domingo, 3 de julio de 2016

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. El evangelio de hoy ilumina nuestra iglesia actual. Tenemos una iglesia muy organizada que cumple una gran obra evangelizadora. Pero que no llega a todas partes. En parte porque, al ver tanta gente que trabaja, los cristianos de a pie tenemos la tentación de ser unos sinceros admiradores, pero sin sentirnos implicados. Estamos orgullosos de una iglesia fundamentada sobre Pedro y los otros apóstoles. A veces la apariencia no nos deja ver el alma.
2. Jesús había enviado los Doce a anunciar el reinado de Dios. Su horizonte eran las doce tribus de Israel. Hoy el horizonte abarca el mundo entero representado en las 72 naciones de que habla la Biblia al Génesis. A ellas envía a otros 72 que le precedan en las ciudades y pueblos a donde Él tenía que ir.
3. Hay mucho que segar y pocos segadores. Pedid al amo de la mies que envíe muchos más. Pero, seamos sinceros: ¿si pedimos trabajadores al Padre, por qué no le pedimos que nos mande a nosotros? Seguro que la buena nueva llegará con nosotros a tantos cristianos amodorrados o “alejados” o no cristianos. ¿No es cierto que nosotros entramos en los 72 discípulos que Jesús envía?
4.  La evangelización es tarea de todos, hombres y mujeres, pequeños y mayores, clérigos y laicos… Todos somos luz y sal y fermento… Quizás la angustiosa carencia de sacerdotes es el llamamiento de Dios a que tomemos conciencia de lo que somos y aceptemos generosamente la invitación de Jesús. Id!!!
5. Tropezaréis con dificultades más o menos serias. Daréis con lobos que nos amedrentarán. Daréis también con lobos disfrazados de corderos. Y lo bueno es que nos envía desarmados: Id! Armados sólo de nuestra conciencia de cristianos, es decir, revestidos de Jesús, con su Palabra y con su cruz.
6. Sois gente pacífica: con buena relación con Dios, con los otros, con la naturaleza. Como tenéis paz, la podéis desear y contagiar a todo el mundo: “Paz en esta casa”. Y cread una atmósfera de acogida y de hospitalidad hasta lograr el ambiente de Emaús que permite reconocer Jesús en la fracción del pan y compartiendo su Palabra. No andéis de acá para allá. Cread pequeñas comunidades, pequeños grupos de oración, de estudio de la Biblia, de convivencia. Y nos encontraremos los domingos en la comunidad mayor.
7. Y con la paz, llevad el anuncio de que Dios se dispone a intervenir en favor de los más desfavorecidos, de los enfermos, de los marginados. El huérfano, la viuda, el refugiado que decían en tiempo de Jesús. Hoy los encontramos en cada esquina. Y estad seguros: Dios actúa como rey muy cerca de vosotros. Más todavía vive en vosotros y actúa en vosotros dondequiera que estéis y os mováis.
8. Si os reciben y os acogen bien, paz y gloria. Si no, el mundo es muy grande. Si tanto molestáis, dejadlos tranquilos. El Señor los esperará y se les hará encontradizo en algún recodo del camino. Que también ellos son hijos de Padre celestial, aun cuando parece que no se enteran.
9. Y no nos olvidemos de volver a Jesús contentos. ¡Hemos dado con lo que queríamos, Señor! ¡Qué gozo compartir con los Doce y con los otros innumerables 72 el fruto de la misión! ¡Qué bien nos ha ido fiarnos de ti y salir nuestros miedos y de nuestras rutinas! Nos hemos encontrado con muchos hermanos y de hermanas que esperaban que alguien les hablara de Jesús, alguien que con sencillez y sin afán de proselitismo les trajera la paz y les curara amorosamente las heridas abiertas o mal cerradas. Ellos y nosotros hemos experimentado la misericordia del Padre.
10. Si los cristianos que estamos aquí, prestásemos oído a la invitación de Jesús, veríamos a Satanás cayendo del trono donde lo hemos colocado con nuestros prejuicios y con nuestra cobardía. Con unos cristianos muy sencillos pero decididos, Jesús derrocará de su trono los poderes fácticos de este mundo que con una mano promueven grandes valores y con la otra niegan los valores evangélicos de amor, de libertad, de verdad y de hermandad.
11.  Podremos gozar con nuestras pequeñas victorias, pero nos alegraremos sobre todo porque nuestro nombre y nuestra persona, están en el corazón del Padre celestial irradiando por todas partes su amor misericordioso.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: http://estaesnuestracasa.blogspot.com.es/

No hay comentarios:

Publicar un comentario