domingo, 16 de octubre de 2016

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

1. No hacen mucha gracia el ruido de batallas y peleas que implican a Dios a favor de unos contra otros, convencidos que ellos tienen la razón. No creo que Dios esté contento de que sus hijos se maten a conciencia y que la industria de la guerra sea una de las más prósperas de países tan hipócritamente pacifistas... El profeta Miqueas sueña: Él vendrá a apacentar a su pueblo y vivirán seguros. ÉL SERÁ LA PAZ.
2. Pero podemos dar a la primera lectura otro sentido: en la lucha contra el mal, hay que estar en la montaña orando personalmente o aguantando los brazos de los que oran para lograr de Dios el triunfo siempre difícil y por esto tan deseado contra el mal en todas sus formas.  Moisés con su hermano Aarón y Hur son un modelo. Cómo lo será Jesús en el Tabor con Moisés y Elías.
3. El juez del evangelio es un personaje repelente. No cree en Dios ni respeta a las personas. No ha aprendido aquello de amar a Dios y al prójimo. No tiene corazón. Se cree quién sabe qué y es una máscara de buena apariencia sin seso.
4. La viuda pobre del evangelio es la persona más desprotegida del mundo. Sólo tiene un arma: la razón. Y a base de paciencia y de constancia es capaz de derrocar la dureza caprichosa de aquel juez inicuo. Ella, convencida de que tiene razón no parará hasta arañar la cara del juez cobarde, si se tercia. Al fin, el juez acaba dando la razón a la viuda, si no por convicción, a lo menos por agotamiento.
5. Jesús nos sorprende con una conclusión inesperada: si el juez con toda su cara dura se inclina ante la viuda y le dicta una sentencia favorable, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos que le reclaman día y noche en medio de la persecución e incomprensión de los poderes fácticos de este mundo?
6. Jesús quiere que oremos siempre sin cansarnos. Nos quiere siempre conectados por la fe y la confianza con nuestro Padre. Hace falta fe para orar y hay que orar para creer. Fe es confiar: cómo Abrahán que esperó contra toda esperanza. Orar se también entablar un diálogo íntimo con Dios y escucharlo. No es forzar a Dios a haga lo yo quiero. No. La oración comporta el compromiso serio de empezar a hacer lo que pido. Si pido la paz, empiezo pacificándome y creando una atmósfera de paz.  Dios nunca hará en lugar mío lo que me corresponde a mí.
7. En la oración hemos de al Padre la sabiduría del corazón. Una oración alimentada con el estudio y la meditación de la Palabra de Dios.  Timoteo, ya de niño, fue iniciado en la lectura de la Bíblia por su abuela Lois y su madre Eudice. De ellas aprendió que la Biblia contiene la sabiduría que lleva a la salvación a por la fe en Jesucristo. En efecto toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñar y convencer, para corregir y educar en el bien conduciendo a la persona a una madurez que se desborda en toda obra buena.
8. El Espíritu Santo, inspirador de la Biblia, ilumina siempre al que por las razones que sean, se encuentra sin luz y sin medios para instruirse. Así vemos cristianos muy sencillos con un sentido de Dios que enamora. Pero hay que tener en cuenta que el Espíritu Santo nunca perderá ni un minuto en suplir mi pereza y mi inapetencia mental.
9. Jesús pregunta: cuando él vuelva ¿encontrará esta fe? ¿Encontrará la paciencia, la insistencia, la perseverancia de la viuda del evangelio de hoy? Es una pregunta retórica. Jesús sabía y sabe que hay muchas personas de fe. Hombres y mujeres que convencidos de que Dios nos ama a todos, se hacen sacramentos – signos vivos- de la presencia de Dios en el mundo. Siempre atentos a acoger y a defender a las personas de cualquier credo o cultura contra la injusticia de estructuras opresoras y de opresores de todo tipo. A la larga su fe saldrá con la suya. Saben estar en la montaña orando y saben estar junto a cualquier que los necesita.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe Hoy

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