lunes, 14 de marzo de 2016

DOMINGO V DE CUARESMA: "...Ve y en adelante, no peques más"

1. Es sobrecogedora la buena nueva del evangelio de hoy. Con el profeta nos hace olvidar los tiempos pasados y las cosas antiguas; Jesús está a punto de hacer una cosa nueva que ya empieza a nacer, ¿no os  dais cuenta? Tan nueva que la actitud benévola de Jesús ante la mujer adúltera suponía un escándalo para muchos cristianos que mantenían una actitud muy rígida ante un pecado tan grave como el adulterio.
2. Parece que el texto que hemos leído se transmitía como un episodio aislado, reservado para personas bien formadas. Y tardó tiempo en ser integrado en el evangelio de san Juan entre la revelación de Jesús como fuente de agua viva para el creyente y como luz del mundo. Como un rayo de luz y de esperanza, como una efusión de la misericordia de Dios.
3. De Monte de los Olivos Jesús se traslada al templo de mañanita, aprovechando el fresco de la hora para enseñar a la gente sentada a su alrededor. No nos cuesta mucho imaginar esta escena.
3. De pronto,  los  escribas –los entendidos en la Ley de  Moisés- y los  fariseos –los santos entre los santos en Israel-  se presentan contentos  como cazadores que se han cobrado una buena pieza. Ahora quieren cazar a Jesús. Ante él y en medio de la gente que lo escucha embelesada, plantan una mujer sorprendida cometiendo adulterio. La Ley de  Moisés ordena apedrear a personas como estas. Tú, ¿qué  dices?
4. Jesús calla, se agacha y se pone a escribir garabatos en tierra como hacemos nosotros mientras escuchamos pacientemente la conversación del impertinente que no para de charlar desde la otra punta del teléfono. ¿La Ley? ¿La Ley de  Moisés? Estos sabios o no lo son tanto como se creen o son unos manipuladores de la Ley. Unos falsarios, vaya. Porque la Ley de  Moisés dice:   Si uno comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos adúlteros son reos de muerte. (Lv 20,10). Los dos tienen que morir, el hombre y la mujer. Así extirparás la maldad de Israel. (Dt 22,22). Aquí sólo han traído a la mujer. ¿Y el otro pájaro de la película?
5. La lapidación era una forma muy limpia de eliminar a un criminal. Lo eliminaba sin tocarlo. El que lo tocaba se hacía solidario y quedaba manchado del mismo crimen. La piedra tirada expresaba que jueces y acusadores no tenían nada que ver con el pecado y testimoniaba la eficacia y limpieza con que actuaban contra el reo. Una manera como vemos muy limpia de matar, si es que cabe alguna manera limpia de matar.
6. Jesús todavía escribe y acaba con la paciencia de aquellos jueces, santos y sabios, que exigen una sentencia rápida y justa. ¿Quién de vosotros está sin pecado? Que tire la primera piedra.  Es una frase que nuestros políticos y comunicadores citan a menudo, suponiendo que ellos son los sin pecado, los inocentes, los puros, los  incorruptos, porque los corruptos y  corruptores siempre son los otros. En realidad son –o somos- tan hipócritas como los fariseos del evangelio de hoy.
7. Ahora vemos un cuadro conmovedor: Jesús y la adúltera. El santo y el pecador. La Misericordia de Dios y la miseria humana enfrentados cara a cara. Solos. Los acusadores han dejado las piedras en el suelo y se han retirado uno tras otro serios y avergonzados empezando por los más ancianos. ¿Nadie te ha condenado? - Nadie, Señor. ¿Cómo quieres que yo te condene?  Ve y en adelante, no peques más.
8. Jesús nos enseña 1) Para liberarnos del pecado, primero  hemos que tomar conciencia de que somos  pecadores. 2) Los que acusan a la adúltera son tan esclavos del pecado como ella: son mentirosos y manipuladores de la palabra de Dios. No buscan la justicia sino la destrucción de la persona.  3) Donde los acusadores ven a una adúltera perversa y sin derecho a vivir, Jesús  ve a una persona, a una hija de Dios, siempre recuperable. Si como Jesús mirásemos a los ojos de aquellos que condenamos, seguro que no condenaríamos a nadie.
9. Jesús condena el adulterio como traición al amor primero, prometido y ratificado públicamente con frecuencia con el sacramento del matrimonio. Condena el pecado, pero perdona al pecador. Él siempre perdona. Pero le sabe mal la frustración de Dios al ver cómo se rompe o se banaliza el amor de un hombre y una mujer creados a imagen y semejanza suya. Con el perdón, Jesús restablece la comunión con el culpable. Y nos  invita a poner amor donde hay odio;  a poner fidelidad y ternura en un ambiente donde los llamamientos a la infidelidad y a la dureza de corazón pasan por un signo de progreso y de libertad.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: www.paulinas.org.ar

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