lunes, 4 de abril de 2016

DOMINGO II DE PASCUA: "Felices quienes creerán sin haber visto"

1. La primera  comunidad cristiana se reunía a menudo en el  templo de Salomón. Era un polo de atracción para los no cristianos, que se acercaban a ella con respeto y simpatía. Se adherían a la comunidad que así iba creciendo poquito a poco. Les atraía  especialmente la  acción caritativa de  aquellos  discípulos de Jesús.  Da la  impresión de que la  comunidad de  Jerusalén era  como un hospital de  campaña,  como  diría el Papa Francisco.  A ella  acudían  enfermos de  todo  tipo  y de todas  partes. Y Pedro  parecía la presencia de Jesús  resucitado e incluso obraba prodigios más  impactantes que Jesús:  hasta  su  sombra  ejercía un poder  curativo.
2. San Juan, en Patmos, recibe una  visión  maravillosa de Jesús  Resucitado, una visión que le impresiona  profundamente. Un domingo, el  día del  Señor,  Jesús se  le  hace presente  y  le  confía un  encargo  urgente:  escribe. Sí,  escribe a  las  comunidades sobre  su presente  y  su  futuro. Para valorar su  trabajo, para  enmendar  sus  errores  y para  animarlas a  salir  adelante a pesar de  las dificultadas.  También este  domingo,  como  todos  los  domingos, Jesús  manda un  mensaje a  las  comunidades  cristianas,  también a la  nuestra.  ¿Qué  mensaje,  qué carta  nos  escribe  hoy?
3.  Nos  escribe lo que ocurrió en dos  domingos  sucesivos. Jesús se  hace presente a  los  discípulos reunidos en un  espacio  cerrado a cal y canto por el miedo el  miedo.  Pero  las  puertas  y  ventanas por muy  cerradas que estén no  impiden Jesús hacerse presente a  los que ama.  Estoy con vosotros  día  detrás  día  hasta que el  mundo   alcance  su plenitud.  Donde  hay dos o tres de  reunidos en mí nombre, allí   estoy  yo, en  medio de  ellos.  Los  llena de  alegría  y de  paz.  Les  muestra  las  marcas de  su  pasión: Es el mismo que colgaba de la  cruz, el   crucificado.  Pero de forma  nueva,  pleno de vida  y portador de vida.
5.  Él ha  cumplido  su  misión. Ahora toca a los  discípulos continuarla.  Como el  Padre me ha  enviado,  ahora hueso  envío  yo.  Nos  lo  dice  también a  nosotros,  a los  cristianos de hoy.  Pero es una misión demasiado  grande para  nuestros  miedos  y  prejuicios  y   nuestra pereza mental. No  tengáis  miedo,  nos  dice.  Él alienta sobre nosotros y nos infunde Espíritu  Santo. Él nos dará fuerza y luz para continuar la misión de sentirnos  perdonados  y  transmisores de  perdón.
6.  Aquel  domingo Tomás no estaba con  los  otros  discípulos.  Y no  encontrará a Jesús  hasta que vuelva a la  comunidad.  Y  cuando lo encuentre  ya no  necesitará ver y tocar para  creer en Jesús.  Lleno de fe y alegría pronuncia la proclamación  nunca oída  y  más  extraordinaria sobre Jesús:  SEÑOR  MÍO  Y  DIOS  MÍO.  Además ha  arrancado de  labios del  Resucitado la  bienaventuranza  más  consoladora para  nosotros. Es la carta, el  mensaje que  hoy  nos  envía: «¿ Porque me has  visto has  creído? Felices  quienes  creerán  sin  haber  visto». Sí,  creemos que Jesús es el Mesías, el  Hijo de  Dios.  Y  podemos  apropiarnos las  palabras de  san Pedro los  cristianos dispersos por   todas  partes: Lo amáis sin haberlo visto y, creyendo en él sin verlo todavía, os alegráis con gozo indecible y glorioso, ya que vais a recibir, como término de vuestra fe, la salvación personal.
7.  Mantengámonos  fieles a la  misa de cada  domingo. Jesús  nos  espera para  partirnos el  pan y para  estimularnos a  amarnos  los  unos a  los  otros tal  como  él ama. Aceptemos gozo  y  confianza el  encargo que  hoy  nos  hace:  Como el  Padre me ha  enviado,  así os envío  yo a  vosotros…  Continuemos con  sencillez  y  alegría la  misión que  nos  confía.  Contemos con la  fuerza del  Espíritu de  Cristo  resucitado.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: www.carmelitasmisioneras.org

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