domingo, 30 de octubre de 2016

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

1. Apocalipsis significa revelación, des- velar, quitar el velo. Un tapiz mirado de una cara, solo enseña una tela deshilachada que no nos dice nada. Si lo miramos de la otra, presenta cuadros maravillosos. La Iglesia es como un tapiz. Mirada con los ojos de Dios, la proclamamos Santa. Mirada con los nuestros no nos lo parece tanto.
2. Hoy el Apocalipsis nos muestra la cara santa, luminosa de la Iglesia. Tal como Dios nos mira y nos ama. Una multitud inmensa de gente que tiene grabado en la frente el anagrama de Cristo, XP, el Cristo, el Ungido. Somos un pueblo de ungidos – cristificados-  sacerdotes, profetas y reyes...
3. Somos muchos. Los 144.000, [12x12x1000] representan el pueblo de Israel. Hay también, vestida de fiesta, muchísima gente de toda nación, raza, pueblo o lengua. Llevan en la mano la palma de los vencedores. Y cantan gozosos: ¡Hosanna!, ¡Viva nuestro Dios, que suyo en el trono, y al Cordero!  El Cordero es Jesús muerto y resucitado, que comparte la gloria y el poder con el Padre.
4. ¿Quiénes son y de dónde viene toda esa gente?, pregunta una voz. Y otra responde: ¿No lo sabéis? Vienen de tal parroquia o de tal otra, de Europa o de Asia, y de todos los rincones donde hoy celebramos la Eucaristía. Se han mantenido fieles a Cristo y a los hermanos a pesar de todas las dificultades. Seguro que, si nos fijamos, veremos muchas caras conocidas. Han llegado a la cumbre. Ahora brillan con el resplandor de Dios. El salmo los describe: Tienen el corazón sincero y las manos limpias de culpa, no confiaban en los dioses falsos ni juraron por ganas de engañar.
5. San Juan dice que somos unos los preferidos del Padre: nos reconoce como hijos suyos, y lo somos. No siempre lo parece, pero es una dichosa realidad. Un día lo veremos sin velo ni cortinas porque seremos semejantes a Él. En el evangelio Jesús proclama dichosos los pobres, a los que lloran, a los humildes, a los oprimidos y ninguneados por quienes se creen poderosos. Son felices no porque sufran situaciones injustas, sino porque Dios toma descaradamente partido por ellos y por todos los parias de la tierra. Cuando decimos “reino del cielo” no hemos que pensar en un reino más allá de las estrellas. No. Aquí “cielo” esconde el nombre de Dios. Dios es nuestro Rey.

6. Pero Dios es muy discreto y respetuoso con nosotros. Y se sirve de personas como nosotros para cumplir su proyecto de amor. Son personas que tienen hambre y sed de realizar el proyecto de Dios que es de libertad, igualdad y fraternidad; son personas compasivas –que sintonizan con el sufrimiento ajeno-; que ponen paz donde hay guerra y amor donde reina el odio; personas de corazón limpio y transparente, que por esto son hijos de Dios. Lo ven y lo tratan familiarmente y lo ven también en la creación y en las personas
7. Es curioso, estas personas tan valientes y generosas, son objeto de incomprensión y de persecuciones, precisamente porque se ponen de parte los débiles, de los desvalidos y marginados de todo tipo. ¡Tienen a Dios de su parte! No se tienen que desalentar.
8. Miremos arriba hacia el cielo. Mantengamos viva nuestra confianza en Dios que nos ama, nos espera y nos acompaña por el camino de cada día. Cuando nos toque sufrir, estamos seguros de que Él está de nuestra parte para consolarnos y animarnos. Nos hace sacramentos suyos, signos visibles de su amor.  Cuando disfrutamos de salud y fuerzas, sabremos que Dios nos bendice si ponemos lo que somos y podemos en favor de los hermanos necesitados. Somos la mano larga de Dios que a través de nosotros los consuela, los anima y los apoya. Somos el rostro, la sonrisa, la ternura de Dios. ¡Qué maravilla! Un día, todos juntos, disfrutaremos de la plena vida de Dios junto con la inmensa multitud de hermanos y hermanas que se nos han adelantado.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: aciprensa.com

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