sábado, 11 de junio de 2016

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Dos hombres  justos o que se lo creen: David y el  fariseo Simón. Una mujer pecadora. Todo el mundo lo sabe menos Jesús. Dos profetas frente a las personas: Natán y Jesús.
2. David vive muy tranquilo. Ha rehecho su vida. Vive en paz y armonía consigo mismo. Bersabé es la mujer soñada. Ya le da un vástago. Pero no sabe el mal que tiene en su corazón. Vive contento y engañado. Todo el mundo lo sabe y  murmura.
3. El profeta es el profeta de la Corte de David. Le ha prometido que su trono durará siempre. Ha bendecido a David y lo ha acompañado hasta ahora… Hoy le presenta un caso patético:  Un rico cargado de dinero y de rebaños. Y un pobre con una mascota ideal: solo tiene una oveja. Come, bebe, duerme con él… Ni que fuese una hija. Llega una visita. Al rico, le sabe mal sacrificar una oveja de su rebaño. Y obsequia al visitante con la oveja que ha robado al pobre. ¿Quién es ese criminal? ¡Merece que la muerte! Y Natán lo señala con el dedo: ¡Ese hombre eres tú!… ¿Que no lo ves? Dios te lo había dado todo. Y tú, criminal has hecho matar a Urías para apoderarte de su mujer… –He pecado… Y Dios perdona a David  cuando reconoce, aunque sea tarde, su pecado.
4. Ahora estamos en casa del fariseo: es un hombre bendecido de Dios. Es sabio y acomodado. Es íntegro. Conoce la ley y la cumple. Pero con su dedo índice señala a Jesús y a aquella mujer que se ha colado en el banquete y se ha arrodillado a los pies de Jesús y llora y se los baña con sus lágrimas y se los seca con sus cabellos y los unge con el perfume.  “Si este Jesús fuera un profeta” – ¡El profeta! -  no soportaría ni un minuto las caricias de esa mujer de mala vida que todo el mundo conoce. ¿Sólo Jesús es tan ciego y tan sordo que aún no lo ve?
5. Ahora interviene Jesús: Si tienes un deudor que te debe mil euros y otro que te  debe cincuenta… y les perdonas la deuda ¿quién te amará más de los dos? No hace falta que te lo diga. Ya se ve, ¿no? Hablemos, Simón. Hablemos. Eres buena persona, pero tu corazón… Y este dedo que señala…
6. Me has invitado a tu casa y me has tratado como un extraño: ni agua para lavarme los pies, ni colonia para mi cabeza… Y esta pobre señora no para de besarme los pies, de bañarlos con sus lágrimas, de secarlos con sus cabellos y ungirlos con el perfume. Ama tanto que todo le queda perdonado…
7. Simón, no conmueven el corazón de Dios el cumplimiento exacto de la ley, ni privarse de muchas cosas para no contaminarse ni separarse de los publicanos y pecadores, ni creerse el mejor. Sólo atraen la misericordia y el perdón de Dios el amor a las personas y reconocer que somos pecadores, que no somos tan buenos como nos parece. Esta mujer se  puede ir en paz. Los pecados le quedan perdonados porque ama mucho. ¿Y pues? ¿quién es este hombre que incluso perdona los pecados? ¿Sabes quién? Es Jesús de Nazaret, el rostro visible de la misericordia del Padre, que es bueno con todos, que ama entrañablemente todo lo  que él ha creado. Que siempre ama y perdona. Porque es Padre.
8.Antes de señalar a los demás con el dedo acusador, señalémonos a nosotros mismos. Saldremos ganando. Somos buena gente, pero quizás no tanto como nos imaginamos. Somos muy comprensivos con nosotros mismos y severos, inflexibles, inexorables, rigurosos… con los demás.
9. Y todavía otra cosa increíble: Un grupo de mujeres siguen a Jesús como discípulas. Han experimentado la bondad del corazón de Jesús que las ha sanado espiritualmente. Por esto le están agradecidas y colaboran generosamente con la causa de Jesús.  Sin estas discípulas, el grupo de los Doce con Jesús al frente no habría funcionado. Ni entonces ni ahora. Todos –hombres y mujeres, sanos y enfermos, sabios y no tan sabios, somos necesarios y potenciales colaboradores del Evangelio. Sentirse perdonados, curados, dignificados por Jesús es la condición previa para poderlo seguir a dondequiera que vaya.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: pclectiodivina.blogspot.com.es

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