domingo, 11 de diciembre de 2016

DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO

1. Antes a este domingo  se le llamaba de Gaudete, alegraos, estad contentos. Era el canto de entrada de este tercer domingo de adviento. Gaudete, estad siempre contentos, con un gozo expansivo, que haga felices a los demás  por la manera humilde y sencilla con que esperáis la venida del Señor que ya está cerca.
2. La primera lectura remarca la alegría por el próximo regreso a la patria después de un largo exilio. Hasta la tierra lo celebra adornándose con las mejores galas expresión de la presencia gloriosa del Señor. Con el regreso parece que hasta la salud mejora y con ella el espíritu: no tengáis miedo. Abrid los ojos y los oídos para ver y la intervención eficaz del Señor. Él nos quiere libres y felices celebrando con fiestas y algazara la liberación. La restauración de la naturaleza, descrita como prosperidad, felicidad e integridad física, tiene que ir acompañada de un progreso espiritual.
3. Pero los cambios en la naturaleza y en la sociedad son lentos: como la cosecha que se hace esperar meses. De nada sirve ponerse nerviosos ni quejarse. Santiago anima a aguantar las contrariedades y los insultos o malos tratos que a menudo comporta la fidelidad a Dios y a los otros. Es una paciencia activa, una paciencia que mientras soporta la dificultad, trabaja para preparar el cambio de situaciones.
4. Pero hay momentos en que la paciencia se acaba y apunta el desánimo, la oscuridad, la sospecha. ¿He trabajado en vano? ¿Todo el que hago y digo vale la pena? Es la situación penosa de Juan Bautista. Ha anunciado una intervención fulminante de Dios. El trigo al granero. La paja al fuego. El hacha apuntando a la raíz del árbol estéril. Los sabios y los santos que acudían a bautizarse eran una raza de víboras; unos inconscientes que se creían los únicos hijos de Abrahán sin imitar su conducta.
5. En la cárcel Juan oye hablar de Jesús. Pero el   Mesías que él anunciaba no tiene nada que ver con el justiciero que actúa sin contemplaciones. Y le envía unos mensajeros que le hagan la gran pregunta: ¿Eres tú el que había de venir o  tenemos que esperar a otro?
6. La respuesta la encuentra en la palabra de Dios y en los signos que la acompañan. Jesús expresa su misión mediante el compromiso con los pobres y los desvalidos: los cojos andan, los ciegos  ven, los leprosos quedan puros, los sordos  oyen, los muertos resucitan, los desvalidos sienten el anuncio de la buena nueva. Jesús con su opción por los pobres y los excluidos cumple lo que otros profetas anunciaban. Juan con esto  tuvo bastante. Comprendió y reconoció que  había otra manera de preparar los caminos del Señor.
7. Jesús no desautoriza a Juan. Al contrario, le tributa un elogio extraordinario. No ha nacido de mujer ninguno como Juan Bautista. Con su actuación como profeta enamorado de la Palabra de Dios se ha atraído la inquina y la enemistad de los poderosos que no han parado hasta encarcelarlo. Austero, decidido y valiente. No es  una caña sacudida por el viento ni un adulador de los poderosos.
8.   Mientras los otros profetas anunciaban al Mesías para un futuro más o menos lejano, Juan ya lo señala como presente en la persona de Jesús.  Pero se queda en el límite entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por eso el cristiano más insignificante está en mejor situación que Juan porque está de lleno en el Nuevo Testamento, en la Alianza nueva. Disfruta como presente de Jesús que Juan señalaba.

9. Alegrémonos pues y no busquemos a Jesús ni en el pasado ni en el futuro, sino en el ahora y aquí de la Eucaristía y en la ahora y aquí de cada hermano nuestro, especialmente si entra en la lista de los oprimidos y de los hambrientos, de los presos y de los ciegos, de los vencidos y de los forasteros, de las viudas y de los huérfanos que son las personas más amadas de Jesús.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: monasterio cisterciense de La Palma

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