domingo, 28 de agosto de 2016

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Hubo un tiempo en que en las escuelas se enseñaba urbanidad. Para los humildes habitantes del campo, la urbanidad nos daba categoría. Nos hacía urbanitas, ciudadanos. Hoy ya no hace falta. Todos usamos buenas formas en el hablar, en el vestir, en el trato  ¿verdad que sí? Antes había quienes blasfemaban como carreteros. Hoy los carreteros se avergonzarían de hablar el lenguaje  barrio bajero de ciertas que se las dan de cultas. Han perdido las formas y esto no es bueno.
2. Esto no viene muy a cuento, justo es decirlo. Aun así Jesús en el evangelio de hoy nos da toda una lección de buenos modales. Cierto que hay una urbanidad cruelmente hipócrita. Pero para un cristiano es la flor de la caridad, una muestra del aprecio, del respeto, de la valoración que los otros nos merecen. Rezuma buena educación
3. La persona bien educada tiene un aceptable autoconocimiento, es decir, es afablemente humilde. No se siente  ni mejor ni peor que nadie. Conoce los límites de lo que sabe y de lo que ignora. Y esto le da la capacidad de una generosa aceptación del prójimo. El prójimo es muy importante para él. Y lo trata como él quiere ser tratado.
4. Esto le reporta dos grandes bienes: le atrae la simpatía de la gente. Y le atrae la misericordia de Dios que se complace en revelarle sus designios. Jesús alababa al Padre, porque oculta las grandes verdades a los sabiondos y las revela a los  pequeños. Y Santa María  exclamó: Ha mirado la  humildad de su sierva.
5. Jesús reprocha a los sabios y a los santos de su tiempo su vanidad: les gusta ocupar los primeros asientos, que todo el mundo les haga reverencias, están orondos de la retahíla de títulos de su currículum personal. Son los padres, maestros y guías de la comunidad.
6. Los invitados del evangelio de hoy demuestran muy poco sentido común. Se exponen a hacer el ridículo cuando el amo los coloque en su lugar. No saben estar donde ni como corresponde. No son sensatos ni para esto.
7. Jesús les da una lección de buenos modales, de urbanidad. Tiene una parábola en que son invitados a una gran fiesta todos los pobres, cojos, estropeados del lugar... Todos ellos, dentro de su pobreza, se han preparado como han podido. Pero entra uno sucio y  andrajoso. Y lo echan fuera porque no se respetado a sí mismo ni a los demás.
8. No sé como miraría Jesús a ciertos políticos, defensores de “las clases populares”, que se presentan en el parlamento mal vestidos y peor peinados. Hay que ser muy rico para hacer el pobre. Ningún pobre de las “clases populares” se presentaría así.  ¿A que no? Las formas son importantes.
9. Un segundo aspecto recalca Jesús. Cuando des una fiesta, no  invites a tus amigos o vecinos ricos. Invita a pobres, inválidos, cojos y ciegos. Te lo agradecerán, pero no te podrán invitar a su vez. Dios te lo recompensará en su momento.
10. Jesús condena el do ut des. Te doy para que me des. En realidad parece prácticamente imposible lo que Jesús predica. Pues no. Muchos lo hacéis directa o indirectamente, cuando ofrecéis a mucha gente un plato caliente y un albergue para pasar la noche. Y esto de forma voluntaria. Sin esperar nada a cambio. Y muchos padres y madres, actuáis casi siempre de la misma manera que recomienda Jesús.
11. Tendréis un doble premio: la paz de la conciencia que da el visto bueno a lo que hacéis y la alegría de continuar en el mundo la presencia de Jesús que pasó por el mundo haciendo el bien. Sois el rostro visible de la misericordia del Padre. 

