sábado, 26 de diciembre de 2015

NAVIDAD Y MISERICORDIA

Si no le gusta este título… ¡es que no hay otro! La Navidad se puede titular como uno quiera… pero no conviene hacer fábulas de la realidad. Y la realidad es, afortunadamente, aquí hay que decir sin ningún acomplejamiento, ¡gracias a Dios!, la que es: pura y gratuita misericordia.

La verdad de la Navidad es la Encarnación, hacerse carne humana, Dios. Y esto es un misterio de misericordia. ¿Por qué otra razón pudo tomar Dios carne humana? ¿El que está en lo más alto puede llegarse a lo más bajo por otra razón distinta que la razón del amor?  Poner motivos distintos a la misericordia en la Navidad es, al menos, tan inexacto, por decir algo, como querer presentar el amor hablando de dinero. ¿Y qué hay que hacer ante la misericordia?: asombrarse primero y, segundo, agradecer. ¿Se parece esto en algo a algunos, al menos, eslóganes publicitarios de la  Navidad? Pero punto y seguido. El asombro y el agradecimiento promueven la oración hacia dentro y el compromiso hacia fuera. ¿Ustedes creen que la Navidad de las afueras de Belén, la que fue de verdad, se puede recordar, o mejor, revivir, sin rezar y sin tener misericordia con los que están con uno, esté donde esté, uno, y estén como estén, los otros? Algunos se han atrevido, en la Navidad de este año, ¡qué osadía!, a “colar”, en medio de otros colores de fácil propaganda, imágenes de campos de refugiados, de niños solos y hambrientos de amor y de pan, de casas destruidas y de pueblos que lloran todas las ausencias.
Punto y aparte. No se puede robar nada. Así que muy mal si nos roban la Navidad. Robar es cambiar el nombre, ocultar “belenes”, escribir christmas con textos que nada de nada de la verdad de la Navidad, secularizar o desnaturalizar lo que es, pura y simplemente, y, ¡gracias a Dios, religioso y sobrenatural, etc. etc.
Punto final. Feliz Navidad… de la verdadera. 


Texto: J. M. Ferrer
Fotos: Cultura y Fe hoy

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