jueves, 4 de agosto de 2016

¿RENCOR?

¿Y si empleara usted las vacaciones para usar la goma de borrar… rencores? Porque el problema, siéndolo, no es que alguien nos haya ofendido, -que nos ofenden y ofendemos, las dos cosas-, sino el mantener ese recuerdo frecuente y obstinado de las ofensas recibidas. Si sucede esto la frustración queda dentro y abona la agresividad. Y si llega la ocasión, que llega, se siente el impulso de actuar con rencor y desde el rencor. De ahí a la guerra, entre las personas, guerra fría o menos fría, ya no hay pasos: guerra pura y dura. Llevar lista de los agravios recibidos sienta mal. Es como llevar un marcapasos pero mal puesto, no funciona, y además perjudica seriamente la salud. Es como llevar veneno en el corazón. Mal asunto.


¿Que todo el mundo busca la felicidad? Sin duda. Pues las personas cargadas con ese recordatorio personal de agravios, se la juegan y la pìerden Y enferman de sinsentido y de infelicidad, lógicamente. Es como caminar por sendas equivocadas.
Como todos, de una u otra manera, hemos sido agraviados, ¿qué hay que hacer? Sanar el corazón con el olvido y el perdón. Esto no es buenismo de débiles mentales. Es inteligencia emocional que ayuda a vivir con equilibrio porque las heridas ya no sangran. Si quedan cicatrices, es posible, ya no duelen. ¡Feliz agosto, nuevo, ahí mismo ya!

Texto: J.M. Ferrer
Foto: Cultura y Fe Hoy

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