sábado, 12 de noviembre de 2016

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. El anuncio de la destrucción del templo de Jerusalén fue  demoledor para los que lo oyeron. Para Israel el Templo era el signo visible de la presencia de Dios en medio del pueblo. Su destrucción suponía no sólo el fin del pueblo de Israel sino también el del mundo. Por esto los discípulos piden a Jesús cuándo será y cómo. ¿No  habrá ninguna señal?
2. Jesús no responde ni al cuándo ni al cómo. Pero da a entender: Primero,  que la destrucción del templo no supone el fin del mundo sino el fin de un mundo que dará  paso a otro.  Es una etapa de la historia que, como cada tramo de la vida personal, supone dejar atrás un pasado y empezar una nueva. Para llegar a ser personas adultas hay que dejar atrás la niñez y la adolescencia y vivir con intensidad cada momento. Cada paso no representa un final sino un reto para continuar adelante.
3.  Segundo, todo cambio a todo nivel suele traer duda, desconcierto, miedo y angustia. Queremos seguridad y la buscamos sea y donde sea. En situaciones de crisis general, hay quien dice en nombre de Dios: Una revelación a no sé  quién dice que el fin del mundo será el día 00 del mes x del año zzzz. ¡A temblar se ha dichos pues! O vienen unos iluminados, que en nombre de la novedad y del progreso -hoy  los llamamos populistas- se presentan como  libertadores: tienen la solución a toda crisis. Su política nueva, si puede ser de izquierdas o de derechas mientras sea progresista acabará con la miseria y la corrupción. Se regalan duros a cuatro pesetas. Seremos ricos sin trabajar, seremos sabios sin estudiar, todos mandaremos porque desde debajo derribaremos a los de arriba. Ideas que se presentan como nuevas y que ya eran viejas cuando nosotros nacimos.
4. Ante estas situaciones de crisis, de incertidumbre y de miedo nos podemos quedar paralizados, o esconder la cabeza bajo el ala esperando que las cosas se solucionen solas o que otros nos las solucionen. O renunciar a actuar. ¿Para qué? Comamos y bebamos que mañana moriremos. Era la tentación de los cristianos de Tesalónica. En espera de la  parusía, es decir, que Jesús volviera a componer este mundo tan descompuesto, vivían sin trabajar y chismorreando. Ni hacían ni dejaban hacer. San Pablo se lo dice bien claramente: si no son buenos para trabajar mientras esperan la venida del Señor que dejen de comer. El que no quiera trabajar que no coma. Precisamente porque creemos que el tiempo es corto, hay que aprovecharlo avaramente. Pablo iba al frente dando ejemplo: no ser carga para nadie y con el propio trabajo vivir con él y ayudar a otros a vivir.
5. Tercero. Con el templo o sin él, el mundo continúa su ritmo de siempre. En una parte u otra se dan tsunamis, terremotos, epidemias, guerras que vienen a ser el pan amargo de cada día.  En estos casos esperaríamos una intervención fulminante de Dios. Dios está e interviene, pero no espectacularmente. Su intervención es discreta y callada, con el silencio y la eficacia de la levadura metida en la masa o como la sal que sazona los alimentos. Callada y revolucionariamente, como el amor y la verdad.
6. Todo el mundo continuará viviendo como en tiempo de  Noé o en tiempo de  Sodoma y  Gomorra, o como el día que una avenida se lo lleva todo por delante y sorprende a todo el mundo. Sorprende a todo el mundo menos al que siempre está dispuesto ante Dios porque vive honradamente como hijo y haciendo el bien como miembro activo de la sociedad.
7. Cuarto.  Aparte de estas catástrofes repentinas, el cristiano topará con las dificultades con que Jesús se encontró para implantar el proyecto de Dios sobre el mundo. Una humanidad de hijos y hermanos, que viven en libertad, en solidaridad, respetando la vida, la palabra, los bienes de todos, la conciencia propia y la ajena, sembrando unos valores positivos y construyendo la comunidad humana. 
8. Pero, ¿quién lo diría?, esta manera en que esta gente concibe la vida y la vive, provoca la ira de los ricos y de los poderosos,  de los ambiciosos y de quienes quieren escalar el poder para imponer a todo el mundo sus ideas. Estos promueven resistencias feroces y persecuciones sangrientas como las que sufren en todo el mundo tantos cristianos inocentes sólo por el hecho de ser fieles a Jesucristo y a la propia conciencia. Y cuando no reaccionan con persecuciones violentas, ellos que se llaman liberales y libres, en nombre de la libertad dejan que cada cual piense y diga lo que quiera mientras no se diga cristiano ni proponga en nombre de su fe el respeto a la vida, a la familia, a los niños antes de nacer, a los enfermos terminales o a los que estorban.  Hoy no eliminarán físicamente a los  creyentes, pero los apartarán de la circulación tildados de  carcas o de derechas o conservadores o  pasados de moda. O les perdonarán la vida con una sonrisa irónica y  burlesca.
9. Jesús nos da unos consejos: ante todo cordura y criterio. No renunciemos a pensar con nuestra cabeza y a mirar con nuestros ojos. Si no pensamos nosotros, otros pensarán por nosotros. Por esto aconsejaba: Cuando os digan que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina o digan que el  Mesías liberador es aquí o allí con la varilla milagrosa, no  hagáis caso.
10. Aconseja luego la confianza en Dios que nos ama y nos acompaña siempre y vela por nosotros. Ni un cabello de la cabeza nos caerá. Y nos inspirará en cada momento y en cada circunstancia la palabra justa y oportuna para responder ante situaciones comprometidas. “Hay  una ley escrita en el corazón que está por encima de toda otra ley tiránica”. “Antes obedecer Dios que a los hombres”. No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído y que da sentido a nuestra vida y dignifica a la persona.
 11. Y finalmente, paciencia. Aguantar, esperar activamente, poniendo de nuestra parte los medios que tenemos a nuestro alcance como personas, como miembros de la  Iglesia, como miembros de una sociedad en la cual como cristianos somos luz, sal y fermento, y tenemos algo que proponer y defender. Sin miedo. Cristo muerto por ser fiel al proyecto del Padre del cielo y resucitado, nos garantiza la victoria. Podemos hacerlo porque tenemos un maestro interior que  sabe de verdad, el que guiaba Jesús y vive dentro de nosotros. El Espíritu Santo. Y tenemos una garantía suprema: el Padre que vela por las flores del campo y por los  pájaros del cielo, vela por nosotros. Hasta nuestros cabellos tiene contados y ni uno caerá sin  su permiso. Las dificultades y obstáculos son oportunidades magníficas para dar testimonio de Jesús y del evangelio.

12. Se acaba el jubileo de la Misericordia. Demos gracias a Dios. Ahora nos toca continuar manifestando en nuestra vida la misericordia que hemos aprendido en este año de gracia. Será la contribución que como cristianos y como católicos podemos ofrecer a los hermanos que hacen camino con nosotros aunque no compartan nuestra fe. Jesús decía: Sed como el Padre del cielo: que hace llover y salir el sol sobre buenos y malos, porque nos ama infinitamente a todos.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe hoy

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