domingo, 14 de agosto de 2016

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO. EN MEMORIA DE LOS MARTIRES DE AGOSTO DE 1936

Jesús nos descoloca hoy con unas palabras sorprendentes: «He venido a traer fuego a la tierra. ¡Como quisiera ya verla arder! Tengo que pasar la prueba de un bautismo. No he venido a traer paz a la tierra, sino división. Fuego y agua y división.
1. No nos esperábamos esta de Jesús que dos pueblos han hecho uno solo; Él que desde el nacimiento ha anunciado paz en la tierra a los hombres en quien Dios se complace, y que en la última cena pedía para sus discípulos que fueran U como lo son él y el Padre. Él que proclama felices los que trabajan por la paz, de repente habla de división. El viejo Simeón lo había anunciado a María: este chico será una bandera combatida. Y a ti un espada te atravesará el corazón ...
2. Ha venido a prender fuego en el mundo: el fuego del Espíritu, un fuego que quema, ilumina, calienta. Es el fuego de Pentecostés que purifica los corazones de todo egoísmo; ilumina el presente y el futuro con luz nueva y calienta los corazones y los empuja a actuar. Pero la comunicación de este fuego tiene para Jesús un precio muy alto: el bautismo, un zambullirse de lleno en el juego y en el choque de las libertades humanas. Un choque que terminará en la experiencia dramática de la muerte. Jesús lo acepta porque nos quiere enseñar a ser hombres / mujeres libres y responsables de lo que queremos, pensamos y hacemos. Hombres llevados como él por el Espíritu Santo.
3. Ser hombre cabal exige definirse. No valen las medias tintas. Jesús proclama y promueve unos valores y unos principios que se oponen frontalmente a las tendencias deshumanizadoras del común de la gente. Nos quiere libres ante los ídolos del dinero, del poder y del saber. Que como él caminamos encendidos de un amor sin límites; que optamos por la justicia, la hermandad y solidaridad hacia los marginados de todo el mundo. Él establece un nuevo modelo de familia que tiene Dios por Padre y en el que todos los demás somos hijos y hermanos. Un modelo arraigado en el Padre Nuestro que nos hace hijos y nos hace hermanos. Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
4. El H. Fernando Saperas era un hombre libre con la libertad de los hijos de Dios. A lo largo de su vida aprendió a ser hombre. Y para serlo con una radicalidad nueva, emitió unos votos de seguimiento de Jesús obediente, casto y pobre. Lo vivió en comunidad en Vic, en Barcelona, ​​en Cervera. Y cuando el huracán de la persecución lo dejó solo con dos duros en el bolsillo para ir tirando, con el rosario y un crucifijo en el pecho y en el corazón, dio la medida perfecta de su humanidad. Era un religioso enamorado de Jesús y gozoso de llamarse y ser hijo del Corazón de María. Había consagrado toda su persona a Jesús ofreciendo a él sin rebajas.
5. El H. Fernando era de buena planta, bondadoso, normal. Con toda normalidad, dentro de la horrorosa anormalidad de aquel agosto de 1936, mientras buscaba un lugar seguro donde esconderse, se ofreció a llevar la cesta que una campesina llevaba al mercado. Y se despidió hasta el cielo. Y al cabo de unas horas pasó todo un infierno a merced de unos hombres que querían enfangarse en el lodo donde se movían. Pero el H. Saperas, hombre de paz, de palabra y de amor supremo prefirió perder la vida que el honor y la fe. Matadme, pero esto no, decía a sus verdugos. Virgen soy y virgen moriré. Pero a hombre ninguno de vosotros me gana.
6. Hoy hace 80 años de estos hechos que muestran la vileza de unos y la grandeza de otros: los unos tan abajo y el H. Fernando tan arriba. Yo me lo imagino repitiendo las palabras del salmo que hemos recitado: Señor, no tarda en defenderme. Se encontraba en un lodazal como Jeremías en la cisterna condenado a morir de hambre. Ahora soy un pobre desvalido. Donde sueldo, Dios mío, no tardes. ¡Líbrame!
7. Deseamos profundamente que esta victoria del H. Fernando superando con el perdón y la oración el odio, la incomprensión, la escasez humana sea reconocida por la Iglesia, como han sido reconocidos los hermanos claretianos que en Barbastro derramaron la sangre un día como hoy. El H. Saperas se les encontró que ya la esperaban en el cielo.
8. Los targarina y los de Alió y todos los que nos hemos reunido durante casi 80 años lo esperamos con toda el alma y esperamos que no hayamos de esperar otros 80 para verlo glorificado. Y esperamos también reencontrarnos con él junto con los generosos laicos de esta parroquia que esperando contra toda esperanza mantuvieron viva la memoria del H. Fernando Saperas.

9. Que Santa María del Alba, patrona de Tàrrega, nos mire con sus ojos misericordiosos, nos llena nos llene de fortaleza para dar testimonio de nuestra fe.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: claretianos.org

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