viernes, 12 de febrero de 2016

MONS. DAMIÁN IGUACEN CUMPLE 100 AÑOS

Emotivo homenaje de la diócesis de Huesca a Mons. Damián Iguacen, obispo emérito de Tenerife, por sus 100 años
Mons. Damián Iguacen Borau, obispo emérito de Tenerife, ha celebrado hoy sus cien años rodeado de cientos de personas, entre autoridades religiosas y civiles, prelados, sacerdotes, familiares, amigos y fieles, que lo han acompañado durante la celebración de la palabra, que ha tenido lugar en la Catedral de Huesca, a las 12:30 de la mañana. La diócesis de Huesca ha organizado esta Eucaristía, como homenaje a los cien años de vida del prelado y en ella, se han recordado también sus casi 75 años de servicio a la iglesia.
La Eucaristía ha estado presidida por Mons. Julián Ruiz, obispo de Huesca y de Jaca, y concelebrada por el propio Mons. Damián Iguacen y por otras autoridades religiosas, unos 14 prelados y alrededor de 70 sacerdotes, tanto representantes de diferentes diócesis de la geografía española como diocesanos.
Entre otras personalidades, hay que destacar la presencia del cardenal, Mons. Carlos Amigo y del secretario general de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, quien se ha referido a D. Damián como “un ejemplo de dedicación a la iglesia. En él, con los años permanece esa frescura evangélica de un pastor, su delicadeza, su cariño, su cercanía a la gente, que en el fondo es la cercanía a Dios que ha mantenido”.
Asimismo, han asistido prelados y obispos eméritos de las otras diócesis aragonesas y Mons. Jesús Sanz, actual arzobispo de Oviedo y anterior prelado oscense. El predecesor de D. Julián, ha reconocido que “volver por cualquier motivo a Huesca siempre es motivo de mucha alegría. En este caso, de los cien años, que no son pocos, de D. Damián Iguacen, que era para mí el hermano mayor que yo no tuve, por ser el mayor de mis hermanos. Contar con él cuando comenzaba mi andadura como obispo, sus consejos, su testimonio, su cercanía, su sencillez, fue para mí como esa seguridad que tienes en alguien que miras hacia arriba y te acoge, te abraza y tú te sabes, enormemente, acompañado. Por eso, es una alegría para la diócesis, para él, personalmente, y para todos los que le estamos acompañando en este día especial, hoy, en Huesca”.
En los minutos previos a la celebración, el obispo de Huesca y de Jaca, Mons. Julián Ruiz, ha subrayado que “hoy es un de fiesta para todos y muy entrañable. Lo hemos preparado con cariño y podemos decir que los cien años de vida de D. Damián han sido un regalo”. Además, D. Julián se ha mostrado agradecido con él por “todo lo que significa una vida de servicio, de sencillez… Es un ejemplo para todos, un estímulo”.
Antes de que comenzase la celebración D. Damián ya se mostraba emocionado al saberse tan querido y ver tantas personas que se han desplazado en este día para acompañarlo en su aniversario. Por ello, ha dado “gracias a Dios y a vosotros”, refiriéndose a todas esas personas que han hecho posible este día, y ha añadido, “he hecho todo lo que sabía hacer y con toda ilusión y veo que algún fruto ha tenido”.
Transcurridos unos minutos de las 12:30 horas, ha comenzado la Eucaristía con una procesión por el interior de la Catedral. Mons. Julián Ruiz, en su homilía ha comentado que “esta celebración tiene un triple objetivo: dar gracias a Dios por Don Damián, dar gracias a Dios con D. Damián y dar gracias a D. Damián” y ha repasado su trayectoria pastoral y su recorrido por las diferentes diócesis en las que ha servido.
Al concluir la Eucaristía, el obispo oscense ha leído dos cartas, una en nombre del cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, y otra del cardenal Marc Ouellet, de la Congregación para los obispos. Por su parte, el obispo D. Bernardo Álvarez, ha puesto voz a unas palabras del Papa dirigidas a Mons. Iguacen. En este mensaje, Francisco “se une espiritualmente a la acción de gracias a Dios por los dones recibidos en su dilatada vida de pastor y de servicio generoso a la Iglesia”. El obispo de Roma “le asegura un recuerdo en sus oraciones para que el Señor le acompañe siempre en su bondad y le conceda abundancia de paz y serenidad espiritual”. El mensaje concluye encomendando al obispo emérito de Tenerife a la protección de la Virgen María e imparte la bendición apostólica.