Texto: J. Sidera cmf
Foto: fundacionpane.org

domingo, 21 de agosto de 2016

OCHENTA AÑOS

¿Dan para mucho 80 años? ¿Dan para poco? Como siempre, depende. El tiempo es, tan absolutamente igual para todos, y, tan absolutamente personal y propio para cada uno, que unos llenan ese tiempo de amor y otros de odio. Muy misterioso todo. O no tanto.
El corazón humano tiene muchas mudanzas y muchos desfallecimientos. El carro del tiempo no hay quien lo pare y va corriendo cada día al menos en dos tiempos: un tiempo con luz y otro con sombras. Dicen que va tirado por tres caballos: el pasado, el futuro y el presente, pero…, ¿qué son uno y otro? El más incierto es el futuro. Pero llega construido, de alguna manera, por los dos anteriores. Son tiempos, los tres, muy unidos, aunque algunos psicólogos se aferren en decir que sólo existe el presente. Es verdad, pero el presente nos viene condicionado. Porque el pasado es el presente de las cosas pasadas y el futuro lo es de las cosas presentes. Muy misterioso todo. O no tanto.
Y en este presente nuestro, que a eso va el título y todo lo anterior, estamos recordando, ¿recordar es pasado, pero lo hacemos presente?, que hace 80 años y casi un mes empezaron los primeros disparos, y las bombas, de la guerra civil española. Y lo que yo recuerdo ahora como memoria obligada, me lo han contado, pero eso es recordar, que sí que hace justo 80 años que, en la madrugada aún oscura del 9 de agosto, se desangraba hasta morir el obispo Florentino Asensio. Ahora estamos en una generación posterior a los actores principales de ese drama nacional y oímos muchas versiones diferentes de los hechos. Dejando ahora las valoraciones, a mí me da el tiempo para recordar con amor a un Pastor y cada uno, así debe ser, recordará con amor a los que quiso y quiere. Sería lo mejor pensar con amor, y dejar otros sentimientos menos nobles, en el fondo más fondo del baúl de los recuerdos. 

