domingo, 21 de febrero de 2016

DOMINGO II DE CUARESMA: EL MONTE TABOR

1. Cuando Dios se compromete con Abram y su descendencia, se  compromete a fondo. Lo significa pasando en forma de llama de fuego por medio de las víctimas sacrificadas. Era una manera de decir que estaba dispuesto a correr la misma suerte de las víctimas si no cumplía su palabra.
2. Pero no todos los cristianos de Filipos estaban tan dispuestos a mantener su fidelidad a Cristo cuando su seguimiento comportaba la cruz. Estaban demasiado aferrados a sus intereses. Pero en su conjunto la comunidad cristiana de Filipos era formada por cristianos decididos y generosos - hermanos queridos y añorados,  que eran el gozo y la corona de san Pablo.
3. Jesús también se ha comprometido a fondo en la misión que el Padre le ha confiado. Entra de lleno en el entramado de las libertades humanas. Un entramado con sus momentos hermosos  y sus momentos amargos, con éxitos clamorosos y fracasos estridentes, con la aceptación entusiasta de muchos y con el odio  violento de otros lo rechazarán y se lo sacarán de en medio escarneciéndolo y clavándolo en la cruz.
4. Como que Pedro y sus compañeros no lo comprendían, Jesús  los invita a subir con él a la montaña del Tabor a orar y mirar la vida, el pasado, el presente y el futuro con la perspectiva que da verla desde la cumbre y a la luz de Dios. Mientras ora, a Jesús le sale en forma de luz y de gloria la divinidad que lleva dentro.
4. Se presentan Moisés y Elías. Los tres conversaban del “éxodo”, de la salida penosa de Jesús de este mundo al Padre, en Jerusalén,  hasta llegar a la  resurrección. Moisés y Elías sabían bien de qué iba, ellos que  habían experimentado su éxodo personal a través del desierto y su encuentro con Dios en la montaña de Horeb.
5. Cuando Pedro se despierta se  encuentra tan bien en el Tabor con Jesús, Moisés y Elías, que se querría retenerlos consigo para. ¡Con qué gusto dormiría al raso mientras ellos dispusieran de una tienda para cada uno!
6. De pronto la nube, símbolo de la presencia de Dios, los cubre. Pedro, Santiago y Juan  se asustaron. Presentía que su suerte y la de Jesús se fundían en una misma suerte. En este momento resuena con fuerza la voz del Padre: «Este es mi Hijo elegido; escuchadlo».  Sí, es mi Hijo tanto cuando era bautizado en el Jordán y superaba las tentaciones en el desierto como cuando pasa por todas partes haciendo el bien. Y también cuando el “premio” de su actuación es la incomprensión, el rechazo y el odio de los poderes fácticos de este mundo que se lo echan de encima como un estorbo. Escuchadlo: Él es el camino, la verdad y la vida.
7. Elías y Moisés han cumplido su misión y se retiran. Y tres discípulos se encuentran con Jesús solo. Desde ahora con Jesús  tienen bastante.
8. Miren, la misa que celebramos es un momento de encuentro con Jesús en Tabor. En ella escuchamos la voz de Moisés y los Profetas, que es una manera de denominar la Biblia. Nos hablan de Jesús. En el Evangelio es Jesús mismo quien nos habla. Y nos quedamos con Él. Incluso sentimos su presencia cuando comulgamos. Y nos sabemos hijos en el Hijo.

9.  ¡Ojalá que en la Eucaristía nos encontráramos tan bien que nos supiera mal tenernos que ir aunque sea en paz. Pero nos reincorporamos a la vida de cada día animados con el mismo Espíritu de Jesús. Él será nuestro alimento durante el camino y nos  guiará con la luz de su Palabra.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: www.primeroscristianos.com

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