El homenaje ha concluido con la intervención de un emocionado obispo, D. Damián, que como es habitual en su carácter puso un toque de humor, al recomendar a todos los presentes un secreto para llegar a los cien años. “Una receta que a mí me ha ido muy bien. Me ha gustado el arte, he trabajado bastante en el arte religioso y he comprobado las cornucopias, cómo las adornan. Que sepamos hacer una cornucopia para enmarcar nuestra vida. Con cuatro lados: Señor. Sí. Aquí estoy. Amén. Aleluya. Demos gracias al Señor y que lo bendigamos para siempre”.


HOMILIA DE MONS. JULIÁN RUIZ, OBISPO DE HUESCA Y DE JACA 
0) En este Viernes después de Ceniza Isaías nos advierte sobre el tipo de ayuno que agrada al Señor: “soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos”.
Israel consultaba al Señor y deseaba conocer su voluntad, como si fuese un pueblo que practicase la justicia y no descuidase el mandato de Dios. Pero, en realidad, no era así.
El profeta nos exhorta, en definitiva, a practicar las obras de misericordia que nos deben acompañar en este Año extraordinario de la Misericordia.
El Papa Francisco escribe en la Bula de convocación “Misericordiae vultus”: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina” (MV 15).
Isaías anuncia: “Entonces romperá tu luz como la aurora, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: "Aquí estoy"”.

A) Nuestra celebración tiene un triple objetivo: 1) Dar gracias a Dios por D. Damián; 2) dar gracias a Dios con D. Damián; 3) dar gracias a D. Damián.
1. Dar gracias a Dios por D. Damián
Mons. D. Damián Iguacen Borau nació en Fuencalderas, provincia de Zaragoza, y ha sido obispo de Barbastro, de Teruel y de Tenerife. Fue ordenado sacerdote del presbiterio de Huesca, por Mons. Lino Rodrigo Ruesca, el 7 de junio de 1941. Ha dedicado gran parte de su vida a impartir ejercicios espirituales en la península y las islas, en Cuba, Argentina, Brasil, Italia y Francia. Además, ha impulsado y promovido muchas iniciativas en ámbitos como la educación prematrimonial, la juventud, los enfermos, o el patrimonio cultural de la Iglesia.
Fue párroco en diversas parroquias en la diócesis de Huesca, de 1941 a 1944. Sus primeros pasos sacerdotales los dio en Ibieca, Aguas, Liesa, Panzano y Santa Cilia, en la zona de Úrbez, en Torla, Fragen, Víu. Trabajó como vicerrector del Seminario de Huesca, de 1944 a 1948. Fue consiliario de Jóvenes y Mujeres de Acción Católica entre 1950 y 1969 y párroco de San Lorenzo de Huesca, entre 1955 y 1969.
En 1969 recibió el encargo de Administrador apostólico de Huesca, y fue nombrado Obispo de Barbastro, el 11 de octubre de 1970, hasta que en 1974 fue llamado a la diócesis de Teruel. En 1984, fue nombrado obispo de Tenerife, diócesis a la que sirvió hasta el 12 de junio de 1991, cuando la Santa Sede aceptó su renuncia y pasó a ser Obispo emérito.
En la Conferencia Episcopal Española perteneció a la Comisión Episcopal de Liturgia, de 1972 a 1981. De 1984 a 1993 presidió la Comisión de Patrimonio Cultural. Entre 1975 y 1978, formó parte de la Comisión para la Vida Religiosa y volvió a formar parte de la misma de 1981 a 1984.