Texto: J. Mª Ferrer
Foto: religionenlibertad.com

sábado, 20 de agosto de 2016

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Señor, ¿se salvan muchos? Es una pregunta inútil, ¿verdad? Ya lo sabemos. Todo el mundo lo sabe. Se salvan pocos y entre este pequeño número, para qué decirlo, entro yo... ¿De veras?
2. Parece que el profeta Isaías no dice esto. Él ve gente –muchísima gente- venida de todas partes, de Tarsis, la remota Hispania, de Libia y otros pueblos no israelitas. No habían oído hablar nunca de Yahvé y ahora que lo conocen, ven con gozo que su presencia gloriosa no se limita al pueblo de Israel ni se encierra en templo de Jerusalén, sino que llena el mundo entero. Más todavía: ellos tienen el honor de devolver a Jerusalén a los hijos de Israel exiliados lejos de su patria y se sienten sacerdotes que los ofrecen a Dios este pueblo en la montaña santa de Jerusalén. Se maravillan viendo hasta dónde llega la generosidad de Dios. Sí, estos pueblos lejanos son también sacerdotes, al mismo nivel que los sacerdotes de Israel.
3. Hay todavía otra gran noticia en el evangelio. El banquete del Reino no se limita a unos pocos muy escogidos. Está la mesa de los grandes patriarcas de Israel y de todos los profetas que fueron rechazados y maltratados y a menudo asesinados por su fidelidad a Dios.  Y en esta mesa de selectos hay también gente venida de oriente y de occidente, del norte y del sur, y se sientan con el mismo derecho en la misma mesa.
4. Y aun así son excluidos de ella muchos que se creían con todo el derecho a estar.  Y yo que me contaba entre los pocos salvados... llamo a la puerta: Señor, ¡ábreme!  ¿Quién eres? ¿No me conoces? Te he seguido por todas partes, me sé de memoria el sermón de la montaña y casi toda la Biblia, me apunto a todos los movimientos cívicos y eclesiales... -Pues de veras, no te conozco. ¿No te das cuenta por qué?
5. Te crees superior a los demás. Calculas que tienes todas las puertas abiertas. Y no, abierta sólo hay una y es estrecha. Te pareces al disco duro del ordenador. Tienes la cabeza llena de ideas luminosas y los labios llenos de palabras bonitas, pero no te salen del corazón. Sí, careces de la sabiduría del corazón. Mientras tú pensabas y charlabas, mucha gente no tan sabia como tú, se inclinaba hacia mí y me servía con sencillez y amor en la persona de los más desconocidos.  Tienen unas antenas muy sensibles para conectar con Dios y con los hermanos. Tienen la sabiduría del corazón. Y tú pasabas de largo. Estabas tan ocupado…
6. Esto es muy duro. Parecen palabras poco adecuadas para estos pocos días de vacaciones que nos quedan. Pero llegan a tiempo. Porque Dios quiere siempre nuestro bien. Como buen padre y maestro no para de instruirnos y de corregirnos para que enderecemos nuestro camino, para que aprendamos de nuestras limitaciones y de nuestros errores y demos con la puerta estrecha.
7. Esto de la puerta estrecha nos recuerda que para salvar el curso con dignidad hay que apretar los codos estudiando. Para ganar una medalla olímpica, ya vemos cómo se las arreglan los medallistas. En cambio, la incoherencia de pensar una cosa y hacer la contraria es devastadora. Queremos tener todas las ventajas del estado del bienestar sin dejar de estirar más el brazo que la manga. Nos equivocamos.
8. La realidad es terca. Y si queremos entrar por la puerta estrecha nos hemos que adelgazar. Es decir, concentrar todas las energías para lograr la medalla que soñamos. O simplemente: hemos de ser lo que somos como personas. Nada más.
9. Detrás de la puerta nos espera la mesa bien servida para los patriarcas y profetas y una inmensa multitud de toda edad y sexo, de toda cultura y religión que han llegado primero y ahora nos esperan para compartir con ellos la felicidad de los hijos de Dios.
10. El sabihondo que soy yo, me veo capaz de ofrecer muchas cosas al Señor, incluso de darle lecciones. Pero no soy capaz de darle lo único que Él quiere de mí y que pueblo de Dios necesita: mi entrega personal. Esto es entrar por la puerta estrecha.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: diez.hm

