domingo, 26 de junio de 2016

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. El mensaje de la Eucaristía es bastante claro. Para seguir a Jesús hay que ser libres. Ir ligeros de equipaje. Dicen que los cristianos pertenecemos a una religión del Libro: la Biblia. Un texto escrito, acabado e inmutable, como tablas de la Ley.  Pues no, nosotros los cristianos no nos movemos entorno a un Libro, sino entorno a una Persona que está presente día a día en medio de nosotros: Jesús. Una persona sorprende siempre, aporta siempre novedad: una nueva de ver y de valorar las personas y las cosas en sus circunstancias concretas.
2 Decía san  Ireneo: El Verbo de Dios se hizo Hijo del hombre, para acostumbrar al hombre a percibir Dios y para acostumbrar Dios a vivir en el hombre. En Jesús, Dios creador aprende a mirar y ver la creación con ojos humanos, a nuestro nivel,  y se acostumbra a vivir en nosotros.
3. ¿Qué significa esto? Significa que Jesús de Nazaret percibía el mundo, las personas y sus problemas con los ojos de un judío del siglo I. Y les daba las soluciones adecuadas al lenguaje comprensible y a los conceptos del siglo I. ¿Y en el siglo XXI, qué? Pues igual. Jesús Resucitado continúa mirando nuestro mundo y  viéndolo  con los ojos de los hombres y las mujeres siglo XXI y por esto afronta los problemas propios de nuestro tiempo de una manera nueva y con un  lenguaje comprensible para la gente de hoy. ¿Cómo expresaría hoy Jesús el texto que hemos leído?
4. En el camino que Jesús emprende a Jerusalén, un pueblo de Samaría le cierra las puertas al ver a dónde se dirigía. Santiago y Juan se ponen nerviosos y no lo aceptan. Dispuestos a defender los derechos de Dios piden que un rayo los fulmine. No se dan cuenta, pero son unos fanáticos. Siguen a Jesús pero no lo comprenden.  Jesús nunca mataría ni destruiría en nombre de Dios. El Padre celestial  muestra su misericordia y su flexibilidad en el rostro de Jesús. ¿No te quieren aquí? Pues vete a otra parte. Y no dejes por esto de anunciar que Dios ama a nuestro mundo. Jesús quiere ver a sus discípulos de entonces y de ahora libres del fanatismo.
5. Para seguir Jesús a dondequiera que vaya, el discípulo ha de prescindir de la calculadora que garantiza la seguridad.  Se ha de liberar del aburguesamiento en todas sus formas. Tiene que ser más libre que los pájaros y los zorros, que tienen nidos o madrigueras. El discípulo ni esto. San Pablo lo expresaba así: He aprendido a bastarme con lo que tengo. Sé lo que es vivir en la pobreza y también en la abundancia. Estoy plenamente acostumbrado a todo, a la saciedad y el ayuno, a la abundancia y la escasez. Todo lo puedo en aquel que me da fuerzas.
6. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia necesaria.  Y hay que cumplirla. Pero no podemos vivir atados a las convenciones sociales. Que la atención a los difuntos no nos prive de proclamar la buena nueva de Jesús, camino, verdad y vida a la gente de nuestro mundo, por lo demás tan  reacio  a pensar en la muerte. El discípulo ha de sentirse libre ante lo “políticamente correcto”. La norma es Jesús, no la opinión hablada o publicada por los medios.
7. El discípulo tiene que ser libre en cuanto a los vínculos familiares y sociales  que lo incapaciten de hacer bien aquello que tiene que hacer en la línea de Jesús.  Es tanta,  tan importante y tan urgente la proclamación de la buena nueva de Jesús, del evangelio,  del proyecto de Dios sobre el mundo, que tiene que poner todos los sentidos y toda el alma  a ponerlos al alcance de todo el mundo. No podemos quedar anclados en el pasado como la mujer de Lot, ni tampoco soñar en un futuro  fantasioso que rehuye presente embarazoso. Es el ahora y aquí el momento y el espacio en que hemos de cumplir correctamente la misión que tenemos encargada.
8. Seguir a Jesús es compartir la vida y el destino. Él anda con nosotros. Y nos anima a hacer nuestros los gozos y las esperanzas, las tristezas y angustias de la gente con quien vivimos. No hay nada humano que no nos pertenezca. Y continúa hablándonos hoy e indicándonos por dónde hemos de caminar. No podemos aplicar al siglo XXI las mismas cataplasmas y con los mismos criterios del siglo primero o del concilio de Trento. Hay que tener siempre presente la actitud de Jesús: misericordia, comprensión, paciencia, amor, servicio, manifestados según las necesidades y sensibilidades de hoy.
9. Para esto hay que ser libres, soberanamente libres. Es para ser libres que Cristo nos ha liberado, dice san Pablo. Pero  con  la única condición de no convertir la libertad en un pretexto para una vida cerrada en el egoísmo. Al contrario, movidos por el amor, poneos los unos al servicio de los otros. Libres con la libertad de Jesús. Libres para amar como Él y, como Él, para pasar por la vida haciendo el bien.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe Hoy

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