sábado, 26 de noviembre de 2016

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

1.  Adviento significa llegada, advenimiento, venida. Una venida esperada, pero sin que sepamos cuándo ni dónde. Como un ladrón, dice Jesús.  Evocamos la venida de Jesús en Belén largamente anunciada. Y esperamos su venida definitiva que dejará nuestro mundo definitivamente arreglado. Y entre una venida y otra, esperamos encontrarnos con Jesús ahora y aquí.
2. Alerta: hay una pequeña trampa. Mientras celebramos el ayer y esperamos el mañana, podemos dormir plácidamente soñando con ángeles o demonios que nos distraigan del AHORA y AQUÍ que es el cuándo y el donde en que nos encontraremos con Jesús que viene.
3. De hecho en el evangelio de hoy Jesús no  anuncia  el fin DEL mundo sino el fin de UN mundo. Y dice que su venida será lo más discreta e imprevista que se pueda imaginar. Como en los días de  Noé, dice Jesús.  Noé preparó el arca donde refugiarse él y todos los animales domésticos y salvajes para cuando sobreviniera el diluvio. Entre tanto la gente hacía la vida normal, trabajando honradamente y casándose,  comiendo y bebiendo, divirtiéndose y riéndose de Noé. Poco más o menos como nosotros ahora: vamos a misa, o al fútbol, o al trabajo o a las infinitas diversiones que se nos ofrecen en cada esquina. ¿Se han fijado? La sección de cultura de los medios de comunicación se reduce toda en espectáculos, diversiones, deportes, en novelas y otras distracciones? Vivimos alienados, fuera de nosotros.
4. Llegó el diluvio, hubo un terremoto devastador, vino el tsunami imprevisto: muertos, heridos, personas y gente salvándose por los pelos y las casas cayendo unas encima de otras, quedando en pie pocas o ninguna. Muchas personas se encontraron de repente con que Dios le pedía cuentas de su vida. Si lo hubiésemos pensado antes... Es que el ladrón no avisa, dice Jesús. Por eso hay que estar atentos y vigilantes.
5. Es ahora cuando nos jugamos la salvación, es ahora cuando nos relacionamos correctamente con Dios, con las personas, con la naturaleza. La ignorancia del día y de la hora choca con la certeza de que el Hijo del Hombre vendrá. Más  aún:  ya está aquí disfrazado de forastero, de migrante, de enfermo, de marginado...
6. Velad, pues, porque ignoráis el día en que vendrá vuestro Señor. Vendrá a la hora que menos pensamos. Es lo que nos recomienda san Pablo: velad. Sed conscientes del momento en  que vivís. Basta de dormir; ya es hora de levantarnos.  Estas palabras convirtieron al que pronto sería san Agustín.  Comportaos dignamente como pleno día. Evitar el abuso en comidas o bebidas. Nada de lo que nos distraiga de lo esencial. Autodominio. Nada de riñas y de envidias. Que vuestro vestido sea Jesucristo, el Señor.
7. De hecho el adviento es una invitación a vestirnos de Jesús. Todo el año litúrgico con la misa de cada domingo es una invitación a tomar conciencia de lo que somos y de lo que queremos ser como cristianos. Vivir despiertos y acicalarnos, según el modelo Jesús. Desde las pajas del pesebre hasta el calvario y el domingo de Pascua; y el de Pentecostés con el don del Espíritu Santo.
8. Isaías nos propone una tarea espléndida por este adviento. Primero, aceptar la invitación del Señor a andar a su luz. Segundo: aplicar atentamente oído y  corazón a Dios para aprender sus caminos que son caminos de paz: de las espadas forjar arados y de las lanzas podaderas. Convertir las armas destructivas, todo lo que nos destruye y destruye, en elementos de construcción. El ingenio que ponemos en mantener nuestras  diferencias  ponerlo en crear la paz basada en el amor y la justicia, en la libertad y en la fraternidad. Es poco lo que podemos hacer en un mundo de tanto odio, tanta guerra y de tantos intereses. Pero podemos proclamar el mensaje que resonará en la nochebuena: Paz a los hombres en quienes Dios se complace. Procuremos mostrarnos dignos de tal amor. 

Texto: J. Sidera cmf
Foto: aciprensa

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