martes, 5 de julio de 2016

VER LO DISTINTO

¿El tedio? Sinónimo de aburrimiento, vale. Sirve para entendernos. ¿Cuándo llega? Cuando uno no tiene interés por algo y tiene que escuchar, por ejemplo, una larga perorata sobre el tema. Pero más intenso aún: cuando el tiempo se vacía y hay poco con qué llenarlo. Es curioso. A algunos les llega el tedio precisamente en tiempo de vacaciones. Quizá porque no saben llenar el tiempo con el genuino sentido del descanso. Por eso, ni se relajan, ni dan importancia a lo que vale la pena, ni miran hacia dentro, ni comparten la alegría, la ilusión y el diálogo.
Para retrasar el deterioro cognitivo, los neurólogos aconsejan realizar algunas actividades, casi son juegos: dedicar un rato a encontrar las siete diferencias entre dos viñetas aparentemente iguales, solucionar una sopa de letras o resolver un sodokus. Al hilo de esto, lo que les propongo es encontrar las diferencias entre un descanso sano, de esos que regeneran, y un descanso infeliz, de los que acaban en tedio. Les doy dos pistas, a ver si son suficientes, para el análisis. Una se refiere a la palabra. La otra, a la gratuidad.
Se pueden añadir más pistas. Y más juegos. Por ejemplo este: jugar con la máquina del tiempo y ver las diferencias, y en este caso también las semejanzas, que hay entre las diversas etapas de la vida. Un botón de muestra solo, a modo de pista: utilizar los verbos aprender y desaprender. Es muy posible que, en cualquier etapa de la vida, desde la infancia ¿feliz?  hasta la edad ¿sosegada? del atardecer, tengamos cosas que aprender y cosas que desaprender.

Texto: J. M. Ferrer
Foto: archivo Cultura y Fe Hoy

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