsabilidad del ciudadano y del cristiano es responder con agilidad las nuevas preguntas con respuestas nuevas, de ahora y de futuro. 
"El centinela observa y anuncia lo que ve: ¿quién viene, que ocurre?
Su responsabilidad anunciar las noticias buenas y las no tan buenas".
3. En la vida comunitaria, familiar, vecinal, laboral y religiosa, la paz y el buen orden son elementos de bienestar y de felicidad. La misma proximidad que con frecuencia provoca roces y choques. La confianza, la rutina, el temperamento crean situaciones desagradables. A menudo sin darnos cuenta de ello. Vemos los defectos del prójimo y los comentamos. Murmuramos. Disimulamos. Y el otro ni se entera. Y si se da cuenta, no se da por enterado ante la pasividad y el silencio cobarde o impotente de la buena gente de su entorno y continúa actuando mal y escandalizando y sembrando malestar.
4. Jesús habla de la corrección fraterna. Ayudarnos mutuamente a mejorar. A poner paz. Si con una palabra amiga conseguimos que el vecino se dé cuenta de lo que hace y se arrepiente, hemos engrasado el engranaje. Ya no chirría.
5. Es posible que el vecino persista en su idea y no baje del burro aunque todo el grupo, toda la comunidad, toda la iglesia le invite a arrepentirse y a cambiar. En este caso dejémoslo con su burro y sus convicciones y pongamos tierra por el medio, no sea caso que recibíamos alguna coz indeseable.
6. Es tan importante la resolución que la comunidad toma después de orar y de dialogar civilizadamente con el hermano, que Jesús dice que Dios reconocerá como buena ésta tanto si es punitiva cómo si es absolutoria. Jesús pone el poder de abrir y cerrar en manos de la comunidad cristiana.
7. Y es muy consolador lo que Jesús nos dice: la comunidad, la familia, el grupo que ora es un lugar privilegiado de su presencia. Él está en medio de nosotros. Y no sólo cuando participamos en la eucaristía. El Concilio hablaba de la familia como de una pequeña iglesia. Un lugar sagrado. Sería bueno de tomar conciencia de ello. Tal vez así podremos encontrar un sano equilibrio entre la TV y otros medios de comunicación que inundan todo el espacio. Hagamos silencio de vez en cuando contemplando y sintiendo la presencia de Jesús entre nosotros, en nuestro hogar... 
8. Jesús nos invita a orar. Unidos a él, nuestra petición es atendida. Hay que ponerse de acuerdo en pedir lo que nos hace más humanos, más hijos de Dios, más atentos a los otros. Lo que nos ayuda a mirar y juzgar las personas y las situaciones a la luz del evangelio.
9. San Pablo nos recomienda que no tengamos deudas con nadie... Ni con el gobierno. Nada de llevar el dinero –si todavía nos quedan- a paraísos fiscales o de esconderlo en un doble fondo. Pagar nuestras deudas y a cumplir nuestros deberes de ciudadanos.
10. Hay una deuda que nunca pagaremos y un deber que nunca acabaremos de cumplir: Ama al prójimo como a ti mismo. Quién ama no hace mal a nadie. Amar es toda la Ley. Quién ama al otro será siempre un ciudadano que se precie. El mejor. Todos conocemos modelos preciosos de honradez, generosidad y solidaridad. 
11. Tomemos esta píldora tan sabia y eficaz que san Pedro recetaba a los cristianos de todos los tiempos: Que nadie de vosotros no tenga que sufrir por asesino, o ladrón o delincuente, o por haberse metido donde no lo llaman. Si lo es por ser cristiano, no se ha de avergonzar. Dé gracias a Dios porque puede llevar el nombre de Cristo.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy