martes, 27 de diciembre de 2016

ACOGER LO NUEVO

Donde hay rutinas y acostumbramientos ya no hay nada, se pierde la novedad y todo es viejo. Pero acoger algo como nuevo es la señal más clara de que uno se ha abierto a lo de dentro, a lo propio. Si celebras la navidad porque así sale en el calendario, déjalo y quédate en casa. Si, en cambio, dejas lo externo, los ruidos de fuera y todos los envoltorios, pudiera ser que estés más preparado para celebrar algo nuevo y que te renueve.
¿Persona clave en la Navidad? La Madre, claro. Si te animas a leer en el Evangelio aquello primero de la Anunciación verás que ella está disponible para lo desconocido, para lo absolutamente nuevo. Cuando el ángel del Señor le anuncia su maternidad se siente disponible, con apertura interior, y dice: “¿y cómo va a ser esto? Esta frase no sugiere ni duda, ni oposición, ni cerrazón, ni nerviosismo. Lo da por hecho. Sólo pregunta cómo va ser. Es como el que ya está dispuesto para hacer algo y sólo pregunta al que le hace el encargo: ¿cómo quieres que lo haga?
La navidad debe ser Navidad. Hay que tener el alma muy despierta, vigilante, para no quedarse con la letra minúscula de todos los años y experimentar la novedad de lo que no se repite. No te reduzcas a lo ya vivido. La Navidad, o es única y nueva, o no es nada, o, si te apura decir que es nada, pues quédate en decir que es pura superficialidad que no te moverá del sitio. Y hay rutina cuando vivimos en la superficie. No generalices la Navidad. Generalizar es muy de nuestra cultura pero con eso perdemos siempre la novedad de todo. 
¿Quieres una palabra adecuada para este tiempo? Desacostúmbrate. “Es que alguna estructura hay que tener”, dices. Sí, pero es importante no atarse a ninguna forma, no incrustarse, sino ver cómo me las arreglo para vivir lo de siempre de otra manera. Ya uno de los antiguos profetas alertaba a los suyos: “no recordéis lo antiguo; está surgiendo algo nuevo, ¿no lo notáis?”. Y haz silencio en la Navidad. “¡Qué cosas!, con el ruido que hay por ahí”. El ruido suele producir ruido. El silencio deja fluir lo nuevo desde dentro.
¿La otra persona clave de la Navidad? El Niño, claro. Luego escribieron de él los evangelistas y nos contaron cosas admirables. ¡Qué pena que nos las sabemos de memoria y ya no nos impresionan! ¡Con lo impresionantes que son! Atrévete a leer de nuevo el evangelio y podría ser que hasta la Navidad te parezca algo nuevo. 

Texto: J.M. Ferrer
Foto: Cultura y Fe hoy

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