lunes, 15 de agosto de 2016

ASUNCION DE SANTA MARIA, FESTIVIDAD DEL 15 DE AGOSTO

1. Este año la fiesta de la Asunción de Santa María al cielo cae en plenas olimpiadas. María nació sobre el año 740 de la fundación de Roma, y en una olimpiada, que podría ser la 190. Unas cuantas olimpiadas más adelante ocurrieron su muerte y asunción. Es posible que hasta Nazaret llegara algún eco de la celebración cada cuatro años de las olimpiadas que, entre otras cosas, comportaba unos días de tregua en medio del azote endémico de la guerra. El año 1896, el barón Pierre de Coubertin inauguró en Atenas las modernas olimpíadas proclamando el eslogan que ha hecho fortuna: Altius, citius, fortius. Más arriba, más rápido, más fuerte.
2. Aprovechando este acontecimiento universal, podríamos relacionar las olimpíadas con la fiesta de santa María Asunta. En la Asunción celebramos que María ha culminado la carrera de su vida escalando la cumbre y consiguiendo el podio supremo: madre y discípula de Jesús, unida a Él en la vida, comparte la muerte y la resurrección de Jesús. Su Hijo Resucitado la ha asociado a su gloria que comparte con la inmensa   multitud de los santos y santas del cielo. La ha coronado con una corona de 12 estrellas y le ha puesto la luna bajo sus pies, como leemos en el Apocalipsis. Por eso hoy cantamos con Ella el Magníficat, su canto de alabanza.
3. Las competiciones atléticas duran más o menos tiempo...  Pero ¿quién puede contar las horas, días, meses y años de entrenamiento antes de llegar a competir? Se abstienen de todo, decía san Pablo, se privan de todo lo los que aparta de su objetivo. Ellos aspiraban a una corona que se marchita bien pronto. Nosotros aspiramos a una que nunca marchitará.
4. María ha llegado a la Asunción después de un largo entrenamiento. Toda una vida de fidelidad a Dios, de no mirar por sus conveniencias personales en un camino muy parecido al nuestro.  Y nos dice cómo lo hemos de correr: Citius, deprisa. Se fue deprisa a visitar a Elisabet para compartir con ella el gozo de la maternidad y apoyarla en aquella situación delicada. Deprisa se fue a buscar a Jesús perdido en el templo. Dispuesta siempre a averiguar y a cumplir la voluntad de Dios junto a Jesús. Altius, más arriba, con una visión amplísima de la historia. Desde las montañas de Judea, María entona el Magníficat: El Señor ha mirado mi pequeñez insignificante y en mí y por mí ha obrado maravillas. Y proclama las preferencias de Dios. Ha desplegado su fuerza dispersando a los arrogante y ensalzando a los humildes. Ha llenado de bienes a los hambrientos y despachado a los ricos con las manos vacías.
6.   Fortius, más fuerte. María era tan frágil y tan fuerte como las mujeres de su tiempo y ponía todo su amor en lo que hacía: yendo por agua a la fuente y ayudando a José en las tareas del hogar y de la carpintería. Fuerte en las largas caminatas como emigrante huyendo en Egipto o emprendiendo las peregrinaciones anuales a Jerusalén. Y fuerte espiritualmente, al lado de José pendiente del Niño en todo momento: en Belén, en Egipto, en Nazaret y más adelante por los caminos de Galilea y de Judea. Al lado a Jesús incomprendido y perseguido. Y sobre todo al pie de la cruz aceptando de labios del Crucificado su vocación de madre nuestra.
7. Después de una vida intensa, silenciosa, generosa y llena, le llega la hora de compartir la muerte y la resurrección del Hijo. La aclamamos esperanza nuestra porque vemos realizada en ella la gran promesa de Jesús: Yo soy la resurrección y la vida. También nosotros un día cerraremos nuestros ojos a este mundo tan hermoso y recibiremos de Dios otros mayores para contemplar su faz inmensa.

8. Alegría, cristianos. Celebremos con gozo la fiesta de Santa María. Y como ella recorramos nuestro camino con corazón generoso citius, -prontos a servir y ayudar, fortius con la firmeza humilde y flexible de cada día, altius, con los ojos fijos en la Virgen nuestra Madre que nos espera con los brazos abiertos.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: diócesis de Canarias

domingo, 14 de agosto de 2016

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO. EN MEMORIA DE LOS MARTIRES DE AGOSTO DE 1936