2. Dar gracias a Dios con D. Damián
Nos unimos a su acción de gracias personal, a su oración sacerdotal y episcopal. Nos unimos a su plegaria agradecida por tantos dones y tantos frutos.
Damos gracias a Dios con D. Damián porque el Señor se ha servido de este gran Obispo para realizar centenares de tandas de ejercicios, para acompañar espiritualmente a muchas religiosas, a obispos, sacerdotes y seglares.
Sus iniciativas en la pastoral de la salud, en los cursillos prematrimoniales, en la valoración, mantenimiento y conservación del patrimonio cultural, han sido pioneras y de gran calidad. 
            En una reciente entrevista, D. Damián ha dicho: “La Iglesia crea arte para anunciar el Evangelio porque, todo eso que nos gusta, tiene una trascendencia. No nos quedemos en lo bonito que es o en la técnica. El patrimonio nos lleva a Dios, que es la belleza.
Damos gracias a Dios con D. Damián porque podemos pasar de lo bonito a la belleza. El Papa Benedicto XVI dijo: “la belleza es prueba evidente de la fe o signo luminoso de Dios y su manifestación o epifanía” (Coloquio con los sacerdotes en la catedral de Bressanone, 6 agosto 2008). La “via pulchritudinis”, el camino de la belleza, nos lleva hacia Dios.

3. Dar gracias a D. Damián por su estilo de vida, por su coherencia, por su sencillez, por su trabajo constante y silencioso, por sus cartas sobre la Virgen María que cada año nos han acompañado en forma de felicitación navideña y como un modelo de virtudes que nos estimulan y comprometen.
“Santa María del buen humor”; “Santa María, Virgen digna de reparación” (1999); “Santa María, Virgen de las espigas”; “Santa María, Virgen intrépida”; “Santa María, Virgen del stop”; “Santa María de la vida”; “Santa María de los que buscan”; “Santa María, Virgen coronada”; “Nuestra Señora del buen conversar”, son unos cuantos títulos que D. Damián nos ha propuesto a lo largo de los años para la reflexión y la oración.
Querido D. Damián: sabemos que hubiese deseado pasar este día en la serenidad de la residencia “P. Saturnino López Novoa”, en el recogimiento de su habitación, en la soledad y el silencio, como vivo testimonio de una forma de ser y de actuar, un estilo de servir y de acoger.
Pero le pedimos el sacrificio de dejaros compartir con Vd. unas horas. Para aprender, para contemplar, para agradecer.
El Papa Francisco repite con frecuencia que los ancianos son los que nos traen la historia, nos traen la fe y nos la dan en herencia. Son los que, como el buen vino envejecen, tienen esta fuerza dentro para darnos una herencia noble. El Santo Padre afirma que un pueblo que no custodia a los ancianos, un pueblo que no respeta a los ancianos, no tiene futuro, porque ha perdido la memoria.
Al recordar las etapas de su vida, volverán a su memoria los rostros de innumerables personas, algunas de ellas particularmente queridas. En sus recuerdos, tanto de acontecimientos ordinarios como de hechos extraordinarios, de momentos alegres y de episodios marcados por el sufrimiento, vemos cómo siempre mira al pasado con gratitud. Así se hace experiencia concreta lo que San Juan Pablo II deseaba para este milenio “recordar con gratitud el pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro” (NMI 1).   

B) Queridos hermanos: el evangelio nos presenta a Jesucristo como el esposo que está con los discípulos. El simbolismo nupcial describe la peculiar relación de alianza que Dios ha realizado con su pueblo y el vínculo que Jesús establece con aquellos a quienes llama a “estar con Él” y ser sus discípulos.
            Hoy nuestra mejor ofrenda consiste en presentar nuestro corazón convertido, “quebrantado y humillado”, como dice el salmista, participando de la ofrenda de Jesucristo en la Eucaristía.
Deseamos que la luz de D. Damián sea como la aurora y que cada vez que invoque al Señor, oiga una respuesta cercana y constante: “Aquí estoy”. Damos gracias a Dios, “porque es eterna su misericordia”.

Texto: Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Huesca
Fotos: idem y Parroquia de Monzón

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