domingo, 14 de febrero de 2016

DOMINGO I DE CUARESMA

1. Estamos ya en plena cuaresma como camino hacia la pascua. Un camino que empezamos con Jesús en el desierto donde él pasó un tiempo de prueba y de adaptación a la nueva vida de heraldo de la buena nueva.
Herodes ha metido en la cárcel a Juan Bautista porque no podía soportar sus reproches. Todo un presagio para Jesús que  torna su relevo. Apenas bautizado, Jesús ora intensamente y experimenta la manifestación de Dios: se abre el cielo,  baja el Espíritu en forma visible y oye la voz del Padre: Tú eres mi Hijo, muy amado, estoy muy contento de ti.
2. Jesús tenía unos 30 años y era hijo –o así se lo pensaba la gente- de José, el último eslabón de una cadena que llega hasta Adán, creado directamente por Dios. Es el árbol genealógico que trae san Lucas y que subraya la humanidad de Jesús y su vinculación a la historia humana.
3. Jesús, hasta ahora el excelente carpintero de Nazaret, se ve abocado a una misión nueva y difícil: anunciar que Dios se dispone a reinar, a intervenir para realizar en el mundo su proyecto de amor hacia los hombres, especialmente los más vulnerables y necesitados. Jesús necesita un tiempo para adaptarse y prepararse a la nueva situación. Son los cuarenta días que,  impulsado y acompañado por el Espíritu, pasará en desierto, dedicado a hacer un profundo discernimiento. Cuarenta días es un número simbólico. Recuerda los 40 años de Israel por el desierto, los 40 días de Moisés y Elías en la montaña de Horeb.
4. Jesús tiene claro el proyecto del Padre. Pero no tiene tan claro el modo de realizarlo. Puede seguir un camino fácil: decir a la gente lo que la gente quiere oír, lo que lo halaga, lo que le conviene. Estos días pasados nos proponían como el último grito del progreso y de la cultura el exceso y la transgresión. Es la tentación del facilismo seductor: lograr la felicidad a base de droga, de alcohol y del abuso de las personas. Aprobar el curso sin estudiar.  O hacer dinero fácil con mil trapicheos, escalar posiciones sociales o políticas vendiéndose el alma al diablo. Es el camino ancho que acaba en frustración y deshumanización.
5. El diablo ataca a Jesús por este flanco. ¿Eres el hijo de Dios? Luego tienes unos superpoderes que nadie tiene. Aprovéchate... No tienes por qué pasar hambre. ¿Necesitas hacerte famoso y ganar prestigio? Échate campanario abajo. Hoy le diría: Sal en la tele, echa proclamas con promesas imposibles y palabras deslumbrantes.  No tengas miedo. Los ángeles están pendientes de ti.  O bien, ¿por qué no?, hagamos un trato, le dice el diablo: yo tengo la clave de los poderes financieros, sociales, políticos y mediáticos del mundo.  Dios me los ha dado y yo los reparto a los que quiero. La condición no puede ser más sencilla: te arrodillas ante mí y todo esto será tuyo...
6. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre como uno de nosotros, viene a enseñarnos el camino para llegar a ser hombres cabales, libres y responsables, capaces de discernir y de escoger no lo que nos gusta sino lo que nos hace más personas. Un camino más bien estrecho. San Pablo habla del atleta que se somete a un entrenamiento de  años para ganar una corona que luego se marchita.
7. Jesús escogió el camino más difícil y empinado: renuncia al facilismo de un mesianismo de vuelo gallináceo. Su misión gira entorno a la libertad y a la dignidad del hombre, de todo hombre, por muy abajo que esté en la escala social: lo cual supone sufrimiento, incomprensión, generosidad, dispuesto a prestar por amor el servicio más humilde, hasta lavar los pies,
8. Durante esta cuaresma nos puede convenir acompañar a Jesús al desierto: buscar espacios de silencio, de soledad, para meditar y orar. Prestar oído atento al Espíritu Santo que desde dentro nos guía y susurra: Abbà, Padre. Eres un hijo muy amado y tienes una misión única en este mundo. El hombre no vive sólo de pan. No te expongas a situaciones límite obligando Dios a intervenir. Dios es el Señor: no te arrodilles ante nada ni nadie. Dios  es el garante de tu dignidad y de tu libertad.
9. No olvidemos que toda la vida es un banco de pruebas, como la de Jesús. Siempre deberemos superar la tentación del facilismo, de hacer sin sentido crítico lo que todo el mundo hace, de renunciar o disimular nuestra condición de cristianos. Tenemos el ejemplo de Jesús. En la cruz sufrirá la tentación suprema y a la vez experimentará el mayor amor del Padre expresado en la resurrección.

Texto: J. Sidera cmf
Fotos: varios por Cultura y Fe hoy

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