Jesús nos descoloca hoy con unas palabras sorprendentes: «He venido a traer fuego a la tierra. ¡Como quisiera ya verla arder! Tengo que pasar la prueba de un bautismo. No he venido a traer paz a la tierra, sino división. Fuego y agua y división.
1. No nos esperábamos esta de Jesús que dos pueblos han hecho uno solo; Él que desde el nacimiento ha anunciado paz en la tierra a los hombres en quien Dios se complace, y que en la última cena pedía para sus discípulos que fueran U como lo son él y el Padre. Él que proclama felices los que trabajan por la paz, de repente habla de división. El viejo Simeón lo había anunciado a María: este chico será una bandera combatida. Y a ti un espada te atravesará el corazón ...
2. Ha venido a prender fuego en el mundo: el fuego del Espíritu, un fuego que quema, ilumina, calienta. Es el fuego de Pentecostés que purifica los corazones de todo egoísmo; ilumina el presente y el futuro con luz nueva y calienta los corazones y los empuja a actuar. Pero la comunicación de este fuego tiene para Jesús un precio muy alto: el bautismo, un zambullirse de lleno en el juego y en el choque de las libertades humanas. Un choque que terminará en la experiencia dramática de la muerte. Jesús lo acepta porque nos quiere enseñar a ser hombres / mujeres libres y responsables de lo que queremos, pensamos y hacemos. Hombres llevados como él por el Espíritu Santo.
3. Ser hombre cabal exige definirse. No valen las medias tintas. Jesús proclama y promueve unos valores y unos principios que se oponen frontalmente a las tendencias deshumanizadoras del común de la gente. Nos quiere libres ante los ídolos del dinero, del poder y del saber. Que como él caminamos encendidos de un amor sin límites; que optamos por la justicia, la hermandad y solidaridad hacia los marginados de todo el mundo. Él establece un nuevo modelo de familia que tiene Dios por Padre y en el que todos los demás somos hijos y hermanos. Un modelo arraigado en el Padre Nuestro que nos hace hijos y nos hace hermanos. Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
4. El H. Fernando Saperas era un hombre libre con la libertad de los hijos de Dios. A lo largo de su vida aprendió a ser hombre. Y para serlo con una radicalidad nueva, emitió unos votos de seguimiento de Jesús obediente, casto y pobre. Lo vivió en comunidad en Vic, en Barcelona, ​​en Cervera. Y cuando el huracán de la persecución lo dejó solo con dos duros en el bolsillo para ir tirando, con el rosario y un crucifijo en el pecho y en el corazón, dio la medida perfecta de su humanidad. Era un religioso enamorado de Jesús y gozoso de llamarse y ser hijo del Corazón de María. Había consagrado toda su persona a Jesús ofreciendo a él sin rebajas.
5. El H. Fernando era de buena planta, bondadoso, normal. Con toda normalidad, dentro de la horrorosa anormalidad de aquel agosto de 1936, mientras buscaba un lugar seguro donde esconderse, se ofreció a llevar la cesta que una campesina llevaba al mercado. Y se despidió hasta el cielo. Y al cabo de unas horas pasó todo un infierno a merced de unos hombres que querían enfangarse en el lodo donde se movían. Pero el H. Saperas, hombre de paz, de palabra y de amor supremo prefirió perder la vida que el honor y la fe. Matadme, pero esto no, decía a sus verdugos. Virgen soy y virgen moriré. Pero a hombre ninguno de vosotros me gana.
6. Hoy hace 80 años de estos hechos que muestran la vileza de unos y la grandeza de otros: los unos tan abajo y el H. Fernando tan arriba. Yo me lo imagino repitiendo las palabras del salmo que hemos recitado: Señor, no tarda en defenderme. Se encontraba en un lodazal como Jeremías en la cisterna condenado a morir de hambre. Ahora soy un pobre desvalido. Donde sueldo, Dios mío, no tardes. ¡Líbrame!
7. Deseamos profundamente que esta victoria del H. Fernando superando con el perdón y la oración el odio, la incomprensión, la escasez humana sea reconocida por la Iglesia, como han sido reconocidos los hermanos claretianos que en Barbastro derramaron la sangre un día como hoy. El H. Saperas se les encontró que ya la esperaban en el cielo.
8. Los targarina y los de Alió y todos los que nos hemos reunido durante casi 80 años lo esperamos con toda el alma y esperamos que no hayamos de esperar otros 80 para verlo glorificado. Y esperamos también reencontrarnos con él junto con los generosos laicos de esta parroquia que esperando contra toda esperanza mantuvieron viva la memoria del H. Fernando Saperas.

9. Que Santa María del Alba, patrona de Tàrrega, nos mire con sus ojos misericordiosos, nos llena nos llene de fortaleza para dar testimonio de nuestra fe.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: claretianos.org

