domingo, 20 de diciembre de 2015

DOMINGO IV DE ADVIENTO DE 2015

1. No sé como tienen el Belén en su casa ni el tiempo que  le dedican a montarlo. Los pesebristas dedican a ello días, semanas y meses. Pero quien más tiempo ha dedicado a montar el primer Pesebre es el Padre Celestial. Ya en el siglo VIII antes de Cristo nombra el pueblecito tan pequeño donde nacerá el Hijo,   Belén. Y el hijo que la madre tendrá allí será el buen Pastor que reunirá el Israel disperso  y velará para que viva en paz. Él será la Paz.
2. Si en el Belén  ponemos el templo de Jerusalén, no  veremos ningún sacrificio ni holocausto, porque el Hijo que la madre traerá al mundo, los sustituirá con su entrega personal. Y así, cuando no sepamos qué hemos que hacer o dar para tener contento al Señor, le presentaremos lo que somos,  nuestra entrega personal. Maria lo entendió muy bien: Soy la esclava del Señor. Hágase en mí según su palabra.
3. En el Belén  pondremos a José, y a los ángeles, y a los pastores y al anciano con su pipa o a la buena mujer tendiendo la ropa o al pastor apacentando a sus ovejas, y los ríos de papel de plata y las montañas de corcho. Y a lo lejos, a los magos ensillando los camellos para el largo viaje.  Y el buey y la mula que nos recuerdan las palabras de  Isaías: El buey conoce su amo y el asno el pesebre de su señor, pero Israel no me conoce. Son más  listos que Israel y la gente de Belén y muchos contemporáneos nuestros que no reconocen al Señor.
4. Si  queremos poner a Maria en el Belén, no la busquemos hoy en Nazaret.  Mirad cómo anda a toda prisa hacia la montaña.  Ella, la llena  de gracia y  sierva del Señor, corre a ayudar su  parienta Elisabet. Compartirá con ella la alegría de la maternidad y la acompañará en los pequeños servicios que tantas mujeres prestan a las futuras madres.
5. Un día el rey David trasladaba a su palacio el arca de la alianza  -que representaba la presencia de Dios en medio del pueblo . David y toda la gente la acompañaba  cantando y bailando. Pero un incidente lo perturbó y dijo: Cómo queréis que venga a mi casa el arca de mi Señor?  El arca pasó tres meses en casa de  Obededom, que experimentó todas las bendiciones de Dios.
6. Para el evangelista santo Lucas, la visita de Maria a Elisabet actualiza la historia de David. Para él, el signo de la presencia de Dios no es una arca, sino una persona. Maria es el arca de la nueva alianza. Elisabet siente cómo el niño que espera salta de alegría en su vientre. Y se ve llena del Espíritu Santo y saluda a María: Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres. Dios ha bendecido tu Hijo. ¿Y quién soy yo porque la madre de mi Señor venga a visitarme?  Jamás se ha dicho ni se dirá nada más grande de Maria que lo que dice Elisabet:  ¡La Madre de mi Señor, la madre de Dios! Y la proclama dichosa porque ha creído. ¡Madre de Dios  y la creyente.  ¡Dichosa tú que has creído! Con su fe humilde y generosa María se puso a disposición del Señor Dios.
7. Maria alaba al Señor porque, siendo Él tan grande, se ha dignado mirar la pequeñez de su  sierva y se ha complacido en aquella muchacha tan sencilla y tan pobre de Nazaret. Por esto todos la proclamamos bienaventurada.
8.  Maria pasó tres meses en casa de Isabel y la llenó de alegría: se alegró Isabel, se alegró  Zacarías, el padre que se había quedado mudo, y todo el vecindario se alegró.
9. Si nos fijamos en Maria como “la Madre del Señor”, nos parecerá muy lejana. Pero hay un rasgo que nos la aproxima: es la creyente, la mujer de fe. ¿Y saben qué dice Jesús? El que escucha la Palabra de Dios y la practica ¡¡¡es mi hermano, mi hermana y mi madre!!! La fe nos hace portadores de Jesús cómo lo fue María.
10. Espíritu Santo que formaste a Jesús en Maria, ¡forma a Jesús en cada uno de nosotros! ¡Qué  adviento más provechoso y qué Navidad más maravillosa si con fe alegre, servicial y humilde como la de Maria, hacemos presente a Jesús en nuestro mundo. Nosotros formamos parte del gran Belén viviente que es la Iglesia.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe Hoy

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