domingo, 27 de diciembre de 2015

LA SAGRADA FAMILIA

1. Jesús quiso prescindir de muchas cosas al hacerse uno de nosotros. Pero no quiso prescindir del  calor,  del amor, del ambiente familiar donde aprendió a vivir, a rezar, a trabajar, a callar, a pensar, a hacerse hombre preparado para la gran misión que tenía confiada. Un hogar donde Jesús, bajo la atenta mirada de José y María,  iba creciendo en sabiduría y gracia ante Dios y ante la gente.
2. Para hablar hoy de la Sagrada Familia permítanme que aproveche unas palabras del papa Francisco en una homilía en que  reflexiona sobre ella a partir del acróstico o de cada letra de la palabra FAMILIA.

F. La familia tiene una misión: Formar las generaciones nuevas en el amor auténtico, serio y profundo, no como cosa de usar y tirar. El amor auténtico, fecundo y perpetuo es el camino privilegiado para salir de sí mismo y abrirse al otro, para superar la soledad, para buscar y vivir la voluntad de Dios. El matrimonio es el “espacio” en que se expresa como en ninguna parte el amor divino. La vida, toda vida, es sagrada; y la unidad y la  indisolubilidad del matrimonio son una señal de la gracia de Dios y de la capacidad humana de estimar profundamente.

A. Ir hacia los demás: una Iglesia encerrada en sí misma es una Iglesia muerta; una Iglesia que no sale de sus murallas para buscar, acoger y conducir a las personas hacia Cristo es una Iglesia que traiciona su misión y su vocación. Y lo mismo podemos decir de una familia cristiana abierta, acogedora,  transmisora del conocimiento y del amor de Jesucristo.

M. Manifestar y difundir la misericordia de Dios a las familias necesitadas, a las personas abandonadas, a los ancianos arrinconados, a los hijos desorientados por la separación de los padres, a las familias que luchan para apenas sobrevivir, a los  pecadores que llaman a nuestra  puerta y a los alejados, a los que se sienten heridos de cuerpo y alma, a las parejas laceradas por el dolor, la enfermedad, la muerte o la persecución. Un campo inmenso abierto a la bondad y a la misericordia y que por fortuna tantas familias tienen en cuenta.

I.  Iluminar las conciencias, a menudo atacadas por dinámicas perversas y sutiles, que pretenden ocupar el lugar que corresponde a Dios Creador. Hay que desenmascararlas, esas dinámicas y combatirlas en cuanto ofenden la dignidad del matrimonio y de las personas.

Aquí la ortografía italiana nos hace una mala jugada, porque expresa el dígrafo elle con tres letras: Gli . Por esto el acróstico contiene las letras  g, l y la i.  Famiglia. Continúa pues el Papa:
G. Ganar y rehacer la confianza en la Iglesia, seriamente maltrecha por el comportamiento y por los pecados de sus hijos. Los escándalos cometidos por algunos clérigos han  debilitado la credibilidad  de la Iglesia y han oscurecido su mensaje salvador. 

L. “ Laborar”, trabajar eficazmente para sostener y alentar a las familias sanas y fieles, a las familias numerosas que a pesar de la fatiga del día a día continúan dando un testimonio de fidelidad a la enseñanza de Jesús y de la Iglesia.

I. Idear,  inventar una nueva manera de formar la familia basada en el evangelio y respetuosa con las diversidades culturales. Que transmita la Buena Nueva con un lenguaje positivo, inteligible y optimista. Que aparte de los jóvenes y no tan jóvenes, el miedo de asumir compromisos definitivos. Que  tenga en cuenta especialmente a los hijos que son las víctimas inocentes de las tensiones y peleas familiares. Que la preparación al sacramento del matrimonio no tienda a salvar las apariencias y los formalismos, sino que  se ocupe sobre todo de educar a los novios para asumir un compromiso de toda la vida.

A.  Amar, amar sin condiciones a todas las familias y especialmente a las que pasan momentos difíciles. Ninguna familia debería sentirse sola o excluida del amor o del abrazo de la Iglesia. El verdadero escándalo es el miedo de amar y de expresar concretamente este  amor.

Para terminar recordemos los consejos que san Pablo  daba a los cristianos de  Colosas: Sois elegidos de Dios, miembros de su pueblo y tiernamente amados. Vestíos pues de misericordia entrañable, de afabilidad, de humildad, de dulzura, de paciencia.  Sobrellevaos mutuamente y perdonaos con la misma generosidad con que el Señor os ha perdonado. Y por encima de todo esto, poned el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.  ¡Y sed muy agradecidos!


Texto: J. Sidera cmf
Foto: familiasinvencibles.org

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