sábado, 3 de septiembre de 2016

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Jesús no engaña nadie. Primero en una parábola explica que Dios ha preparado una gran fiesta. Pero, como los ricos y los sabios y la gente acomodada no se ha querido apuntar, Dios ha abierto de par en par las puertas a toda clase de pobres, lisiados, ciegos...  que   han acudido a la fiesta como las moscas a la miel. Y con un programa así, una gran multitud se apresta a emprender el camino de Jesús.
2. Pero Jesús no engaña. Acompañarlo y seguirlo comporta unas condiciones muy duras.  Las propone a todos y no admite rebajas. Quien quiera entrar en el número de los amigos y seguidores de Jesús, ha de amarlo más que a sí y más que a sus familiares más íntimos.  Se ha de desmarcar de sí mismo. Ha cambiar de chip. Ya no vale aquello de “primero yo, después yo y siempre yo”.  Se ha de desmarcar de la familia: padre, madre, mujer, hijos y hermanos y hermanas. No se trata de no amarse a sí mismo o de no amar a la familia. Sino de amarla de otro modo, desde una situación personal concreta: desde la libertad y la autonomía personal.
3. Y esto no es todo. Para seguir a Jesús y ser discípulo suyo hay que cargar con la ignominia de la cruz. No solamente llevar la cruz de la propia vida y tribulaciones colaterales, sino aceptar ser despreciado y ninguneado como Jesús cuando cargaba con la suya. Porque esta manera de obrar necesariamente chocará con la manera de pensar y de hacer de mucha gente. Además, el miedo al ridículo o al qué dirán paralizarán la libertad y la autonomía.
4. Como la cosa va de veras, Jesús aconseja que nos sentemos y tomemos la calculadora y echemos números. Me quiero comprar una casa casa, no un pisillo cualquiera. Me piden un puñado de euros. Hipoteca.  ¿Tendré bastante? Visto todo, me compraré otra más pequeña y más adelante Dios dirá.
Me las he de ver con abogados, notarios y procuradores y gastaré más que si gano el pleito. ¿No será mejor llegar a un acuerdo antes que enzarzarnos en tribunales?
5. Jesús lo dice muy claro. Sólo puedo hacer algo que valga la pena si soy libre, si soy dueño de mí mismo, si soy capaz de vivir y de decidir solo. 
6. Merece la pena traducir el lenguaje de Jesús, tan cortante y exigente a un lenguaje que, sin dejar de ser exigente, sea entienda y estimule. ¿Qué quiere decir Jesús?  Muy sencillo: Para seguirlo hay que ser libre y autónomo como él.
7 Libre y autónomo para disponer de ti, libre y autónomo ante la familia, libre y autónomo ante las cosas. Nada de medias naranjas. No, no, naranja entera, persona entera, para poder tratar de tú a tú, no como de esclavo al amo o de súbdito al superior. Con la libertad de los hijos de Dios.
8. Conviene recordar que esta libertad y autonomía no solo son indispensables para ser cristiano, sino simplemente para ser hombre o mujer.  Sólo una persona libre y autónoma se puede casar, tomar un oficio, aprobar una carrera, acudir a unos juegos olímpicos... Jesús que es el hombre HOMBRE nos llama a la libertad para que seamos como él.
9. Para entender esto, podríamos pedir el don de la sabiduría, de que nos habla la primera lectura. Para aprender a conocer qué es lo que agrada al Señor...  O rezar lo del salmo: Enséñanos contar nuestros días para que logremos la sabiduría del corazón.
10. Un ejemplo de libertad liberadora la tenemos en la carta a de san Pablo. La fe en Jesús ha convertido al esclavo Onésimo en hermano de Filemón. Continuará a su servicio no porque no le queda otro remedio, sino como un servicio libremente asumido. Cómo Jesús que, precisamente porque es el Amo y el Señor, se puede poner a lavar los pies de los discípulos y mostrarnos así el camino de la libertad.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: misionmas.wordpress.com

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