martes, 8 de marzo de 2016

EL SENTIDO DE LA VIDA

Lo de tener sentido va de sentir la vida. Y sentir la vida es que valga. Pero hay paradoja en este asunto: la vida vale si vale para otros más que para uno mismo.

Alfred Adler, discípulo heterodoxo de Freud, en su libro “El sentido de la vida” se pregunta qué es lo que queda de las personas que con su vida no han contribuido al bienestar de la generalidad de los mortales. Viene a responder que nada y, comparando, podríamos decir que les pasó como a aquellas especies animales desaparecidas por no haber podido adaptarse a las circunstancias ambientales.
La idea es concreta. El sentido de la vida tiene como fundamento hacer el bien a la generalidad de los mortales. Y hacer el bien, que también es concreto, se hace aportando a todos lo que uno es, sus cualidades, sus talentos y su sinceridad de ser. Por paradójico que parezca, nos queda lo que damos. Lo que nos guardamos en el centro de nuestra subjetividad, como queriendo conservarlo mejor, lo perdemos.  Y desde aquí la consecuencia es clara: si el sentido de la vida es dar, habrá que pensar en educar, desde cuanto antes mejor, en el sentido y en la práctica de la donación.
La crisis de sentido es vacío existencial, con palabras de Victor Frankl. Los análisis sociológicos y psicológicos abundan en decir que este vacío existencial está muy presente en la cultura contemporánea. Y este vacío no se llena con consumismo ni acelerando la vida. El vacío, también paradójicamente, pesa, no se soporta. Por eso se quiere huir y hay tanta evasión en nuestra época. El vacío se llena dando, ofreciendo vida, practicando la donación.  


Texto: J.M. Ferrer
Fotos: http://es.slideshare.net

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