viernes, 18 de diciembre de 2015

PUERTAS HERIDAS

Los profetas, entonces, y ahora, son personas de ojos abiertos capaces de ver no tanto lo que está por venir cuanto de interpretar con inusitada lucidez lo que ya ha venido y lo que ahora sucede. Hay un texto denso del profeta Isaías, -hay que irse muy atrás, siglo VIII antes de Cristo-, en el que dándose cuenta del fracaso de su pueblo por haber olvidado la ley de Dios y cometido injusticias, dice que “en la ciudad quedan sólo escombros y la puerta herida de ruina”. Glosando el texto interpreto la puerta como el alma de cada uno y lo de la ruina lo explico, en este momento, como consecuencia de la rutina, es decir, del no ver mas allá, del haberse acostumbrado a lo esencial y del vivir sin saber que se vive ni por qué se vive y esto es ya una ruina para el alma.


Los poetas, que es otro modo de ser profetas, hablan con las cosas y dicen que una máquina tiene corazón, que un pedazo de mármol tiene aliento y que una flor, por supuesto, tiene el alma blanca. La poesía es tan creativa que no puede caer en la rutina. Acostumbrarse al misterio es una tragedia humana. Y eso pienso, ahora, cuando al volver a recordar el misterio de la encarnación de Dios y su natividad, acaecida en este mundo, siempre herido y siempre esperanzado, simplemente se recuerda, apenas se celebra, y nos repetimos cansinamente frases huecas aunque, en si mismas, sus palabras estén llenas de fiesta.

La encarnación de Dios y su nacimiento, que Dios tome carne humana y así haya un hombre que al mismo tiempo es Dios, y que ese hombre Dios quiera salvar al hombre y hacerlo dios, sólo se puede decir con temblor profundo de alma y con lágrimas de agradecimiento. Lo demás, sí, pero menos. Navidad no es un aniversario, menos aún un día del calendario, por supuesto que no unas luces de invierno y, de ninguna manera, nada externo que no llegue a convertir el adentro de las personas. El profeta Isaías tenía razón.  Conviene estar atentos a la puerta del alma. Puede estar herida de rutina y de ruina.  

Texto: J. M. Ferrer
Foto: archivo Cultura y Fe Hoy

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