domingo, 10 de julio de 2016

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Hoy no lo sé, pero cuando íbamos al catecismo, recitábamos de memoria los diez mandamientos de la Ley de Dios y terminábamos diciendo: Estos mandamientos se encierran en dos: amarás a Dios con todo tu corazón y el prójimo como a ti mismo. Sabíamos pues tanto como el sabio que quería poseer en herencia una vida eterna y preguntaba a Jesús… Solo nos faltaba hacer lo que Jesús le dijo: Hazlo y vivirás.
2. Con una historieta Jesús explica al sabio y a nosotros quién es mi prójimo? Una pandilla de bandoleros  asaltan al pobre judío que bajaba de Jerusalén a  Jericó, le roban lo que tenía y, valientes como son, huyen cobardemente dejándolo medio muerto junto al camino. Estos no son el prójimo de quien habla Jesús. Gente de esta ralea hay mucha. Solo saben robar, matar y destruir. Son los responsables directos de la crisis actual. Los son también los  que en nombre de Dios mueren matando y haciendo todo lo mal que pueden.
3. Ante tantas víctimas se nos revuelven las entrañas de compasión. Pero  vemos tantas y tantas en todos los medios de comunicación que casi nos volvemos insensibles. Y como que no  podemos hacer nada… acabamos queriendo y doliendo. Sin mover ni un dedo. Unas lagrimitas y que otros se hagan cargo de las víctimas.
4.  Pasan  tres personajes por el mismo camino. Dos –y son los santos y los buenos de la película- miran hacia otra parte. No ven nada. Niegan la realidad. Como los de Bruselas y los políticos y comunicadores contemporáneos ante el “fenómeno” de los miles de personas ahogadas en el Mediterráneo…
5. Está también el malo de la película: el  samaritano. Es extranjero, un hereje, de cultura y religión diferente. Aun así es un hombre con suerte: tiene trabajo y una  cabalgadura para ir de acá para allá. Es rico y acomodado... Hasta los ladrones lo han respetado. Parece un buen hombre. Y lo es. Tiene corazón. Se  acerca  al malherido y le aplica los remedios de urgencia: vino para desinfectarle las heridas y aceite para  suavizarle el dolor. Y lo carga a su  cabalgadura y él continúa a pie el camino con la incomodidad que comporta. Es un hombre generoso.
6. Y llega a la posada. Otro buen hombre acoge al  samaritano y al herido. No se aprovecha de la situación. Cuidará del enfermo, acepta agradecido la ayuda del  samaritano y lo esperará hasta que vuelva. Son hombres de palabra. Lo importante es el enfermo. Y ponen lo que saben y  tienen al servicio de la persona. Se  hacen próximos, cercanos.
7. ¿Quién es el prójimo? Era un problema para un sabio judío reconocer la bondad de un no judío y encima  samaritano. Por eso no lo nombra. Pero lo describe y  hace de él el mejor elogio: El que se acercó al desventurado que cayó en manos de los bandidos. Es…el maldito  samaritano. Pues, si quieres ser heredero de una vida que nunca se acaba, actúa como él… Haz como él y vivirás. Y serás amigo de Dios y del hombre.
8.  Es fácil ser cristiano: La Ley que hoy te doy no está lejos de tu alcance. No está en el cielo ni allende el mar. La tienes en los labios, la tienes en el corazón. Ama a Dios y al prójimo como tú mismo. Personas que tenemos por no cristianas o malas cristianas, que quizás son más cristianas  que nosotros porque hacen como el  samaritano. Son buenos  samaritanos para con los demás. Cuando tengan algún problema de conciencia, más que mirar a la ley, miren cómo se comportan con los hermanos. Amándolos amáis a Dios y Dios os ama.
9. Y los bandidos, ¿qué  hemos hecho de los bandidos? Miremos la cruz. Jesús  tiene uno a cada lado. Uno de ellos reconoce que él se ha buscado lo que padece. Pero Jesús…  no ha hecho ningún mal. Jesús, cuando llegues a tu reino,  acuérdate de mí. Su sufrimiento le ha hecho prójimo de  Jesús. Hoy estarás conmigo en el paraíso.
10. Admiremos la misericordia del buen samaritano y la infinita misericordia del buen Jesús.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: terceroprimaria.salesianossantander.org

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