lunes, 8 de agosto de 2016

JÓVENES EN RED

Cuando san Ignacio de Loyola murió, ya tenía mil seguidores en todo el mundo. Si nos tomáramos el término “seguidor” de manera unívoca, este sería un dato insignificante ante famosos que hoy tienen millones de seguidores. Pasa algo parecido con la palabra “amigo” que se usa en el argot del Facebook: ahora, es evidente que un amigo virtual no es lo mismo que uno de carne y huesos a quien tratas de cerca. Hoy hay millones de personas que se pasan horas a la semana en partidas on line. El año pasado, la comunidad de jugadores aficionados en todo el mundo ya superaba a los 1900 millones. Pero este no es exactamente el juego a escala humana tan necesario para vivir. Las redes sociales han estado tan presentes en la JMJ de Cracovia que la propia organización ha encargado a una prestigiosa consultoría una encuesta sobre el tema. Entre los más de 7000 participantes encuestados, los españoles son los jóvenes más conectados: casi todos tienen WhatsApp y un 56%, Instagram. La novedad tecnológica de esta JMJ no ha sido tanto la presencia de los participantes en las redes (esto ya se vivió en Madrid y en Río), sino la difusión de fotos y vídeos que superan el millón y medio en los momentos más álgidos.
Los jóvenes católicos entienden la importancia de las redes, las usan en su vida cotidiana y las han utilizado en Cracovia para compartir sus vivencias. Así, millones de personas de todo el mundo han oído hablar de la JMJ y han podido seguir los encuentros y las celebraciones.
Y esto es muy positivo. Sin embargo, seamos conscientes de que las redes sociales configuran también otra manera de pensar, de razonar, de comunicarse, facilitan la instantaneidad… y su consumo cotidiano indiscriminado puede provocar lo que el propio Papa ha criticado: “Una parálisis peligrosa para los jóvenes, difícil de identificar, la  que confunde la felicidad con un sofá que nos garantiza horas de tranquilidad, para tranquilidad, para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas ante el ordenador” (…) “Hay realidades que no comprendemos porque solo las vemos a través de la pantalla del celular o de la computadora, pero cuando tomamos contacto con la vida, con estas vidas concretas no ya mediatizadas por las pantallas, entonces ocurre algo importante: todos sentimos la invitación a involucrarnos”. Sin duda la JMJ ha sido un gran impulso evangelizador que ayudará a muchos, jóvenes y adultos, a dejar las comodidades de una vida fácil, a ser libres y a luchar para el futuro.

