martes, 24 de mayo de 2016

LOS CLÁSICOS

                                                                                                                                  Pues  bien,  la  vida  de  una  sociedad
y  más aún la de un pueblo
depende de que sus individuos
sepan bien distinguir entre los hombres
y no confundan  jamás  al  tonto  con  el  inteligente,
al bueno con el malo.
                                                                                                                                                   José Ortega y Gasset

Los clásicos no necesitan que los comentemos. Mucho menos explicarlos. Pero si reiterarlos.
La época en la que nos toca vivir va logrando que mediante la ideología de supermercado que nos inunda desde los documentos oficiales hasta la basura mediática (tolerancia, altermundismo, etc, etc) apoyada en la insufrible jerga anglosajona, vayamos evitando, no ya solo algunas palabras, sino su referente translingüístico en cualquier expresión vital.
El “tonto” en la significación más estrictamente orteguiana en el “imbécil”, el parcial, el que hoy con conciencia perversa o con adaptación más o menos deliberada está colaborando a la confusión de casi todo (ya vemos que no de la “razón panameña”).
El “bueno” -sólo Dios es bueno- no es “todo el mundo”. Porque no hay o no puede haber bueno ni malo –según la ideología rampante boe-ciferante-  es por lo que ya nadie se atreve a formular ningún  argumento público o publicado que distinga lo bueno de lo malo.
La vida de “los nosotros” –me es imposible decir <nuestra>- es como nos es en lo que va de milenio, por lo menos, sino más…ciertamente más. El texto de José Ortega y Gasset fue dedicado a los niños españoles hace algún tiempo. Hoy es urgente decírselo, leérselo, gritárselo a todos los adultos, sobre todo para que no se lo eviten a los niños. Nuestra vida está ya zarandeada por quienes tratan con grandes medios y reiteración –pero otros se lo han ido y se lo van facilitando por <omisión>- que no nos atrevamos a buscar el bien y la verdad.
De nosotros, los que no les vamos a dar ni nuestro silencio como salvaguarda de comodidad, va a depender que siga existiendo la posibilidad de un ser personal. Nosotros exige realidad, porque quedarse en la conciencia…sólo… seria la garantía del triunfo de los malos que nos quieren tontos, o que nos hagamos los tontos.

Posdata: realidad es presencia organizada. No es necesario explicarlo, ¿no? 

Texto: J.L.B. (de nuestro corresponsal en Madrid)
Foto: Cultura y Fe hoy

No hay comentarios:

Publicar un comentario