viernes, 25 de marzo de 2016

LA CRUZ

Es curioso. Pero ni se sabe la de sitios, a veces muy dispares, que están coronados con la cruz. Hay cruces en los cementerios, sí. Se ven de vez en cuando. Pero hay cruces en los campanarios. Se ven a todas horas. ¿Y si la cruz fuera una estrella y la estrella una cruz? Quizá no haya tanta diferencia. ¿Alguien sabe convertir su cruz en una estrella? Easo es sabiduría. Porque las estrellan guían en la noche. Y en la noche, las estrellas brillan. Y además, parpadean. Ese guiño es  como una llamada de esperanza detrás de las montañas, detrás de cualquier vida. Su supiéramos mirar a las estrellas veríamos que detrás, justo en sí mismas, hay una cruz. Quizá no haya tanta diferencia entre la estrella y la cruz. Entre la cruz y la estrella.
 
La Cruz está en Semana Santa. Todas las demás cruces, estén donde estén, nacen de esta Semana que fue y es Santa. ¿También es estrella esta Cruz? Quizá también sea verdad que todas las estrellas, estén donde estén, nacen de esta cruz. No pueden venir por sí mismas ni aparecen en la vida como simplemente caídas del cielo. Eran cruces y se convierten milagrosamente en estrellas desde que un hombre que era Dios abrazó una Cruz para morir en ella. Muerte violenta, sí, agresiva, humillante, despreciada, misteriosa hasta más no poder, imposible de creer si no hubiese sido verdad… pero cuando un hombre que era Dios murió en ella, sin más razón que el amor, la convirtió en estrella que guía e ilumina todos, todos, los caminos.


Es un milagro que la cruz se convierta en una estrella. Hace falta un amor infinito. Pero el corazón de cualquiera de los pobres mortales que giramos la vida por este mundo puede recibir reflejos de ese único amor.  Con ese amor es con el que se puede mirar la propia cruz y acompañar la cruz de los demás. 

Texto: J.M.Ferrer

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