Texto: extraído de la edición impresa del nº 1924 de Cataluña Cristiana

Foto: Cultura y Fe Hoy

domingo, 7 de agosto de 2016

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

1. No temas, pequeño rebaño, nos dice Jesús en el evangelio de hoy. Somos un pequeño rebaño y disperso, pero que, reunidos, somos muchos. Pero no temamos.
2. No hemos de temer porque nuestro Padre se complace en nosotros. No nos mira con una mirada distante y fría. Sabe que somos limitados, pocos y a menudo mal avenidos. Y sin embargo deposita toda su confianza en nosotros: ha decidido entregarnos el Reino. ¡La causa de Dios, su proyecto de amor sobre el mundo, lo ha puesto en nuestras manos, depende de nosotros! Sois la luz del mundo, nos dice Jesús, sois la sal de la tierra, sois la semilla menuda que luego nace y crece y espiga, sois la levadura que transforma toda la masa. ¡Podemos estar contentos y orgullosos!  Poquita cosa: pero un puñado de sal o unas semillas o una vela encendida tienen una proyección inmensa. ¡El Padre está contento de nosotros!
3. Si fuésemos un rebaño pequeño, de pocos, pero sabios, y poderosos y ricos, menos mal. Pero aun en este caso, Jesús dice que nos olvidemos de lo que somos, sabemos y podemos y que lo pongamos al servicio de los demás. Nuestra fuerza radica en el amor y la solidaridad.
4. La carta a los Hebreos nos pone el ejemplo de Abrahán. A sus setenta y tantos años deja su tierra, sus bienes y la parentela y sale hacia un país desconocido confiado únicamente en la palabra de Dios. Un Dios que le promete una tierra y una descendencia numerosa como las estrellas del cielo precisamente cuando poseía sólo el palmo de tierra que pisaba y cuando él y Sara ya eran demasiado mayores para tener un hijo a quien dejar lo poco o mucho que tuvieran.
5. Abrahán nos enseña a salir de nuestras seguridades y arriesgarnos a emprender un camino nuevo precisamente cuando parece que a muchos de nosotros ya no nos queda nada por hacer. Pues no, no podemos mirar atrás, aún nos queda todo por hacer.
6. Jesús nos recomienda que estemos atentos y con las pilas bien cargadas porque nos ha encomendado una tarea importante mientras esperamos su venida. Todos tenemos a alguien que depende de nosotros, una familia, un trabajo, unos vecinos. Todos tenemos una pequeña zona de influencia. Si, cuando Él llegue y llame a la puerta, se la abrimos de par ¿sabéis qué hará? Amigos míos, nos dice, sentaros a mi mesa. Yo mismo os voy a servir.
7. Yo llegaré a la hora menos pensada, nos dice Jesús.  Alerta, pues. ¡Ojos y oídos bien abiertos! Porque mientras esperamos un descapotable último modelo con un personaje despampanante, nos encontraremos con que Él viene disfrazado de forastero harapiento y muerto de hambre, sin hogar, enfermo y llagado. Cuando lo acogíais, me acogíais a mí.
8. En la Eucaristía comulgamos al Señor. Y es verdad. Pero seguro que lo comulgamos más veces todavía cuando acogemos al hermano o al vecino, al pariente o al amigo y al no tan amigo. La misa empieza cuando la misa acaba.
9. Pequeño rebaño, nos dice Jesús. Como no tenemos nada que perder, bien podríamos dejar atrás nuestra mezquindad y arriesgarnos a rejuvenecer con un aire nuevo nuestras comunidades. Vivir la fe con más brío, con más alegría y con más esperanza para poderla contagiar a los hijos, a los nietos, a los jóvenes y a los adultos con quienes compartimos el pan y la fiesta. El futuro de la fe de nuestros pueblos está en nuestras manos.
10. ¿De verdad que no podemos hacer más de lo que hacemos? Se trata más de ser que de hacer. Como Abrahán: salir de la rutina y emprender el camino hacia lo desconocido. ¡El Señor nos espera con la mesa puesta y bien servida!

