jueves, 31 de diciembre de 2015

SANTA MARIA, MADRE DE DIOS

1. El año nuevo se abre con una bendición solemne. Que Dios nos mire con una mirada clara, luminosa, y nos otorgue el don de la paz,  la prosperidad, la buena armonía. También yo que deseo que esta bendición solemne descienda abundosa sobre todos y cada uno de vosotros durante todos los días del año que comenzamos.

2. Hoy es también la jornada de La PAZ, el don mesiánico por  excelencia, la salvación que Jesús nos trae. Él ha hecho de todos los pueblos distintos y diferentes uno sólo, reconciliándolos entre ellos y pacificándolos con Dios. La paz es un regalo de Dios pero se también un valor humano que hay que cultivar en el plan social,  político, económico…  Es la dimensión efectiva de la convivencia humana. Un paz que descansa en cuatro pilares: la verdad, la justicia, el amor y la libertad: los cuatro pilares de la casa de la paz abierta a todo el mundo. El papa Juan Pablo II recordaba ante la guerra al  Kósovo. “Nada se pierde con la paz y todo se pierde con la guerra”. Y en la ONU el Papa Pablo VI clamó: ¡Nunca más los unos contra los otros! Si queréis ser hermanos, dejad caer de vuestras manos en tierra las armas. No es posible amar empuñando armas ofensivas. (Pablo VI a la ONU 4-10-1965) No hay paz sin justicia y sin libertad. Hay que ser muy valiente para promover estos valores.

3. Es curioso que a principios de año y en la jornada mundial de la Paz, la Iglesia nos ponga ante los ojos a la persona de Santa María, la Madre del Señor... La encontramos en Belén con José y el Niño acostado en el pesebre. Están también los pastores atónitos viendo al Mesías y Señor a su mismo nivel, a ras de tierra. José circuncida al Niño y le pone el nombre de Jesús, Dios Salvador y lo inscribe oficialmente en el pueblo de Israel. Será Emmanuel, Dios con nosotros. María no acababa de comprender todo el que ocurría a su alrededor. Pero observaba atentamente y lo guardaba todo en su corazón.
4.  Al empezar el año, san Pablo nos recuerda que Dios envió a su Hijo  nacido de mujer y sometido a la  Ley y hecho uno de nosotros para enseñarnos a vivir como hijos libres y no como esclavos. A vivir de dentro afuera, practicando el bien como una exigencia de lo que somos como hijos de Dios y hermanos, y no como exigencia de leyes o estructuras impuestas desde fuera. El Padre del cielo nos ha infundido su Espíritu que dentro de nosotros clama: ABBÀ, Padre. Nos enseña el Padre Nuestro como una plegaria y como un programa de vida. Un programa que san Pablo reducía a tres palabras: Sobriamente, ecológicamente, respetando la naturaleza. Con justicia: respetando los derechos de los otros como hijos que son de Dios y hermanos nuestros. Y con piedad: respetando los derechos de Dios, nuestro Padre que nos ama, nos perdona y nos enseña a perdonar. Un buen programa por el año de la misericordia que estamos viviendo los cristianos.

5. Para concedernos a su Hijo, el Padre contó con la generosidad, sencillez y decisión de Santa María. La obra más importante de todos los siglos Dios la confió a una mujer. Dios esperó su consentimiento: Aquí me tenéis, Señor.  Y el Espíritu Santo formó en ella al Hijo de Dios hecho hombre, Jesús. María es un modelo para nosotros. Dios cuenta con nosotros como contó con María. Y el Espíritu, que en nosotros clama Abbà Padre, también formará a Jesús en la Iglesia y en nosotros si encuentra la misma actitud generosa de María. Espíritu Santo que formaste a Jesús en María forma a Jesús en nosotros.

FELIZ AÑO NUEVO.




Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe hoy

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