lunes, 15 de agosto de 2016

ASUNCION DE SANTA MARIA, FESTIVIDAD DEL 15 DE AGOSTO

1. Este año la fiesta de la Asunción de Santa María al cielo cae en plenas olimpiadas. María nació sobre el año 740 de la fundación de Roma, y en una olimpiada, que podría ser la 190. Unas cuantas olimpiadas más adelante ocurrieron su muerte y asunción. Es posible que hasta Nazaret llegara algún eco de la celebración cada cuatro años de las olimpiadas que, entre otras cosas, comportaba unos días de tregua en medio del azote endémico de la guerra. El año 1896, el barón Pierre de Coubertin inauguró en Atenas las modernas olimpíadas proclamando el eslogan que ha hecho fortuna: Altius, citius, fortius. Más arriba, más rápido, más fuerte.
2. Aprovechando este acontecimiento universal, podríamos relacionar las olimpíadas con la fiesta de santa María Asunta. En la Asunción celebramos que María ha culminado la carrera de su vida escalando la cumbre y consiguiendo el podio supremo: madre y discípula de Jesús, unida a Él en la vida, comparte la muerte y la resurrección de Jesús. Su Hijo Resucitado la ha asociado a su gloria que comparte con la inmensa   multitud de los santos y santas del cielo. La ha coronado con una corona de 12 estrellas y le ha puesto la luna bajo sus pies, como leemos en el Apocalipsis. Por eso hoy cantamos con Ella el Magníficat, su canto de alabanza.
3. Las competiciones atléticas duran más o menos tiempo...  Pero ¿quién puede contar las horas, días, meses y años de entrenamiento antes de llegar a competir? Se abstienen de todo, decía san Pablo, se privan de todo lo los que aparta de su objetivo. Ellos aspiraban a una corona que se marchita bien pronto. Nosotros aspiramos a una que nunca marchitará.
4. María ha llegado a la Asunción después de un largo entrenamiento. Toda una vida de fidelidad a Dios, de no mirar por sus conveniencias personales en un camino muy parecido al nuestro.  Y nos dice cómo lo hemos de correr: Citius, deprisa. Se fue deprisa a visitar a Elisabet para compartir con ella el gozo de la maternidad y apoyarla en aquella situación delicada. Deprisa se fue a buscar a Jesús perdido en el templo. Dispuesta siempre a averiguar y a cumplir la voluntad de Dios junto a Jesús. Altius, más arriba, con una visión amplísima de la historia. Desde las montañas de Judea, María entona el Magníficat: El Señor ha mirado mi pequeñez insignificante y en mí y por mí ha obrado maravillas. Y proclama las preferencias de Dios. Ha desplegado su fuerza dispersando a los arrogante y ensalzando a los humildes. Ha llenado de bienes a los hambrientos y despachado a los ricos con las manos vacías.
6.   Fortius, más fuerte. María era tan frágil y tan fuerte como las mujeres de su tiempo y ponía todo su amor en lo que hacía: yendo por agua a la fuente y ayudando a José en las tareas del hogar y de la carpintería. Fuerte en las largas caminatas como emigrante huyendo en Egipto o emprendiendo las peregrinaciones anuales a Jerusalén. Y fuerte espiritualmente, al lado de José pendiente del Niño en todo momento: en Belén, en Egipto, en Nazaret y más adelante por los caminos de Galilea y de Judea. Al lado a Jesús incomprendido y perseguido. Y sobre todo al pie de la cruz aceptando de labios del Crucificado su vocación de madre nuestra.
7. Después de una vida intensa, silenciosa, generosa y llena, le llega la hora de compartir la muerte y la resurrección del Hijo. La aclamamos esperanza nuestra porque vemos realizada en ella la gran promesa de Jesús: Yo soy la resurrección y la vida. También nosotros un día cerraremos nuestros ojos a este mundo tan hermoso y recibiremos de Dios otros mayores para contemplar su faz inmensa.

8. Alegría, cristianos. Celebremos con gozo la fiesta de Santa María. Y como ella recorramos nuestro camino con corazón generoso citius, -prontos a servir y ayudar, fortius con la firmeza humilde y flexible de cada día, altius, con los ojos fijos en la Virgen nuestra Madre que nos espera con los brazos abiertos.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: diócesis de Canarias

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