Texto: J. Sidera cmf
Foto: parroquiasagradafamiliabayamon.blogspot.com

jueves, 4 de agosto de 2016

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Seguro que hoy nos silbarán los oídos con estas palabras de Jesús. Sin duda hemos visto, sufrido o husmeado la división de dos hermanos por culpa de una herencia percibida como injustamente repartida. Con cierta picardía Jesús se desentiende del problema: él no es ni juez ni albacea. Su misión es otra. Tampoco habría acertado a gusto de todos. Lo deja pues en manos de los técnicos que para esto están.
2. Él es profeta y sitúa al interlocutor en otro nivel.  Por muy bueno que sea el repartidor de la herencia, no te safisfará si no matas la carcoma que te corroe: la codicia, la avaricia, el afán de poseer, el afán de seguridad. La envidia, los celos. Nunca tendrás bastante. Siempre querrás más y más y más. Y nunca estarás contento con la parte que te toca. ¿Resultado? Familias divididas y a menudo enemistadas para el resto de sus días.
3. Jesús pone un poco de cordura. Por mucho que tengas, las propiedades no te garantizan ni una hora de vida. El hombre de la parábola se promete muchos años de vida. La tiene solucionada para muchos años. Y cuando más se regodea en sus sueños, le estremece un grito: Tonto, esta noche morirás. ¿Y todo el que has acumulado de quién será? No te llevarás ni un euro. Te encontrarás ante Dios no con lo que tenías sino con el que eres. No te servirá de nada tu libreta de ahorros. Solo te servirá el amor que has compartido con los demás lo que tenías.
4. El  Cohèlet o  Predicador lo expresa con una frase célebre: todo es vanidad de vanidades. Una pura e inmensa ilusión. Has trabajado con conocimiento, traza y eficacia; has amasado una pequeña fortuna y lo has de dejar todo a otro que no se ha esforzado para nada. Y remacha el clavo: ¿Qué saca el hombre de todo su afán y de toda la desazón con que trabaja bajo el sol? Pasa los días angustiado y por la noche su corazón no descansa.
5.-  El salmo lo dice de otro modo: Ni que viviéramos setenta años y los más fuertes hasta los ochenta, todo son fatigas inútiles. Pasan deprisa y volando.  Para los que tienen veinte o treinta o cincuenta años, seguro que les hará sonreír este salmo. Pero continúa: Enséñanos a contar nuestros días para adquirir la sabiduría del corazón. La sabiduría del corazón: no la que dan los libros sino la que se adquiere en el contacto con Dios en la oración y en el contacto con la vida de cada día. La vida vale mucho. Hay que aprovecharla bien y sacarle todo el jugo. Jesús nos lo recomienda: enriquecerse de cara a Dios. Es decir, ser muy generoso con los demás. Se trata no de no vivir para trabajar sino de trabajar para vivir, convivir y ayudar a vivir.
6.  Cómo que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, san Pablo nos recomienda que vivamos una vida nueva. La que viviremos por siempre jamás. Os habéis revestido de Cristo, nos dice. A medida que nos identificamos, lo conocemos más y lo estimamos más y de día en día nos parecemos más a aquello que somos:  imagen y parecido de Dios.  Vivimos plenamente en la sociedad y la vamos transformando con el testimonio humilde y sencillo de la vida normal vivida con bondad y generosidad. Nuestra tarea como cristianos es hacer “presente” en este mundo la vida de Jesús.  Y si nos vemos revestidos de Cristo, también veremos revestidos de él a los demás y superaremos la tentación de hacer diferencias de raza, origen o religión. Cristo lo es todo, y es de todos.
6. No hay que añadir nada más. Hoy celebramos la memoria de san Ignacio de Loyola. Le impresionó mucho la palabra de Jesús: ¿De que te sirve ganar todo el mundo si te echas a perder a ti y echas a perder a los demás?  Y lo transmitió al joven ambicioso Francisco Javier que estaba muy orondo con su de su situación social y de su cátedra de universidad. Lo dejó todo y se dedicó a ser rico ante Dios. Al morir tenía las manos vacías pero el corazón lleno de nombres de personas que había orientado cristianamente.
7. El obispo Pere Casaldáliga lo expresa muy bien como poeta y como pastor."Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré mi corazón lleno de nombres."

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe Hoy

¿RENCOR?

¿Y si empleara usted las vacaciones para usar la goma de borrar… rencores? Porque el problema, siéndolo, no es que alguien nos haya ofendido, -que nos ofenden y ofendemos, las dos cosas-, sino el mantener ese recuerdo frecuente y obstinado de las ofensas recibidas. Si sucede esto la frustración queda dentro y abona la agresividad. Y si llega la ocasión, que llega, se siente el impulso de actuar con rencor y desde el rencor. De ahí a la guerra, entre las personas, guerra fría o menos fría, ya no hay pasos: guerra pura y dura. Llevar lista de los agravios recibidos sienta mal. Es como llevar un marcapasos pero mal puesto, no funciona, y además perjudica seriamente la salud. Es como llevar veneno en el corazón. Mal asunto.


¿Que todo el mundo busca la felicidad? Sin duda. Pues las personas cargadas con ese recordatorio personal de agravios, se la juegan y la pìerden Y enferman de sinsentido y de infelicidad, lógicamente. Es como caminar por sendas equivocadas.
Como todos, de una u otra manera, hemos sido agraviados, ¿qué hay que hacer? Sanar el corazón con el olvido y el perdón. Esto no es buenismo de débiles mentales. Es inteligencia emocional que ayuda a vivir con equilibrio porque las heridas ya no sangran. Si quedan cicatrices, es posible, ya no duelen. ¡Feliz agosto, nuevo, ahí mismo ya!

Texto: J.M. Ferrer
Foto: Cultura y Fe Hoy