sábado, 17 de diciembre de 2016

DOMINGO IV DE ADVIENTO

1. Acaz no era ningún angelito de la gloria. Como rey de Israel tiene muy mala fama. En su delirio religioso hizo pasar por el fuego matándolo a su hijo primogénito en honor de Baal. Y después, para salvar a su pueblo, se alió con el rey de Asiria, que era como poner un zorro como guardián del gallinero. A pesar de todo Isaías lo querría convencer que no lo hiciese. Garantizándole un hijo, Dios le aseguraba la dinastía amenazada. Sería el hijo de una muchacha del palacio y se llamaría Emmanuel: Dios con nosotros.
2. Los traductores del AT al griego, comprendieron que una Virgen daría a luz un hijo. Y así la palabra de Isaías adquirió el valor de una profecía mesiánica.
3. En el momento oportuno marcado por el Padre, su Hijo Jesucristo se hizo de nuestro linaje naciendo de mujer, naciendo bajo la Ley.
Reconocido en su humanidad como un vástago del tronco de David y reconocido Hijo de Dios y Señor nuestro cuando resucitó de entre los muertos. Hombre como nosotros para comunicarnos su dignidad de hijos de Dios.
4. Jesús pues es de la alcurnia de David... Pero, si Jesús es hijo de madre virgen, ¿cómo puede ser del linaje de David?
5. San Mateo responde a la pregunta. José, descendiente de David, está angustiado porque se ha dado cuenta de que María, su prometida, está encinta sin saber él nada. No lo entiende. Pero es un hombre justo: profundamente respetuoso con la voluntad de Dios y profundamente enamorado y respetuoso con María. Como que no lo ve claro decide retirarse discretamente para no interferir en la acción del Espíritu Santo. Quiere salvar el honor de María y la vida del Niño.
6. Una inspiración de Dios lo saca de dudas y lo tranquiliza. No tengas miedo, José. María te necesita como esposo. También su hijo necesita un padre. Continúa a su lado con todo el amor y la delicadeza de un esposo enamorado. Tú eres descendente de David. A ti te corresponde inscribir al niño en el registro civil y darle un nombre y con el nombre transmitirle los derechos dinásticos de David. El niño se dirigirá a ti como a su padre. Será el hijo de David.
7. Le pondrás el nombre de Jesús porque no será un mesías convencional. Salvará el pueblo de lo que de veras lo perjudica: el pecado. Y le propondrá un programa profundamente humanizador: honra al padre y a la madre, respeta el amor, respeta la palabra, respeta la vida, ama tus enemigos, imita la generosidad y bondad del Padre Dios. Está pendiente de los pobres y huérfanos, de los forasteros y de la gente marginada, porque son el disfraz de este Mesías Salvador.
8. Y por eso el niño que nos nacerá realizará lo que Isaías profetizaba: se llamará Emmanuel. Dios con nosotros. La presencia visible de Dios entre nosotros.
9. Hagamos como José: acojamos a María y al Niño en nuestra casa y en nuestro corazón en estas Navidades y siempre. Así realizaremos su acción salvadora. Salvar al mundo del pecado y de sus consecuencias. Él será la Paz.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe hoy

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